Bosque Theravada

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Jueves, 10 de Marzo de 2011

Introducción a Udana

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Introducción de Carmen Dragonetti al Udana, el segundo libro de la Colección de Khuddaka Nikaya {Khu} — Colección de Textos Pequeños, que es la quinta y última parte de Sutta Pitaka (la Canasta de los Discursos) del Canon Pali.

Por Carmen Dragonetti

TABLA DE CONTENIDOS:

1. El Canon Pali

2. El Udana

3. El Udana como obra literaria

4. El Udana como fuente histórica

5. La vida religiosa de la época

6. Doctrinas filosóficas

 


1. El Canon Pali

El Canon Pali o Tipitaka, "Las Tres Canastas", está constituido por todas aquellas obras escritas en idioma Pali (uno de los antiguos idiomas de la India) que, según los budistas adheridos a la secta o escuela Theravada (en pali = Sthaviravada en sánscrito), contienen las enseñanzas e incluso las palabras auténticas y originales de Buda Shakyamuni, el fundador histórico del budismo (circa 540 - circa 480 a.C.). Estos budistas constituyen la religión mayoritaria de Sri Lanka, Birmania, Tailandia, Camboya, Laos.

La secta o escuela Theravada con otras sectas o escuelas, como las de los Sarvastivadins, Vatsiputriyas, etc., fueron designadas con el nombre de Hinayana por los budistas adheridos al Mahayana, la nueva forma de budismo que surgió alrededor del inicio de la Era Cristiana y que se contrapuso al Hinayana. El Mahayana prevaleció en el Tíbet, Asia Central, China, Japón, Corea. Ambas formas de budismo han coexistido y coexisten, el Hinayana, predominantemente en el Sur, Sri Lanka y Sudeste Asiático, el Mahayana, en el Norte de Asia. En la India, la patria originaria del Budismo, los budistas forman hoy sólo un grupo minoritario.

El Canon Pali quedó constituido como hoy lo tenemos en los Concilios de Rajagriha (Rajagaha en pali), poco después de la muerte de Buda en 480 a.C.; de Vaishali (Vesali en pali), un siglo después de la muerte de Buda; de Pataliputra (Pataligama en pali), bajo el reinado del emperador Ashoka (Asoka en Pali) (272 - 232 a.C.); y de Sri Lanka (Ceylán), alrededor del año 50 a.C. El Canon Pali o Tipitaka, comprende tres grandes divisiones o Canastas, según el sentido original del término tipitaka: El Vinaya Pitaka , el Sutta Pitaka, y el Abhidhamma Pitaka.

El Vinaya Pitaka comprende aquellos textos que tratan de la disciplina y reglas de la vida monástica; el Sutta Pitaka aquellos que se ocupan de la doctrina y filosofía budistas y el Abhidhamma Pitaka los que podríamos calificar de escolásticos, que clasifican y sistematizan los conceptos propios de la doctrina. El Sutta Pitaka es la más interesante y valiosa de estas tres colecciones.

2. El Udana

Uno de los textos que conforman el Sutta Pitaka o sea la Canasta de las doctrinas, es el Udana. Consta de ocho capítulos de diez secciones cada uno, que comprenden una pequeña narración acompañada de una o más estrofas de contenido doctrinal, pronunciadas, según la tradición, por Buda. Udana significa propiamente "pronunciamiento", "declaración", "palabra". En la presente obra designa a las estrofas que terminan cada una de las narraciones. Podemos, pues, traducir el término udana, título de la obra del Canon Pali, por "la palabra de Buda".

El Udana es una obra importante del Canon Pali desde el punto de vista literario, histórico y filosófico.

3. El Udana como obra literaria

El Udana es una colección de pequeños relatos de agradable lectura. Su belleza radica en su simplicidad que muchas veces se convierte en ingenuidad. Sin ningún esfuerzo ni afectación literaria y con gran efectividad, los relatos describen personajes de la época de diverso carácter y condición o narran pequeños acontecimientos de la vida cotidiana de entonces, de la vida de Buda, de la vida de los monjes budistas. Personajes y acontecimientos viven ante nuestros ojos. El autor se mantiene al margen de sus descripciones y narraciones, no expresando su posición ante los hechos que lo ocupan sean éstos triviales o de carácter trágico. Narra, pinta, no comenta. Tanto las descripciones de personajes como las narraciones de acontecimientos están reducidas a sus rasgos esenciales. Al autor no le interesa hacer obra literaria sino simplemente informar acerca de algo valioso de por sí, por estar relacionado con la vida del Maestro.

4. El Udana como fuente histórica

El Udana nos proporciona amplia información histórica sobre la India del Norte en la época de Buda (siglo VI a.C.) y en los siglos que inmediatamente le siguieron. Desde este punto de vista es una fuente de primer orden.

