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Viernes, 18 de Abril de 2008

Vida de Siddhattha Gotama

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Este libro relata los acontecimientos más importantes de la vida del Buda histórico. Empieza con los hechos que acompañaron su nacimiento, pasando luego a los cuatro encuentros que influyeron en su gran renuncia y la búsqueda del despertar, seguida por su largo ministerio de 45 años. Termina con el paso del Buda al Parinibbana. Mientras que los acontecimientos relacionados con su nacimiento, niñez y juventud tienen más bien un carácter legendario, el periodo comprendido entre su Iluminación y muerte (el Parinibbana) tiene más respaldo histórico.

Por Anton Baron

anton1Si bien la historicidad del Buda no deja lugar a dudas, muchos de los acontecimientos relacionados con su vida y obra son muy inciertos, otros semi-legendarios y algunos, directamente mitológicos. Sin embargo, el propósito de este capítulo no es un estudio historiográfico del fundador del budismo sino más bien la descripción del trasfondo cultural y religioso del budismo para una mejor comprensión de sus principales enseñanzas. Esto nos permite, presentar al lector una historia simple, no exenta de aquel toque mitológico, de la vida y obra de Siddhattha Gotama que opera en la imaginería popular budista. Todos los datos, tanto históricos como legendarios, dibujan un perfil de una persona noble, que supo, mediante sus propios esfuerzos, rechazar los lujos y placeres de su privilegiada posición social y escoger un sacrificado camino hacia la liberación personal y proponer uno igual para todos los demás seres sintientes [1].

El nacimiento

El fundador del budismo, conocido como Siddhattha Gotama (en sánscrito, Siddhartha Gautama), vivió hace aproximadamente 2.500 años. Su padre, Suddhodana, fue el gobernante de un pequeño reino de los Sakyas en Kapilavatthu, un lugar ubicado a los pies de Himalayas que hoy en día se puede ubicar dentro de Nepal, cerca de su frontera con la India. Los estudiosos calculan que la vida del Buda transcurriría entre el año 563 y 483 antes de Cristo.

La madre del Buda fue la bella princesa Mahamaya, la cual, según la leyenda, una noche de luna llena, mientras dormía en su palacio tuvo un sueño premonitorio: He aquí que cuatro devas la trasladaron de forma súbita al lago de Anotatta, cerca de las Himalayas, donde primero fue bañada en sus cristalinas aguas, para luego ser vestida con esplendorosas ropas celestiales. Una vez sucedido esto, la princesa fue ungida con perfumes y adornada con divinas flores. De pronto, apareció en la escena un elefante blanco con una flor de loto igualmente blanca en su trompa y, dando tres vueltas alrededor de Mahamaya, desapareció repentinamente.

Kapilavatthu, (hoy Lumbini, Nepal), lugar del nacimiento de Buda y
sitio de los intensos trabajos arqueológicos.
Lumbini fue declarado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.
Fuente de la imagen: Wikipedia

Cuando la princesa despertó y, al día siguiente, compartió su sueño con el rey Suddhodana, se empezó a buscar alguna interpretación de la llamativa visión onírica. La explicación que la pareja real recibió por parte de los sabios brahmanes fue, sin embargo, tajante y clara: los devas eligieron a la princesa Mahamaya para que diera a luz a un gran, puro y noble ser. Efectivamente, de acuerdo a esta premonición, unos diez meses más tarde, la princesa dio a luz a un niño. De esta manera nació en Kapilavatthu el príncipe Siddhattha, conocido luego como el Buda.

Cinco días después de su nacimiento, los mismos sabios brahmanes declararon que el pequeño niño podría convertirse en un monarca universal si se dignara a gobernar el mundo, pero también existía la posibilidad de que se convirtiera en un perfecto iluminado si es que algún día renunciara a las glorias mundanas y a los placeres sensuales. La princesa Mahamaya, la madre del niño, murió siete días después de haber dado a luz, y el pequeño príncipe, a partir de este momento, fue criado por la hermana menor de su madre, la otra princesa de nombre Pajapati Gotama. El rey Suddhodana no escatimó esfuerzos y recursos para garantizar a su hijo una educación excelente en todo tipo de ciencias y artes.

