Bosque Theravada

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Viernes, 19 de Septiembre de 2008

MN 55 {10M.1.5} Jivaka Sutta - A Jivaka

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El Buda explica la regulación que impuso concerniente al consumo de la carne y defiende a sus discípulos en contra de los injustos ataques.

[Leer en pali]

[1] {51} Esto he escuchado:

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando en la Arboleda de los Mangos de Jivaka Komarabhacca, cerca de Rajagaha.

[2] Entonces, Jivaka Komarabhacca se acercó al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo:

[3] "He escuchado esto, venerable señor: 'se sacrifican a los seres vivos para el asceta Gotama; el asceta Gotama a sabiendas consume la carne de los animales que fueron sacrificados para este propósito.' Venerable señor, aquellos que dicen que se sacrifican a los seres vivos para el asceta Gotama y que el asceta Gotama a sabiendas consume la carne de los animales que fueron sacrificados para este propósito, ¿hablan lo que dijo el Bienaventurado y no lo malinterpretan con algo que fuera contrario a los hechos? ¿Lo explican ellos de acuerdo al Dhamma, de manera tal que nada censurable pueda ser legítimamente deducido de sus aseveraciones?"

[4] {52} "Jivaka, aquellos que dicen que se sacrifican a los seres vivos para el asceta Gotama y que el asceta Gotama a sabiendas consume la carne de los animales que fueron sacrificados para este propósito, no hablan lo que yo dije, sino que me malinterpretan y faltan a la verdad con algo que es contrario a los hechos.

[5] "Jivaka, yo digo que existen tres casos, en los cuales no se debería consumir la carne: cuando se vio, se escuchó o se sospecha [que el ser vivo haya sido sacrificado para uno mismo]. Yo digo que no se debería consumir la carne en esos tres casos. Pero también digo, Jivaka, que existen tres casos, en los cuales la carne puede ser consumida: cuando no se vio, no se escuchó ni se sospecha [que el ser vivo haya sido sacrificado para uno mismo]. Yo digo que se puede consumir la carne en esos tres casos [1].

[6] {53} "He aquí, Jivaka, cuando un monje vive dependiendo de cierto pueblo o ciudad, entonces mora impregnando un cuarto con la mente imbuida con el amor benevolente, al igual que el segundo cuarto, el tercero y cuarto; igualmente arriba y abajo, alrededor, por todas partes, a todo y a sí mismo; mora impregnando el mundo entero con la mente imbuida con el amor benevolente, abundante, excelso, inconmensurable, sin hostilidad y sin animadversión. Entonces, un hombre hogareño o el hijo del hombre hogareño, llega junto a él y lo invita a comer el día siguiente. El monje, lo acepta, si así lo desea. Y cuando la noche termina, por la mañana temprano se viste, toma su cuenco y el hábito exterior y va a la casa de aquel hombre hogareño o la del hijo del hombre hogareño, donde se sienta en el asiento preparado para él. Entonces, el hombre hogareño o el hijo del hombre hogareño le sirve la buena comida de las limosnas. Sin embargo, él no piensa así: '¡Qué bueno que este hombre hogareño o este hijo del hombre hogareño me sirve la buena comida de las limosnas! Ojalá, este hombre hogareño o este hijo del hombre hogareño me sirva la buena comida de las limosnas también en el futuro.' Él no piensa eso: solamente consume la comida de las limosnas sin estar atado a ella, sin ser obsesionado por ella ni dedicado completamente a ella, viendo en ella el peligro y discerniendo el escape de ella. ¿Qué opinas, Jivaka, podría aquel monje escoger en semejante coyuntura algo que ocasionara su propia aflicción, la aflicción de otros o la aflicción de ambos?"

"No, venerable señor".

"Y, ¿podría, entonces, aquel monje en semejante coyuntura hacer que esta comida no lo manchara?"

[7] "Sí, venerable señor. Yo escuché esto, venerable señor: 'el Brahma habita en el amor benevolente'. Venerable señor, el Bienaventurado es mi testigo visible de esto siendo que el Bienaventurado, habita en el amor benevolente."

"Jivaka, cualquier animadversión surgida a causa de la codicia, odio o falsa ilusión, ha sido abandonada por el Tathagata, ha sido cortada de raíces, hecha como el tronco de una palmera, el cual, echado fuera no está más sujeto a futuros surgimientos. Si lo que dijiste se refiere a eso, te lo concedo, Jivaka."