Reinos y naciones

Los acontecimientos narrados en el Udana tienen lugar principalmente en el noreste de la India, en la región que actualmente recibe el nombre de Bihar. Se mencionan así los grandes reinos de Magadha, con su capital Rajagriha (Rajagaha en pali), de Kosala, con su capital Shravasti (Savatthi en pali) y el reino de los Vamsas o Vatsas con su capital Kaushambi (Kosambi en pali).También existen referencias a una serie de clanes o tribus independientes o confederadas entre sí y en las cuales imperaba un sistema republicano y democrático de gobierno. Entre estos clanes tenemos el de los Shakyas (Sakiyas en pali), al cual pertenece el propio Buda, el de los Koliyas, el de los Mallas, el de los Vrijis (Vajjis en pali). Además de las capitales de los reinos antes mencionados aparecen en sus relatos numerosas ciudades y localidades como Buddhagaya, Ku0inagari (Kusinara en pali), Vaishali (Vesali en pali), Uruvilva (Uruvela en pali), Anupiya, Pataligama, que después se llamaría Pataliputra. Se ha localizado la casi totalidad de las ciudades mencionadas en este texto. Muchas de ellas subsisten con nombres más o menos diferentes y son actualmente centros de incesante peregrinaje por parte de los budistas de la India y de otros países. De otras sólo quedan ruinas, testimonio de la pujanza de la fe budista en pasadas épocas.

Los reyes

Más interesante que la simple mención de los grandes reinos de entonces y de los reyes que los gobernaban es la información que el Udana nos proporciona sobre aspectos de la vida de estos reyes y sobre algunas prácticas a que recurrían en la administración de sus dominios.

El Udana 7,10 nos habla del harem de rey Udena de Kosambi, constituido por quinientas mujeres todas las cuales perecieron en un incendio que se desató en el palacio del rey. Los relatos del Udana nos dejan ver también la manera como estos reyes pasaban sus ratos de ocio. El rey Pasenadi de Kosala se reúne con una de sus reinas en la terraza de su palacio y conversa con ella acerca de qué es lo más querido para cada uno (6,1).

En lo que se refiere a la administración real el Udana nos informa sobre el reparto de alimentos para la población que realizaban a veces los reyes (2,6). Nos habla también (6,2) de los ascetas, sadhus o santones, que actuaban como espías del rey y recorrían el país reuniendo información y explotando a las gentes.

La violencia en la sociedad de la época

La vida en la sociedad india de la época no era por completo idílica y pacífica. Aparecen en el Udana numerosos episodios de violencia: el Udana 4,3 narra como un vaquero fue asesinado por su vecino a raíz de una disputa de tierras, poco después de haber recibido la enseñanza de Buda. El Udana 4,8 menciona también otro asesinato: el de la bella mendicante, episodio al cual volveremos a referirnos. El Udana 4,8 refiere las peleas, con palos, piedras y espadas, que tenían lugar en Rajagaha entre dos bandos de hombres que se disputaban los amores de una hermosa cortesana. Existían también los bandoleros de caminos que no respetaban siquiera a los monjes errantes y mendicantes que sólo poseían su manto y su escudilla: en el Udana 8,7 el venerable Nagasamala es asaltado por unos ladrones que lo golpean, le rompen su escudilla y le destrozan su manto. Los propios reyes no se sentían muy seguros en aquellos tiempos a juzgar por la historia del ex-rey Bhaddiya (2,10) convertido en monje budista.

La violencia se manifestaba también en las relaciones entre las diversas sectas que, como lo veremos después, no eran del todo armoniosas.

Las castas

Desde luego no podía faltar en el Udanala mención de las castas y la actitud de Buda frente a ellas. El Udana 5,5 menciona a los kshatriyas (khattiyas en pali) o miembros de la casta guerrera y gobernante, a los brahmanes (brahmana en sánscrito y en pali) o miembros de la casta sacerdotal, a los vaishyas (vessas en pali) o comerciantes y a los shudras (sudda en pali) o servidores. Pero Buda dice expresamente que las castas no tienen vigencia dentro de la comunidad budista.

Se percibe que la casta de los brahmanes o sacerdotes no goza de gran simpatía ante los ojos de Buda a juzgar por el Udana 7,9 y 3,6. El primero narra cómo los brahmanes de la aldea de El Pilar, al ver llegar a Buda con sus monjes, taparon el único pozo con pajas y hierbas para impedir que los recién llegados pudiesen beber agua. Su conducta mezquina no tuvo sin embargo ningún efecto ya que, gracias al poder de Buda: "el pozo arroja de sí toda la paja y las hierbas y se llena de agua pura, clara, transparente y que llegaba hasta sus bordes e incluso desbordaba". El segundo es más explícito en su crítica a los brahmanes. En él varios monjes se quejan a Buda de la forma altanera y ruda como los trataba un monje llamado Pilinda-Vachcha, Buda, después de reflexionar sobre las vidas anteriores de Pilinda-Vachcha, les dice a los monjes que se quejaban que no debían irritarse con Vachcha, pues su manera altanera de hablar no se debía a mala intención sino a las quinientas reencarnaciones ininterrumpidas que había tenido en la casta de los brahmanes.