Los cuatro encuentros 

El joven Siddhattha creció rodeado de lujos y abundancia de bienes materiales, separado prácticamente por completo del mundo exterior. Esta situación se debió al temor paterno sobre una eventual renuncia de su hijo a los privilegios mundanos, profetizada por los brahmanes. El rey Suddhodana, deseoso de criar un sucesor suyo, casó a su hijo con una bella princesa de nombre Yasodara. Les regaló además tres palacios en los cuales la joven pareja pasaba las diferentes temporadas. El propósito principal del rey padre fue el de rodear a Siddhattha de toda clase de confort para, de esta manera, evitar que el joven príncipe tuviera alguna experiencia del sufrimiento y de penas que existían en el mundo exterior. Fue así como Gotama pasó los primeros veintinueve años de su vida en toda clase de lujos y placeres, pero gradualmente, la verdad sobre el nacimiento, el envejecimiento y la muerte le iba a ser revelada, junto con el triste principio, según el cual los placeres de este mundo tan sólo serían preludios de las futuras penas. Todo ocurrió mediante los cuatro inolvidables encuentros que marcarían para siempre su destino.

En la primera ocasión, mientras paseaba en su carro por los jardines reales, Gotama divisó una escena que antes jamás se había imaginado. He aquí, un hombre muy avanzado en edad, debilitado en este su último estado de vejez, con un lastimero llanto y con una voz moribunda, apenas perceptible, se dirigía a él con estas palabras: "¡Ayúdame maestro! ¡Levántame, por favor, porque en caso contrario moriré aquí abandonado y sólo, antes de que pueda llegar a mi casa!". Gotama, asombrado de lo que estaba viendo, empezó a indagar a su primo, el cual hacía a la vez del conductor del carruaje: "Dime Channa ¿Es esta persona un ser humano de veras? ¿Por qué su cuerpo está tan curvado? ¿Por qué tiembla tanto? ¿Por qué su cabello es canoso y gris, y no negro como el mío? ¿Qué pasa con sus ojos: por qué tiene nublada la vista? ¿Dónde están sus dientes? ¿Es así como nacen algunos? Respóndeme, buen Channa, ¿qué significa todo esto?"

Entonces, Channa contó al príncipe que el sujeto que se encontraba en tan miserable estado era un hombre viejo, y que el mismo no nació así, sino que envejeció: "cuando era joven se parecía a todos nosotros; es más: cualquiera que viva en este mundo lo suficiente, llegará a ser como él". Este fue el primer verdadero shock que afectó la mente del príncipe Siddhattha profundamente, pero no fue el último.

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Los cuadros, provenientes del famoso poema épico “Light of Asia” (La Luz de Asia) de Sir Edwin Arnold, ilustran los encuentros del Buda con los llamados "Tres Mensajeros Divinos": la vejez, la enfermedad y la muerte.

En la segunda oportunidad, cuando visitó la ciudad en compañía de su primo, Gotama encontró a un hombre postrado en la calle con todo su cuerpo retorcido, sosteniendo su estómago con ambas manos, llorando y gritando de dolor. El enfermo, lejos de responder al interrogatorio del príncipe, seguía lamentando y gimiendo. "¿Qué le pasa a este hombre? -preguntó Siddhattha a Channa- ¿Por qué no me responde?". "Oh, mi príncipe -contestó el primo- el hombre al que tienes en frente está enfermo, su sangre está envenenada y padece de fiebre, la cual está quemando todo su cuerpo. Es por eso que está llorando sin poder contestar tus preguntas".

En una tercera ocasión, Siddhattha vio un grupo de familiares, los cuales con clamorosas lamentaciones, llevaban en sus hombros el cadáver de un querido pariente suyo para luego, cremarlo. El cuerpo sin vida pareció al príncipe como algo más extraño aún: “¿Por qué este hombre yace así como una piedra, sin moverse ni pronunciar palabra alguna?”, se preguntaba. Pero su asombro aumentó cuando repentinamente la muchedumbre paró frente a una pila fúnebre, a la cual, una vez prendido el fuego, se echó el cadáver del difunto. "¿Qué es esto Channa? exclamó Siddhattha. ¿Por qué este hombre que no se movía fue lanzado a las llamas? ¿Será que no tiene conocimiento alguno de lo que está pasando?" "Él está muerto", respondió Channa. "¡¿Muerto?! Channa, ¿Qué quiere decir, muerto?" "Sí, mi querido príncipe -contestó Channa- Todos los seres vivos algún día tendrán que morir y nadie puede detener este proceso". De esta manera el Príncipe, según la leyenda, “descubrió” que en este mundo, a parte de la vejez habían también enfermedades y muerte.