"Sí, venerable señor, me refería precisamente a eso".

[8-10] {54} "He aquí, Jivaka, cuando un monje vive dependiendo de cierto pueblo o ciudad, entonces mora impregnando un cuarto con la mente imbuida con la compasión... con la mente imbuida con la dicha altruista... con la mente imbuida con la ecuanimidad, al igual que el segundo cuarto, el tercero y cuarto; igualmente arriba y abajo, alrededor, por todas partes, a todo y a sí mismo; mora impregnando el mundo entero con la mente imbuida con la ecuanimidda, abundante, excelso, inconmensurable, sin hostilidad y sin animadversión. Entonces, un hombre hogareño o el hijo del hombre hogareño, llega junto a él y lo invita a comer el día siguiente. El monje, lo acepta, si así lo desea. Y cuando la noche termina, por la mañana temprano se viste, toma su cuenco y el hábito exterior y va a la casa de aquel hombre hogareño o la del hijo del hombre hogareño, donde se sienta en el asiento preparado para él. Entonces, el hombre hogareño o el hijo del hombre hogareño le sirve la buena comida de las limosnas. Sin embargo, él no piensa así: '¡Qué bueno que este hombre hogareño o este hijo del hombre hogareño me sirve la buena comida de las limosnas! Ojalá, este hombre hogareño o este hijo del hombre hogareño me sirva la buena comida de las limosnas también en el futuro.' Él no piensa eso: solamente consume la comida de las limosnas sin estar atado a ella, sin ser obsesionado por ella ni dedicado completamente a ella, viendo en ella el peligro y discerniendo el escape de ella. ¿Qué opinas, Jivaka, podría aquel monje escoger en semejante coyuntura algo que ocasionara su propia aflicción, la aflicción de otros o la aflicción de ambos?"

"No, venerable señor".

"Y, ¿podría, entonces, aquel monje en semejante coyuntura hacer que esta comida no lo manchara?"

[11] "Sí, venerable señor. Yo escuché esto, venerable señor: 'el Brahma habita en la ecuanimidad'. Venerable señor, el Bienaventurado es mi testigo visible de esto siendo que el Bienaventurado, habita en la ecuanimidad."

"Jivaka, cualquier animadversión surgida a causa de la codicia, odio o falsa ilusión, ha sido abandonada por el Tathagata, ha sido cortada de raíces, hecha como el tronco de una palmera, el cual, echado fuera no está más sujeto a futuros surgimientos. Si lo que dijiste se refiere a eso, te lo concedo, Jivaka."

"Sí, venerable señor, me refería precisamente a eso".

[12] {55} "Jivaka, cualquiera que sacrifica a un ser vivo para el Tathagata o para el discípulo del Tathagata, acumula muchos deméritos en cinco instancias. Cuando dice: 'id a traer aquel ser vivo', esta es la primera instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando aquel ser vivo experimenta la pena y el dolor, siendo arrastrado con el ronzal a lo largo del camino, esta es la segunda instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando dice: 'id y matad a aquel ser vivo', esta es la tercera instancia, en la que acumula muchos deméritos. Cuando, siendo sacrificado, ese ser vivo experimenta angustia y dolor, esta es la cuarta instancia, en la que acumula muchos deméritos. Y cuando ofrece el Tathagata o al discípulo del Tathagata aquella comida que no es apropiada, esta es la quinta instancia, en la que acumula muchos deméritos. Jivaka, cualquiera que sacrifica a un ser vivo para el Tathagata o para el discípulo del Tathagata, acumula muchos deméritos en esas cinco instancias."

[13] Cuando esto fue dicho, Jivaka  Komarabhacca exclamó: "¡Esto es maravilloso, venerable señor, es magnífico, venerable señor! Los monjes se mantienen a sí mismos mediante la comida apropiada. Los monjes se mantienen a sí mismos mediante la comida que no les contamina. ¡Esto es maravilloso, venerable señor, es magnífico, venerable señor! Que el Bienaventurado me recuerde de este día en adelante como a un seguidor laico que ha ido por refugio a él de por vida".