Concepción budista del brahmán

Al brahmán por nacimiento, que debe sólo a su casta su superior posición jerárquica dentro de la sociedad india, al margen de sus cualidades personales y de sus ocupaciones, Buda opone un nuevo tipo de brahmán que rompe con la concepción tradicional: brahmán es para Buda aquel hombre que se distingue por su superioridad moral, como lo expresan, entre otros, los udanas 1,4; 1,6:

Aquel brahmán que expulsó de sí todo lo malo

que carece de orgullo,

está libre de impurezas

y es autocontrolado;

que es versado en el Veda,

práctica la vida religiosa

y no siente vanidad por nada en este mundo,

con justicia, él puede llamarse brahmán.

Yo llamo brahmán

a aquel que todos saben

que no tiene a nadie quede él dependa,

al que se controla

y está afincado en la verdad,

al que tiene su mente libre de impurezas

y ha arrojado de sí el odio.

5. La vida religiosa de la época

El conocimiento que proporciona el Udana no se limita a las condiciones históricas y sociales, concierne también a la vida religiosa de la época especialmente a las sectas y creencias.

Las sectas no budistas

Las sectas no budistas son descritas por el Udana con colores bastante sombríos. Ya hemos hablado de los ascetas que servían de espías del rey. El Udana 1,9 describe a un grupo de ascetas de cabellos en rodete que "en las noches frías y heladas de invierno, en la época de la caída de las nieves" se sumergían en agua helada, creyendo que de esa manera conseguían la purificación espiritual. Buda al verlos exclama:

Esta gente se baña con exceso,

pero uno no se purifica con el agua,

aquél que posee la verdad y la doctrina,

ése es puro, ése es un brahmán.

Diversos relatos del Udana (6,4; 6,5; 6,6) presentan a miembros de otras sectas discutiendo sobre abstrusos temas filosóficos y que, al no ponerse de acuerdo, terminan sus discusiones agrediéndose e insultándose. Estas sectas muestran su agresividad especialmente contra los monjes budistas. Los insultaban y ofendían con palabras incultas y rudas, al ver que los budistas eran objeto del respeto y veneración de las gentes y que recibían regalos como limosna mientras que ellos nada conseguían (2,4). Incluso podrían llegar hasta el crimen con el fin de desacreditar a los monjes budistas. Es así que asesinan a la mendicante La Bella y luego entierran su cadáver en el lugar donde habitaban los monjes budistas y les echan a éstos la culpa de la muerte de la infortunada (4,8).

La secta budista

Como es de esperar es sobre los propios budistas que el Udana nos proporciona mayor y más detallada información. Menciona repetidas veces a los principales discípulos de Buda como Mahakassapa, Mahakachchayana, Mahakotthita, Mahakappina, Mahachunda, Anuruddha, Devadatta (que habría de generar un cisma en la congregación budista), Ananda, el compañero fiel e inseparable de Buda, y los grandes Sariputta y Mahamoggallana.

Por las páginas del Udana vemos como los monjes budistas viajaban en grupos, eran alojados por los devotos laicos en sus residencias y recibían de ellos frecuentes invitaciones para comer. Los vemos recorriendo las naciones y reinos mencionados, hospedándose en el parque de Anatthapindika, en el palacio de la madre de Migara e invitados a verdaderos banquetes por Suppavasa, hija de un personaje importante del clan Koliya (2,8), por el vaquero (4,3), por Chunda, el hijo del orfebre (8,5).

Generalmente los monjes budistas errantes y mendicantes tomaban por la mañana sus mantos y escudillas y salían en busca de limosna; descansaban durante las horas de calor y dedicaban sus horas libres a conversaciones sobre la doctrina. Pero algunas veces conversaban también sobre temas frívolos. Así el Udana 2,2 nos describe a un grupo de monjes discutiendo sobre quién era más poderoso: el rey Seniya Bimbisara de Magadha o el rey Pasenadi de Kosala. El Udana 3,9 presenta a otro grupo de mendicantes budistas discutiendo sobre cuál era la mejor de las técnicas y el Udana 3,8 los muestra exaltando las ventajas materiales y satisfacciones sensuales que comporta consigo la vida errante y mendicante. Evidentemente estas conversaciones no eran del agrado de Buda, el cual reprende severamente a los monjes y les recomienda hablar sobre la doctrina o bien guardar el "noble silencio". Pero estos son episodios excepcionales. De un modo general el Udana nos presenta a los monjes budistas dedicados a la práctica de la meditación en algún lugar solitario o bien sumidos en un profundo trance gracias a la realización de las prácticas yóguicas de gran vigencia en esa época.