Mediante estos tres dolorosos encuentros Gotama comprendió también la verdad sobre la universalidad del dolor humano y empezó a tener un fuerte deseo de encontrar alguna explicación sobre este mal: ¿cuál es el origen de este sufrimiento del cual nadie puede escaparse? ¿existe alguna panacea para apaciguarlo? Y si es así, ¿en qué consiste?

Después de unos días angustiosos, producto de las inesperadas experiencias, el príncipe Gotama visitó la ciudad por cuarta vez. En esta oportunidad, al dirigirse al parque, vio a un sujeto alegre, que parecía estar sereno y contento, pero vestido pobremente de solo una toga de color naranja. "¿Quién es este hombre vestido de la toga anaranjada? -preguntó a Channa- ¿Por qué tiene su cabeza rapada y cuál es la razón de esta apariencia de felicidad que tiene reflejada en su rostro? ¿De qué manera se gana el sustento?", seguía preguntando. "Él es un monje -respondió Channa- Vive en el templo o, a veces, en el bosque y recorre las casas en busca de alimentos, mendigando. Mientras camina de un lugar a otro se ocupa de enseñar a la gente la manera de cómo sentirse bien y estar contentos consigo mismo". El príncipe, al escuchar estas explicaciones, de repente se sintió reconfortado y risueño, pensando en sus adentros: "Sería bueno, entonces, que yo también alguna vez me convirtiera en un personaje parecido a este monje".

La gran renuncia

Cuenta la historia que, un poco después de haber experimentado los cuatro mencionados encuentros, en el silencio de una noche de luna llena del mes de asalha (correspondiente al mes de julio) unos súbitos y sombríos pensamientos asaltaron la mente de Gotama: "la juventud, la flor de la vida culmina en la vejez y los sentidos del hombre le fallan justo cuando más los necesita. Personas que en un tiempo fueron semejantes a unos fuertes e inconmovibles robles, pierden de repente su vigor y salud, mientras que la dolencia y la enfermedad sigilosamente entran en sus cuerpos. Finalmente aparece la muerte que, repentina y a veces inesperadamente, pone fin a este breve lapso de tiempo que dura la vida. Ciertamente, debe haber alguna escapatoria de semejantes insatisfacciones, del envejecimiento y de la misma muerte".

Al día siguiente, se celebró una gran fiesta en el palacio: con una ostentosa cena bailable se festejaba el nacimiento del primogénito de Gotama, quien recibió el nombre de Rahula. En aquella ocasión fueron invitados los mejores bailarines y bailarinas, cantantes y músicos. El rey, constatando con preocupación el sombrío estado de ánimo de su hijo, preparó una gran celebración para distraerlo. Durante la cena se sirvieron las más deliciosas comidas, mientras que las encantadoras y bellas bailarinas divertían al público con sus danzas. Los músicos y los cantantes más sensibles acompañaron con su arte la noche y los magos más extraordinarios efectuaban unas asombrosas y estrambóticas proezas. Pero Siddhattha parecía estar cansado y pensativo, muy ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor, de modo que muy pronto decidió a retirarse a sus aposentos.

Fue entonces, esta misma noche, a la edad de los veintinueve años, cuando Gotama, desencantado de la vida real, decidió abandonarla renunciando a todo: a su hijo recién nacido, a su esposa, a la corona, al poder y a toda la gloria terrena. Acompañado por Channa, su fiel primo y servidor, en la quietud de la medianoche partió del palacio, cortándose su larga caballera, signo de la noble procedencia y, cambiando su vestido real por un simple ropaje de los ermitaños, emprendió su viaje hacia la solución del problema de la vida.