NOTA DEL BHIKKHU BODHI:

[1] Este pasaje establece claras y explícitas regulaciones sobre el consumo de carne, que el Buda dejó al Sangha. Se debería tomar nota de que el Buda no requiere de los monjes que guarden una dieta vegetariana, sino que les permite consumir la carne cuando estén confiados de que el animal en cuestión no fue sacrificado especialmente para proveerles la comida. Este tipo de carne se llama tikotiparisuddha , "puro en tres aspectos", porque no se ha visto, ni se ha oído, ni hay sospecha sobre que la carne provenga de un animal sacrificado especialmente para proveer la comida al monje. El precepto budista de abstenerse de matar seres vivos para los laicos, si bien prohíbe matar los animales para obtener la comida, no proscribe la compra de carne de los animales previamente muertos. Para ampliar el tema, ver Vin Mv Kh 6/i.237-38 y I.B. Horner, Early Buddhism and the Taking of Life, Págs. 20-26.


FUENTES:

BHIKKHU BODHI (2001) "Jivaka Sutta: To Jivaka" en The Middle Lenght Discourses of the Buda: A Translation of the Majjhima Nikaya. Boston, Wisdom Publications. Págs. 474-476.

HERMANA UPALAVANNA [en línea] Jivakasuttam: A discourse to Jeevaka the foster son of the Prince . (sin fecha)

"Jivakasuttam" en Chattha Sangayana . CD-Rom. Versión 3

"Jivakasutta" en World Tipitaka Edition http://studies.worldtipitaka.org/tipitaka/10M/1/1.5 13 de mayo de 2011


Traducido  por Upasika e Isidatta para el Bosque Theravada 2008, 2011

Edición: Isidatta

Publicación de Bosque Theravada 2008, 2011

 


Última modificación el Viernes, 25 de Marzo de 2011

Publicado enMajjhima Nikaya

Majjhima Nikaya, "Colección de los Discursos Medianos" (del pali majjhima = "mediano") consiste en 152 suttas, cuya extensión generalmente es menor en comparación con Digha Nikaya pero mayor que los suttas cortos pertenecientes a los dos nikayas siguientes. Algunos discursos de esta colección son profundos y muy difíciles de entender, mientras que otros ilustran, con historias amenas, los importantes puntos doctrinales, como por ejemplo, la ley del kamma.

1 comentario

  • Enlace al comentario Federico Martes, 18 de Octubre de 2011 Publicado por Federico

    Dice Bikkhu Bodhi —a quien respeto mucho— en su nota:

    «El precepto budista de abstenerse de matar seres vivos para los laicos, si bien prohíbe matar los animales para obtener la comida, no proscribe la compra de carne de los animales previamente muertos».

    Pero, ¿es que al comprar la carne, de animales previamente muertos, no estamos siendo partícipes del engranaje económico que comercia con la vida de los animales sacrificados? Honestamente, me parece que ésta es una visión muy ingenua para alguien que, realmente, no desea causar sufrimiento a ningún ser viviente.

    En el mercado de la oferta y la demanda, de la sociedad de hoy, el consumidor —por muy anónimo que sea— tiene marcada influencia sobre el proveedor. Con las actuales tecnologías de refrigeración, la cadena de frío y el consumo de masas, los animales sacrificados no se matan exclusivamente para Federico, Pablo o Jose, sino, justamente, para ese ‘consumidor anónimo’ que todos formamos. De esta forma, al consumir carne de ‘animales previamente muertos’ —esos exhibidos en supermercados y carnicerías—, estamos creando la demanda necesaria para que se sigan sacrificando más animales para su consumo. Dicho en buen castellano, estamos siendo la causa directa de que se maten y hagan sufrir a más seres sintientes.

    Claro, en tiempos de Gotama no existía la cadena de frío que nos permite hoy ‘despersonalizar’ el sacrificio de animales. En aquel entonces el sacrificio del animal y el consumo de su carne eran casi simultáneos. Por ello son razonables las palabras del Despierto cuando advierte al monje sobre el comer carne. Pero, obviamente, tal regla ya no es suficiente hoy en día, especialmente para el laico. No digo que sea obsoleta, sino insuficiente, que necesita actualizarse y revitalizarse con el espíritu de la enseñanza: no matar y no causar sufrimiento.

    Cada vez que compramos y comemos carne, hoy en día, debemos —como dice el sutta— ‘sospechar que el ser vivo fue sacrificado para uno mismo’, es decir, para cada uno de nosotros en nuestro papel de consumidor anónimo y eslabón de la interminable cadena oferta-demanda. No vale escudarse en la excusa que no dimos la orden al matarife, pues, como consumidores, de hecho sí lo hicimos.

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