Buda

Los acontecimientos narrados por el Udana tiene todos como centro la figura de Buda. Es difícil e incluso imposible determinar el carácter realmente histórico de los numerosos acontecimientos de la vida de Buda narrados en el Udana. Por lo demás es ésta una dificultad que afecta a todas las tradiciones referentes a la vida del Maestro. Las características psicológicas con que el Udana describe a Buda concuerdan con aquellas que tradicionalmente se le atribuyen: una actitud básica de bondad, cordialidad, comprensión; la capacidad de penetrar, más allá de la apariencia superficial, el sentido recóndito de las cosas; el estar por encima y alejado de lo que le rodea; la serenidad, la impasibilidad, el autodominio. El Udana 1,10 lo describe con las siguientes palabras: "...afable, inspirando confianza, con sus sentidos serenos, con su mente serena, habiendo alcanzado la más perfecta calma y autocontrol, elefante domado, alerta, con sus sentidos subyugados..."

Creencias populares

El Udana contiene abundante material para el estudio de las creencias populares de la India de entonces - creencias de lascuales participaban también los mismos budistas.

Recordemos que el Budismo no niega la existencia de dioses. Acepta a los dioses del Hinduismo, no sólo a los grandes dioses como Indra, Brahma, Yama, sino también a las divinidades inferiores como los yakshas, gandharvas, nagas, apsaras. Los dioses en el Budismo tienen un rol muy secundario y deslucido, pues no son ellos los que han creado el mundo, no pueden cambiar el orden cósmico, ni concederle al hombre una determinada reencarnación buena o mala y, menos aún, la obtención del bien supremo, el nirvana . Distingue sobremanera a los dioses del Budismo el hecho de que, como los hombres, están sometidos al samsara, al ciclo de las reencarnaciones. Han nacido como dioses en virtud de sus obras y dejarán de ser dioses cuando termine el mérito acumulado por ellas. "El dios, como dice de la Vallée-Poussin, Le dogme, pág. 19, cayendo de su paraíso, puede renacer como hombre, como difunto famélico, animal, ser infernal si lo exige así la retribución de sus actos". Y, de un modo contrario, cualquiera puede renacer como dios si reúne méritos suficientes para ello.

El Udana 3,7 narra cómo Indra, el dios más importante de la religión védica, reducido ahora a proporciones más modestas, intenta, recurriendo a un subterfugio, darle una limosna al monje Mahakassapa con el único fin de acumular méritos. El Udana 3,2 desarrolla un tema que después Ashvaghosa, el gran poeta budista, haría suyo en uno de sus poemas: Nanda, primo de Buda y su discípulo, es llevado por éste en forma milagrosa al cielo de Indra donde contempla a las apsaras, las hermosas ninfas que sirven a los dioses. Muchalinda, el rey de los nagas o serpientes (Udana 2,1) protege de la lluvia con su capucha a Buda mientras éste medita. Esta escenaha sido muchas veces tratada por los artistas de la India. Los yakshas son espíritus que no siempre se compartan en forma respetuosa con los mojes budistas. Uno de ellos trata infructuosamente de asustar a Buda (1,7).Otro yaksha llega incluso a agredir al monje Sariputta, uno de los más venerables monjes budistas como lo relata el Udana 4,4.

Poderes sobrenaturales de Buda

Como en toda la literatura budista no faltan en el Udana referencias a poderes sobrenaturales y a facultades extraordinarias, a milagros. Buda puede trasladarse en un abrir y cerrar de ojos al cielo de los dioses (3,2). Puede atravesar el Ganges desapareciendo de una orilla y apareciendo inmediatamente en la otra (8,6). Para que él pueda beber, el agua fangosa y turbia se torna pura y límpida (8,5) y del pozo cubierto por los brahmanes fluye agua en abundancia (8,9).

6. Doctrinas filosóficas

Pero, indudablemente, lo más valioso del Udana son aquellos pasajes que exponen las doctrinas budistas. Sólo nos referiremos a algunas de las doctrinas expuestas en el Udana.

El patichchasamuppada o Generación Condicionada

Las primeras páginas se ocupan de la doctrina básica del Budismo, el patichchasamuppada (pratityasamutpada en sánscrito), Generación Condicionada o Surgimiento Condicionado. Esta doctrina está desarrollada en numerosísimos pasajes de otros textos del Canon Pali. Ha sido discutida e interpretada en las escuelas budistas desde muy pronto. Asimismo ha sido objeto de cuidadosas investigaciones por parte de los estudiosos del budismo.