La vida de auto-mortificación

Los primeros pasos del príncipe convertido en mendigo se dirigieron hacia los grandes y famosos maestros de meditación que practicaban la concentración y llegaban a desarrollar grandes poderes mentales. Muchos de ellos habitaban en silenciosos y densos bosques y Gotama empezó a estudiar y meditar con ellos. Sin embargo, siempre se repetía la misma historia: luego de un serio y duro esfuerzo por parte de Siddhattha, cada uno de sus maestros terminaba diciendo: "Tu ya llegaste al mismo nivel que yo. Ya no hay más diferencia entre nosotros. Quédate acá en mi lugar y empieza a enseñar a mis discípulos". Pero Gotama no aceptaba estos ofrecimientos, ni estaba interesado en ser sucesor de sus maestros: las místicas experiencias le parecían insuficientes y su última meta devenía para él como algo que aún estaba lejos por ser alcanzado.

En esta época el príncipe Siddhattha llegó a ser conocido como Gotama, el Asceta, ya que durante el período de seis años se dedicó a practicar el sendero de la auto-mortificación como medio para lograr la liberación. En la India de aquel entonces existían numerosos maestros, refugiados en los bosques, quienes practicaban una extrema austeridad, frecuentes vigilias, ayunos y rigurosas disciplinas creyendo que, de esta manera, lograrían la meta última de sus esfuerzos: una auténtica liberación del sufrimiento. Gotama examinó este sendero con mucha rigurosidad y seriedad. Se cuenta que durante estos seis largos años consumía solamente unos cuantos granos de arroz por día. Su cuerpo pronto llegó a ser tan delgado que las piernas de Gotama parecían unas astillas de bambú, y con sus ojos profundamente hundidos, él mismo se asemejaba a un esqueleto viviente. El antiguo príncipe sufrió penas terribles y un hambre monstruoso, pero seguía meditando.

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Dentro del arte budista existen imágenes que recuerdan
el periodo del extremo ascetismo de Siddhattha Gotama,
rechazado luego por él como un camino improcedente.


En aquel entonces, Siddhattha experimentaba con diversas formas de torturar su cuerpo. Una de ellas consistía en mantener la respiración en los pulmones por un tiempo tan prolongado, que la misma le causaba violentos dolores en los oídos, en la cabeza y en el cuerpo entero. En numerosas oportunidades, luego de practicar semejantes "ejercicios espirituales", caía al suelo sin conciencia. Las noches de luna llena y luna nueva pasaba en vigilia meditando en los cementerios o en el bosque. En estos lugares inhóspitos y peligrosos, frecuentemente divisaba a los animales salvajes acercándose a su guarida, sin que él jamás se apartara del lugar o dejara de meditar.

Después de los seis años de prolongadas penas, sufrimientos, privaciones y dolores, Gotama llegó finalmente a la conclusión de la futilidad e inutilidad de las prácticas de auto-mortificación, ya que las mismas no le acercaban en lo más mínimo al logro de su último objetivo: "Todas estas austeridades no constituyen un camino hacia la Iluminación", culminó y dio por cerrada esta etapa de su búsqueda, abandonando la auto-tortura y el extremo ayuno.

El triunfo final y el camino medio

El fin de la experiencia ascética de Gotama tuvo lugar en un pequeño pueblo llamado Senani, en el cual el mismo aceptó la comida, que consistía de un plato de arroz con leche, de manos de una bella muchacha de nombre Sujata. La comida fue deliciosa, porque según la leyenda, Sujata alimentaba sus mil vacas con una planta especial de sabor dulce, por lo cual la leche que las mismas producían también lo era. Una vez consumido el sabroso plato, Siddhattha tomó un baño en el río, el cual significativamente, iba a ser su último baño en las siete próximas semanas, como así también, el plato de arroz con leche que acababa de comer, iba a ser su último plato de comida por este mismo lapso de tiempo. Esto se debió a que Gotama, luego de haberse alimentado y tomado el baño, se sentó en la posición de meditación con la firme resolución de no moverse de ahí hasta encontrar la respuesta definitiva a su búsqueda. Con las piernas cruzadas, sentado debajo del árbol, que desde entonces se conocería con el nombre de “Árbol de la Iluminación" o “Árbol Bodhi”, Siddhattha empezó a meditar, para llegar finalmente a su ansiada meta.