El patichchasamuppada tiene la siguiente formulación de acuerdo con la mayoría de los textos que lo contienen, incluyendo el Udana.

La vejez y la muerte con todos los dolores, tristezas, sufrimientos, miserias de la vida, están condicionadas por el nacimiento. El nacimiento, por la existencia, es decir, por el hecho de pertenecer uno al mundo del devenir, por estar uno arrastrado en la incesante corriente de las existencias sucesivas, de las infinitas re-encarnaciones y de las re-muertes. La existencia está a su vez condicionada por el apego, por el aferrarse a la existencia, a la sensualidad. El apego está condicionado por el deseo. El deseo está condicionado por la sensación, ya que la sensación de algo agradable, placentero, hace surgir en la mente no disciplinada el deseo de poseerlo. La sensación está condicionada por el contacto de los sentidos con sus objetos. El contacto está condicionado por los seis dominios, es decir, por los seis sentidos conjuntamente con las seis categorías de objetos de los sentidos. (Recordamos que para la psicología india la mente es un sexto sentido, constituyendo su objeto las representaciones, ideas, etc.). Los seis sentidos están condicionados por la individualidad, por el hecho de constituir uno una entidad psicofísica. La individualidad está condicionada por la conciencia. La conciencia está condicionada por los samskaras [1]. Por último los samskaras están condicionados por la ignorancia de las enseñanzas de Buda. Está ignorancia produce, en términos generales, el sometimiento al mundo de la sensualidad y la realización de acciones que tienen que surtir su efecto en otra vida. Por el contrario el conocimiento y la realización de las doctrinas de Buda, al eliminar la ignorancia, y por consiguiente ese tipo de acciones, impide la formación de samskaras y ponen fin al ciclo de las reencarnaciones.

La teoría del patichchasamuppada está inspirada en dos actitudes intelectuales características del Budismo. Por un lado, en la visión causalista de la realidad, el considerar que todos los fenómenos tienen una causa que los determina y explica y que, por consiguiente, para poner fin a algún proceso es necesario buscar su causa y destruirla. Por otro lado, la concepción de la universal interdependencia de todas las cosas: todo fenómeno tiene una causa y es a su vez causa de otro fenómeno.

Fundamentalmente, el patichchasamuppada explica el nacimiento y la cesación del dolor. La ley, el dharma que constituye el patichchasamuppadano fue una creación sino un descubrimiento realizado por Buda cuando, en el día de su suprema Iluminación, medita sobre el dolor humano y se esfuerza por encontrarle una salida. El Samyutta Nikaya II, p. 25 (Pachchayasuttam), después de exponer esta doctrina, dice: "aparezcan o no budas, permanece inconmovible este principio -la estabilidad de la ley, la necesidad de la ley, esta causalidad. Buda lo intuyó, Buda lo comprendió. Habiéndolo intuido y habiéndolo comprendido, Buda lo explicó, lo mostró, lo comunicó, lo estableció, lo aclaró, lo analizó, lo reveló".

El ideal del sabio

En numerosos pasajes del Udana Buda señala los atributos que conforman el ideal del sabio. Ante todo la ahimsa o no-violencia que comporta múltiples facetas: ausencia de cólera y de odios; incapacidad de hacer daño con la palabra, la acción o el pensamiento; una actitud básica de bondad y benevolencia para con todos los seres. La ahimsa o no-violencia pasará del Budismo al Hinduismo y se convertirá en una de las virtudes más exaltadas por la cultura de la India y de la que ésta más se enorgullece. Bástenos recordar que la ahimsa fue uno de los principios morales que Gandhi inscribió en su bandera cuando organizó la lucha por la Independencia de la India. Luego tenemos el desapego. El sabio budista no estará ligado a nada y no sentirá deseo por nada. La codicia de los bienes materiales y la atracción por el placer y las sensaciones agradables le serán desconocidas. El sabio budista no poseerá nada. Ha abandonado su hogar, su familia, su mujer y sus hijos, sus amigos, sus bienes. Se ha despojado incluso del sentido de "lo mío". Su única pertenencia es el manto que lo cubre y la escudilla en que recibe el alimento que le dan como limosna. Está pues solo y sin nada en el mundo. Está de más decir que carecerá de orgullo, de vanidad, de hipocresía y de egoísmo. No es de extrañar que el sabio budista, liberado del deseo y de la aversión, sin relación alguna con el mundo que lo rodea, haya llegado a un grado extraordinario de serenidad, calma e imperturbabilidad y sea comparado con un lago de aguas frías, serenas y límpidas. Buda pone especial énfasis en una serie de virtudes características de la doctrina que predicó. El sabio debe mantenerse siempre en un estado de alerta y vigilancia, atento, consciente y autocontrolado. Sólo así podrá impedir que las tentaciones de Mara, el Maligno, señor de la muerte y de la sensualidad, siembra a su alrededor, se apoderen de su mente o de su corazón, subrepticiamente, sin que él se dé cuenta; sólo así conseguirá que no broten de él inconscientemente inclinaciones, deseos y atracciones que lo alejen del camino de la perfección espiritual.

La realización del ideal del sabio antes esbozado es un requisito indispensable para alcanzar la liberación de las reencarnaciones y para conquistar así el nirvana, lo Absoluto. Pero no es una tarea fácil. Requiere muchos años de esfuerzo, una disciplina rígida a que el monje se somete, normas rigurosas de conducta que se impone. De ahí la insistencia puesta por Buda en las cualidades de energía, esfuerzo, empeño y tesón, las únicas con las que la voluntad, tensa, puede vencer los obstáculos que se le oponen en la tarea de purificación y perfeccionamiento individual.

La iluminación instantánea

No deja de sorprender por tal razón la doctrina de la iluminación instantánea que encontramos en el Udana en virtud de la cual una persona ajena a la comunidad budista, con sólo escuchar la palabra de Buda, experimenta una profunda transformación de su personalidad que la capacita para realizar un extraordinario progreso en el camino hacia la liberación o incluso para entrar en el nirvana meta suprema del Budismo. Tenemos el caso del leproso Suppabuddha (5,3) y especialmente el de Bahiya Daruchiriya (1,10). Bahiya Daruchiriya que vivía en el puerto de Supparaka, en la orilla del mar, inspirado por una divinidad que deseaba favorecerlo, va en busca de Buda, que se encontraba en la ciudad de Savatthi, para que Buda le comunique su doctrina. Encuentra al Maestro mientras éste está pidiendo limosna, se le acerca, se inclina a sus pies y le pide que le enseñe su doctrina. Buda le transmite, como dice el texto, una "concentrada enseñanza de la doctrina". Bahiya Daruchiriya se libera instantáneamente de las impurezas, muere poco después y alcanza el nirvana supremo.

El Yoga

Como sucede en toda la literatura budista, encontramos en el Udana numerosas referencias al Yoga - desde luego referencias aisladas y no presentadas sistemáticamente.

Recordemos que el Yoga es un método para producir el trance. El trance yóguico es un fenómeno "místico", similar al trance de cualquier misticismo. Comporta una serie de normas que podemos calificar de morales como el no hacer daño, el desapego de todo, la castidad, etc. y una serie de prácticas que podemos calificar de técnicas como determinadas posturas para meditar, el control de la respiración y, en forma especial, la concentración de la mente en una determinada entidad que puede ser un objeto material, un símbolo sagrado, una idea, una sensación, un sentimiento. Es la concentración de la mente la que en forma directa producirá el trance.

El Yoga tiene una extraordinaria importancia en el Budismo, como la tiene por lo demás en todas las manifestaciones religiosas y filosóficas de la India, ya que el trance yóguico es el único medio de que dispone el hombre para llegar a la verdad última, a lo Absoluto. Incluso Beckh, Buddhismus, p. 11, llega a decir que el Budismo es sólo Yoga y de la Vallée-Poussin, Nirvana, p. 11, considera que el Budismo es una rama del Yoga. Sin negar la evidente importancia del Yoga en el Budismo estimamos que el Budismo es algo más que el Yoga -mucho más que el Yoga. Desde luego que el Yoga del Budismo no es el Yoga clásico sistematizado por el genio de Patañjali alrededor del siglo IV d.C., sino el Yoga pre-clásico, que existió en la India desde muchos siglos antes que el Budismo.

Como hemos dicho, el Yoga se hace presente repetidas veces en el Udana. Es al salir de un samadhi o estado de avanzada concentración mental que Buda descubre la ley de la causalidad (1,1-3). En numerosos pasajes, por lo menos en 24 de las 80 narraciones que contiene, el Udana describe a monjes sumidos en meditación yóguica; sentados en postura pallanka (postura típicamente yóguica) y con la mente intensamente concentrada. El Udana 8,9 narra como el venerable Dabba entró en parinirvana, o sea en el nirvana supremo y sin retorno. Buda describe, en los versos que citamos a continuación, el proceso que ha tenido lugar en el venerable Dabba cuando ingresó en el nirvana:

El cuerpo ha sido aniquilado;

la percepción ha sido detenida;

todas las sensaciones se han enfriado;

los samskaras has cesado;

la conciencia llegó a su fin.

Sus palabras recuerdan la forma como algunos siglos más tarde Partañjali habría de caracterizar el trance en el célebre aforismo segundo del Primer Libro de su tratado: La cesación de todos los procesos mentales.