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La posición del Buda representada en esta imagen es una de las más frecuentes dentro del arte budista.
La escultura representa al Siddattha en el momento de conseguir la iluminación: la mano derecha descansa
en la rodilla derecha con los dedos en la dirección hacia la tierra.
Según la leyenda, Buda fue tentado en este momento por ´Mara´, la personificación del mal, el cual le preguntó:
“¿Quién testificará que tú realmente has alcanzado la iluminación?”.
El Buda tranquilamente tocó la tierra con los dedos y dijo: “La madre Tierra lo sabe”.
Este gesto simboliza la confianza indisputable y una firmeza absoluta en su propia experiencia que luego,
simplemente iba a ser autenticada por los hechos y la experiencia personal de cada uno de sus seguidores.

Empezó su última batalla. Se cuenta que durante la noche, en la cual llegó al supremo y último entendimiento o a la iluminación, Gotama practicó la meditación sobre la respiración: la entrada y la salida del aire (anapanasati, en el lenguaje pali). Durante la primera parte de la noche muchos inoportunos e insanos pensamientos, personificados por Mara, el maligno, atacaban su mente: deseos, ansiedades, miedos y apegos perturbaban su concentración. Pero gracias a su persistencia, en la segunda parte de la noche, en medio de la meditación percibió perspicazmente el rasgo esencial de las cosas mundanas, a saber, su impermanencia. Y en la tercera parte de su vigilia, descubrió la causa de todos los males y sufrimientos, como también la manera de liberarse de ellos: el excesivo apego a las cosas y el camino del desprendimiento, respectivamente. En otras palabras, descubrió cómo poner fin a la pena y la desdicha, al sufrimiento y la insatisfacción, a la vejez y la muerte. Descubrimiento que iba a formular luego como las Cuatro Nobles Verdades y el Óctuple Sendero hacia la liberación.

Gotama realizó su hallazgo durante la noche de la luna llena del mes de mayo, cuando tenía treinta y cinco años, lo cual significó para él la obtención del pleno y acabado conocimiento, la iluminación o el despertar de una falsa percepción del mundo. Desde este momento, nuestro protagonista ya no era más el príncipe Siddhattha, ni tampoco Gotama, el Asceta, sino que llegó a ser el Buda: el Iluminado o el Despierto.

El Buda tradujo su experiencia en una propuesta consistente en ensayar un camino hacia la liberación que él mismo denominó como el "Camino Medio". Con esta expresión quiso significar su rotundo rechazo a los dos extremos que había experimentado en su búsqueda espiritual: por un lado, la excesiva indulgencia con lo sensual, con los placeres mundanos y con lo innoble que ocasiona severos daños en la vida de la gente, pero por otro lado, también la auto-mortificación, la cual de la misma manera, carece de eficacia para conducirnos a buen puerto. Consecuentemente, sólo el Camino Medio, aquel que evita a ambos extremos, es capaz de llevar a un conocimiento que trae la calma, la realización y, finalmente, la iluminación o el despertar final: el Nibbana (nirvana, en sánscrito).

Cuarenta y cinco años de ministerio

Una vez iluminado, el Buda se dirigió al Parque de los Venados en Isipatana, un lugar de la India conocido hoy como Sarnath, cerca de Benarés, para buscar a cinco de sus amigos ascetas, los cuales escondidos dentro de una cueva seguían el camino de la auto-mortificación. Cuando los encontró, se dirigió a ellos con las siguientes palabras: "Escuchen, ascetas: He aquí que finalmente encontré el camino hacia la inmortalidad. Déjenme que se los enseñe y explique. Una vez que lo escuchen, lo aprendan y lo pongan en práctica, tal como yo lo enseño, muy pronto sabrán que es cierto. Además, lo sabrán no en alguna vida futura sino aquí y ahora, en la presente vida y también mediante su propia experiencia. De modo que ustedes descubrirán por si solos aquel estado que va más allá de la vida y de la muerte".