El nirvana

Varias veces nos hemos referido ya al nirvana, la meta suprema del Budismo. El Udana le dedica algunos de sus pasajes más hermosos e importantes. El nirvana es uno de los conceptos más discutidos de la filosofía de la India. La mayoría de los grandes indólogos occidentales como Burnouf, Max Müller, Rhys Davids, Oldenberg, de la Vallée-Pousin, Stcherbatsky han expresado su opinión al respecto. Sorprende la forma tan contradictoria como el nirvana ha sido interpretado. Bástenos indicar que para unos el nirvana es el aniquilamiento total a nivel del más burdo y desencantado materialismo y para otros el nirvana es una existencia eterna de inefable felicidad.

Trataremos de expresar brevemente nuestra interpretación del nirvana que se funda en el estudio del Yoga y de la tradición filosófica india anterior al budismo.

El budismo comparte la concepción de la existencia humana y del destino del hombre después de la muerte, propia de la cultura de la India y que difiere de la concepción occidental. El aniquilamiento después de la muerte constituye el peligro a que se ve expuesto el hombre occidental. Su salvación radica en la concepción de un principio espiritual, el alma, existente en el individuo, inmortal e imperecedero. Si no se acepta la existencia de ese principio espiritual el hombre después de la muerte es sólo cenizas. El ansia de inmortalidad caracteriza así a la cultura de Occidente.

El problema para el hombre indio es totalmente diferente. El individuo no se ve enfrentado al peligro del aniquilamiento después de la muerte, antes bien se ve condenado a una existencia eterna y dolorosa, a un devenir interminable, hecho de nacimientos y muertes sin fin, encadenado como está al ciclo de las reencarnaciones, el cual se desarrolla en el plano de esta realidad contingente, dominio del sufrimiento y de la muerte. Para el hombre indio el ideal radica en liberarse de esa cadena de existencias, en escapar los límites de la prisión que para él constituye esta realidad. El ansía de liberación caracteriza así la cultura de la India. Para poder liberarse y escapar de esta realidad el hombre indio concibe lo Absoluto, totalmente diferente de todo lo que esta realidad comporta, totalmente diferente de todo lo que los sentidos y la mente humana pueden percibir o imaginar, algo a lo que nada "de aquí" puede llegar. Ese Absoluto será Brahman en las Upanishads y en el Vedanta, el nirvana en el Budismo, el Purusha o espíritu establecido en sí mismo en el Samkhya y el Yoga que comparte sus doctrinas.

Los Udanas 1,10 y 8,1 describen el aspecto heterogéneo del Absoluto budista, el nirvana

Ahí el agua, la tierra, el fuego y el aire

no pueden establecerse,

ahí no brillan las estrellas ni resplandece el sol,

ahí no se ilumina la luna ni existe la tiniebla...

Existe, oh bhikkhus, aquel dominio en que no se dan ni la tierra ni las aguas ni el fuego ni el aire ni el dominio de la infinitud del espacio, ni el dominio de la infinitud de la conciencia, ni el dominio de la nada, ni el dominio del conocimiento y del no conocimiento, ni este mundo y ni el otro ni el sol ni la luna. Yo os digo, oh bhikkhus, que ahí no se entra, que de ahí no se sale, que ahí no se permanece, que de ahí no se decae y que de ahí no se renace. Carece de fundamento, carece de actividad, no puede ser objeto del pensamiento. Es el fin del sufrimiento.

Si no existiese ese Absoluto, lo completamente diferente, lo absolutamente otro, sólo existiría esta realidad y nada fuera de ella hacia donde el hombre podría escapar, en donde el hombre podría refugiarse. Así, es lo Absoluto lo que permite la salida. Sin ese Absoluto no hay salida. Es lo que nos dice el Udana 8,3:

Existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no-compuesto. Si no existiese, oh bhikkhus, lo no-nacido, no devenido, no-hecho, no-compuesto, no se percibiría en este mundo una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto. Pero, puesto que existe, oh bhikkhus, lo no-nacido, no-devenido, no-hecho, no compuesto, por tal razón se percibe una salida para lo nacido, devenido, hecho, compuesto.

El hombre puede alcanzar el nirvana haciendo suyas las enseñanzas de Buda. Éstas constituyen, por decirlo así, metafóricamente, el camino que lleva a lo Absoluto budista.

Cuando el hombre llega al nirvana, no quedan rastros de él. Escapa ya a todo conocimiento. Como lo expresa metafóricamente el Sutta Nipata 1076 en ese momento se destruyen los caminos del lenguaje que llevaban a él. El Udana 8,10 expresa simbólicamente esta idea al decir que cuando el venerable Dabba entró en el nirvana supremo y sin retorno, su cuerpo fue consumido y no quedaron de él "ni cenizas ni polvillo de cenizas".