Los ascetas quedaron atónitos y al principio no querían creer lo que estaban escuchando. Sin embargo, el poder de convencimiento del Buda era tan grande y la nobleza que transmitía tan persuasiva que ahí mismo se convirtieron en sus primeros discípulos. El Buda les enseñó el Camino Medio, el de evitar los dos extremos de la auto-indulgencia y la auto-tortura y también compartió con ellos las Cuatro Nobles Verdades. Este primer sermón fue pronunciado por el Buda a sus cinco primeros seguidores en la noche de luna llena del mes de julio del año 589 antes de la era común, y es conocido como la "Puesta en movimiento de la Rueda de la Verdad" o el “Sermón de Benarés". También se considera, que este mismo día, en el Parque de los Venados se dio comienzo a la orden de los monjes budistas (la Sangha) ya que aquellos cinco ascetas se convertirían, luego, en los primeros monjes budistas.

A partir de este momento el Buda inició su largo ministerio que duró cuarenta y cinco años, durante los cuales recorrió, junto a sus discípulos, todos los distritos norteños de India. Siempre, sin embargo, durante los tres meses de la temporada lluviosa, los mismos acostumbraban permanecer en un sitio fijo, aprovechando este tiempo para la meditación y la enseñanza. De ahí que en los países de tradición budista hasta el día de hoy existe la costumbre de organizar retiros espirituales durante esta temporada, lo cual se asemeja, al menos externamente, a una especie de "Cuaresma budista": una época en la que se vive con mayor espíritu de austeridad, se guardan algunos preceptos especiales y se dedica más tiempo a la meditación y otros ejercicios espirituales.

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Como se puede apreciar en esta ilustración, el Buda admitió dentro de su orden religiosa tanto hombres como mujeres.
Sabemos además, que durante su ministerio enseñó a toda clase de personas sin hacer distinción alguna;
un hecho que en la tradicional, conservadora y altamente estratificada sociedad india, tuvo que tener repercusiones casi revolucionarias.

Durante su ministerio, el Buda predicó su mensaje y admitió en su orden religioso tanto a los reyes como a los desamparados, por igual a los nobles y a los siervos, a los letrados y a incultos, a hombres y mujeres. De hecho, muy pronto, una vez establecido el orden de los monjes, el Buda fundó otro, destinado especialmente a las monjas. Estaba rodeado por personas pertenecientes a todas las clases y castas sociales, lo que en la sociedad india de aquella época debería ser considerado como algo verdaderamente revolucionario. El éxito de su ministerio, medido solamente en número de sus seguidores y en la fama de su sabiduría y nobleza que lo acompañaba a dondequiera que iba, era enorme. Un conocido maestro budista de la actualidad, quien dirige una organización internacional orientada a promover un budismo socialmente comprometido, el inglés David Brazier, en su libro El nuevo budismo, explica estos extraordinarios frutos del ministerio del Buda con las siguientes palabras:

El Buda alcanzó un impacto más allá de sus propias expectativas porque estaba dispuesto vivir las implicaciones de lo que había comprendido. La completa fuerza revolucionaria de lo que él representó vino porque lo vivía -no solamente hablaba de ello. Cada paso que daba a través de la India era una demostración de que incluso alguien de una de las castas privilegiadas puede salir de su jaula dorada y convertirse en completamente humano -viviendo de forma transparente una vida basada en la compasión y no en el cálculo.

Los últimos días

Los últimos acontecimientos de la vida del Buda, los sucesos que ocurrieron cuando cumplió los ochenta años, están registrados en una de las escrituras budistas más conocidas, llamada Mahaparinibbana Sutta, que significa "Discurso sobre el Gran Paso", pero que se conoce también en el occidente con el nombre de "Los últimos días del Buda". Este Sutta contiene, en forma resumida, casi toda la gran riqueza de la enseñanza que el Buda impartió a lo largo de su ministerio: incluye sus instrucciones finales sobre cómo debería practicarse el budismo después de su muerte, recuerda sintéticamente sus principales y fundamentales lecciones y describe, en un simple y conmovedor lenguaje, el drama humano de los seguidores del Buda que fueron testigos de su dolorosa partida.

La historia cuenta, que cuando el Buda cumplió los ochenta años y sintió que sus días en este mundo estarían llegando a su fin, decidió pasarlos en un pequeño pueblo del norte de la India, llamado Kusinaga. Durante su viaje, recorrió con el grupo de sus discípulos, los diferentes pueblos, impartiendo enseñanzas sobre el futuro bienestar de la orden de los monjes y las monjas y sintetizando sus doctrinas fundamentales: los factores que llevan a la iluminación, las Cuatro Nobles Verdades, el Óctuple Sendero que lleva a la liberación, las instrucciones sobre la moralidad, la concentración y la sabiduría; todo esto, para poner fin al sufrimiento.