Así mismo el hombre que alcanza el nirvana supremo no puede llevar consigo nada de lo que constituye nuestra realidad. No digamos nada del cuerpo, la vida emocional y la vida mental, la personalidad y la individualidad, la conciencia, todo cesa y concluye al salir de los límites de esta realidad contingente e ingresar en aquella realidad trascendente y heterogénea que es el nirvana. Por tal razón el nirvana es designado con el término bhavanirodha5, que significa: "la cesación de la existencia (bhava)", es decir la cesación de la realidad que esa existencia constituye. El estado más avanzado del trance yógico, aquel en el cuál el monje budista realiza transitoriamente el nirvana, ese estado comporta la cesación de las sensaciones, de las percepciones, de los sentimientos, del intelecto, de la voluntad. Y en el Udana 8,9 ya citado Buda describirá el nirvana supremo y sin retorno del venerable Dabba, diciendo: "La conciencia llegó a su fin".

El nirvana es pues, el aniquilamiento total y absoluto del individuo afanosamente conquistado mediante la disciplina budista. Pero este aniquilamiento no es el aniquilamiento tal como lo entendían los Charvakas o materialistas de la India antigua para los cuales todo termina con la muerte inevitable tras una corta existencia. Para el Budismo el aniquilamiento es un salto hacia la trascendencia.

Lo Absoluto budista, el nirvana tiene múltiples rasgos similares con lo Absoluto upanishádico, Brahmán. Ambos poseen de un modo general las mismas características y son descritos casi de idéntica manera. Pero existe una profunda diferencia entre ambos. Podríamos decir que Brahmán es un Absoluto de signo positivo: se le define como "el ser, la conciencia y la felicidad" y para señalarlo la Brihadaranyaka Upanishadutilizará el término p9rna: "lo pleno". El nirvanaes más bien un Absoluto de signo negativo: su propio nombre lo está indicando, nirvana significa "extinción"; con respecto a él se utiliza la imagen de la llama que se extingue y para señalarlo se recurrirá a los términos sh9nya: "vacío" y shunyata: "lo vacío", términos que jugarán un rol de primerísima importancia en la especulación budista posterior a Buda.

Creemos que la concepción del nirvana deriva de la experiencia del trance yóguico. De acuerdo con la tradición de la India, compartida por Buda, el hombre realiza lo Absoluto en el momento culminante del trance, cuando todos los procesos mentales se detienen y la mente se inmoviliza en una quietud total. No podía pasar desapercibido para Buda que la experiencia de lo Absoluto significaba así el vaciamiento total de la conciencia. Para una inteligencia objetiva como la de Buda, la conclusión inevitable era concebir a lo Absoluto como lo vacío.

Buda predicó su doctrina hace 25 siglos. Tal vez la "salida", que él ideó, no satisfaga al hombre occidental moderno, ya sea porque ha sido educado en la creencia de un alma inmortal y en el culto del individualismo, ya sea porque ha ido perdiendo el sentido de lo trascendente. Pero nadie puede desconocer la grandeza de la doctrina de Buda, el cual, a esta realidad contingente, insustancial, transitoria y dolorosa, opone como única salida un Absoluto impersonal y negativo, al que el hombre puede llegar, no mediante ritos y ceremonias ni con la ayuda de la gracia divina, sino por su propio esfuerzo personal, en un aislamiento hecho de desapego y de renunciamiento.


Buenos Aires, Argentina 1970

New Jersey, USA-Buenos Aires, Argentina 2002


NOTA:

[1] Residuos kármicos (sankhara; en sánscrito: samskara). Término de múltiples acepciones y difícil por lo mismo de ser traducido. Con éste término el patichchasamuppada (Generación Condicionada) nos lleva a la vida anterior del individuo, interviniendo en este momento el concepto de karman, o sea la idea de lo que uno hace en una vida surte sus efectos en la siguiente, que todo acto "madura" en una existencia posterior. Por sankhara debemos entender en el presente caso las potencialidades acumuladas en una vida y que se actualizan en la vida siguiente; las energías creadas y no gastadas en una existencia anterior y que actúan en otra existencia; la herencia que el individuo se dejó a sí mismo en una vida anterior; la predestinación que no se debe ni a los antepasados ni a la faltalidad ni a la voluntad de un dios, sino a uno mismo. Asimismo, como se verá en la fórmula siguiente de la Generación Condicionada, es el conjunto de los residuos kármicos el que da origen a la conciencia en la nueva encarnación del individuo. Los residuos kármicos constituyen los factores condicionantes de la existencia.


FUENTE:

DRAGONETTI, Carmen (a00a) "Introducción" en Udana: La palabra de Buda. New Jersey/Buenos Aires, Yin-Shun Fundation/Fundación Instituto de Estudios Budistas. Págs. 7-35

Edición para el Bosque Theravada: Isidatta 2011

Publicación del Bosque Theravada 2011

 

Última modificación el Jueves, 10 de Marzo de 2011

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