Cuando el Buda y sus discípulos llegaron a un lugar llamado Pava, el hijo del orfebre de este pueblo, de nombre Cunda, invitó a los ilustres huéspedes a una comida especial conocida, en el idioma pali, como sukaramaddava. Los estudios no están de acuerdo sobre si se trataba de un plato de hongos o de una comida hecha de carne de cerdo, pero lo cierto es que luego de alimentarse con el refrigerio de Pava, el Buda sufrió un repentino ataque de disentería o un cólico agudo, al cual resistió con un extremo esfuerzo, lo que debilitó mucho su ya delicada salud. En consecuencia, se decidió inmediatamente continuar el viaje hacia el destino final.

Una vez llegados a Kusinaga, el Buda, muy cansado y debilitado, pidió a uno de sus discípulos más cercanos de nombre Ananda, que le preparara un diván entre los árboles para poder recostarse. La leyenda cuenta que, gracias a la influencia de los devas, los árboles de aquel sitio florecieron fuera de la época y las flores caían sobre Buda como una señal de respeto y honra. Entonces el Buda dirigió estas significativas palabras a su discípulo: “Ananda, en esta gran sala de árboles hay una lluvia de flores sobre mi como muestra de respeto. Pero ésta no es la forma de cómo se debería respetarme u honrarme. Preferiría, que los monjes y las monjas, los hombres y las mujeres seglares que son mis seguidores, vivieran de acuerdo con mis enseñanzas; ésta sería la mejor forma de honrarme y respetarme”.

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“Parinibbana”: el paso del Buda al Nibbana Final es uno de los motivos
más frecuentes de la imaginería budista tradicional.


Después de esto, el Buda comunicó a Ananda que esta misma noche pasaría al nibbana definitivo y que el mismo Ananda pronto se liberaría de todos sus males y también alcanzaría la condición de arahant (completamente liberado).

Cuando la gente del pueblo de Kusinaga se enteró que el Buda estaba gravemente enfermo y a punto de dar por terminada su vida, arribó en masa al lugar en el cual el mismo se encontraba para rendirle homenaje y despedirse de él para siempre. Pero antes que esto sucediera, la historia cuenta que un cierto asceta mendigante llamado Subhadda el cual, teniendo la información, según la cual el Buda se encontraba en este lugar, quiso verlo y, una vez estando frente a su lecho, le hizo la siguiente pregunta: “Oh Gotama, he aquí que existen muchos famosos maestros religiosos quienes enseñan doctrinas diferentes de las que tu impartes. Siendo así, ¿es posible que ellos también pudieron haber llegado a descubrir la verdad, tal como lo revindican? ¿O, quizá solo algunos de ellos la descubrieron, mientras que los otros no?”

Ya es suficiente, Subhadda -le interrumpió el Buda- La verdad que no debería preocuparte lo que los otros maestros enseñan. Cualquier doctrina que no tiene en cuenta la enseñanza sobre el Noble Óctuple Sendero que lleva a la liberación, tampoco llevará a la santidad y liberación. Pero las doctrinas que enseñan dicho Sendero, llevarán a las personas a alcanzar la liberación (a ser los arahants). En esta mi enseñanza, Oh Subhadda, se encuentra el Noble Óctuple Sendero y también entonces, los arahants pueden ser hallados entre nosotros (Mahaparinibbana Sutta).

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Stupa, es una de las construcciones sagradas budistas más significativas. Es una especie de tumba o monumento.
Se cuenta que cuando los monjes preguntaron al Buda sobre qué deberían hacer con su cuerpo después de su muerte,
éste no contestando nada, sólo tomó su tazón de comer y lo colocó al revés, de manera tal que su fondo quedó hacia arriba.
Puesto de esta forma, el tazón se asemejó a una especie de tumba o sepulcro que se acostumbraba construir en esta época.
Los discípulos entendieron, entonces, que algo parecido debería hacerse con el cuerpo de su maestro.
De ahí que, una vez cremado el cuerpo del Buda, sus cenizas fueron compartidas entre ocho Stupas.

Se cuenta que luego de haber escuchado al Buda, Subhadda pidió ser admitido al orden de los monjes, algo que le fue concedido y pronto, a través de mucha diligencia y esfuerzo, ha alcanzado el estado de Iluminación.

Finalmente, el Buda se dirigió a sus discípulos con estas palabras: “Si alguien de ustedes tiene alguna duda sobre el Buda, su enseñanza o sobre la orden de los monjes, pregúnteme ahora mientras todavía estoy con ustedes, para que luego no tenga que lamentarse”. Pero resultó que ninguno de los monjes pronunció una sola palabra. Por más que el Buda se hubo dirigido dos veces más con la misma pregunta, los monjes permanecieron en silencio. “Quizá, esto se deba al respeto que tienen Ustedes hacia su maestro, y es por eso que no hacen preguntas -dijo el Buda- Seamos, entonces amigos, oh monjes; díganlo como si fuera de un amigo a otro”. Pero aún así, ningún monje había expresado duda alguna.

En esta oportunidad, Ananda respondió en nombre de toda la comunidad: “¡Esto es maravilloso! ¡Realmente sorprendente! Yo creo que entre toda esta compañía de los monjes no hay ni uno solo que tenga duda alguna sobre el Buda, sobre su enseñanza o sobre el orden de los monjes”. “Ya lo sé Ananda" -respondió el Buda- que entre todos estos quinientos monjes congregados en este lugar no hay ni uno solo que no haya progresado espiritualmente y que no estuviera destinado a obtener la iluminación”. Luego, el Buda una vez más se dirigió a sus monjes y pronunció estas sus últimas palabras: “Presten atención, oh monjes, este es mi último consejo que les doy: dado que todas las cosas de este mundo están sujetas a cambio y no son duraderas, trabajen arduamente para ganar su liberación”.

Después de haber pronunciado estas palabras, el Buda entró en un profundo estado de meditación y falleció o, según la tradición budista, pasó al perfecto estado de Nibbana. Este hecho ocurrió en una noche de luna llena del mes de mayo del año 483 antes de la era común. Este mes, según el antiguo calendario de la India, se llamaba Vesak y es por esto, que la tradicional celebración que los budistas realizan cada año durante esta fecha, lleva este mismo nombre.

Bibliografía

LOS SUTTAS CITADOS

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“Phases of the Clinging Aggregates” en The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the Samyutta Nikaya (2000) Trad. Bhikkhu Bodhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 895-897.

“Potthapada Sutta: About Potthapada. States of Consciousness” en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya (1995) Trad. Maurice Walshe. Boston, Wisdom Publication. Págs. 159-170

“Satipatthana Sutta: The Foundations of Mindfulness” en The Middle Length Discourses of the Buddha: A Translation of the Majjhima Nikaya (2001) Trad. Bhikkhu Ñanamoli y Bhikkhu Boddhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 145-155.

“Setting in Motion the Wheel of the Dhamma” en The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the Samyutta Nikaya (2000) Trad. Bhikkhu Bodhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 1843-1847.

“The Book of the Aggregates (Khandhavagga)” en The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the Samyutta Nikaya (2000) Trad. Bhikkhu Bodhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 825-1105.

“The Characteristic of Nonself” en The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the Samyutta Nikaya (2000) Trad. Bhikkhu Bodhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 901-903.

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OTRAS FUENTES

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NOTA:

[1] Este es el primer capítulo del libro, cuya referencia de la versión impresa es la siguiente: Baron, A. (2009). El camino de Buda hacia la liberación. Parte I: Vida y enseñanza de Buda. Las principales corrientes budistas. Asunción, Paraguay: Editora Vazpi.

Última modificación el Martes, 06 de Septiembre de 2016
Anton Baron

Anton Baron

Anton Baron (1.957 - ). Filósofo, teólogo y educador de origen polaco radicado en Paraguay desde hace veinte años. Autor del libro "El camino de Buda hacia la liberación" (2006) y otros libros de temáticas diversas.

Es miembro de la Pali Text Society. Fundador y responsable de los contenidos de Bosque Theravada.

Ver la biografía de Anton Baron y sus artículos publicados en Bosque Theravada.


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