Sábado, 04 Octubre 2008 10:52

III. Los ocho preceptos

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Además de los cinco preceptos, el Buda­Dharma ofrece u código más  elevado de disciplina ética para el laicado consistente en ocho preceptos (atthasila).  Este código de ocho preceptos no difiere por completo en contenido del código  quíntuple, sino que incluye los cinco preceptos con una modificación significativa.  La modificación ocurre en el tercer precepto, donde la abstención de conducta  sexual desviada es cambiada por la abstención del no­celibato. Así pues, el tercer  precepto del grupo óctuple dice: Abrahmacharya veramani sikkhapadam  samadiyami, "me comprometo con el principio de práctica de abstenerme del no­  celibato''. A los cinco preceptos básicos se le añaden tres:

(6) Vikalabhojana veramani sikkhapadam samadiyami, "me comprometo con el  principio de práctica de abstenerme de comer más allá del tiempo límite'', es decir,  desde el mediodía hasta el siguiente amanecer.

(7) Nacca gita vadita visukhadassana mala gandha vilepana dharanamandana  vibhusanatthana veramani sikkhapadam samadiyami, "me comprometo con el  principio de práctica de abstenerme de bailar, cantar, música instrumental,  espectáculos indebidos y vestir guirnaldas, usar perfumes y embellecer el cuerpo  con cosméticos''.

(8) Uccasayana mahasayana veramani sikkhapadam samadiyami, "me  comprometo con el principio de práctica de abstenerme de camas y asientos  elevados y lujosos''.

Hay dos modos de observancia para estos preceptos: permanente y temporal. La  observancia permanente, con mucho la menos común de las dos, es practicada  generalmente por personas ancianas que, tras haber cumplido con sus deberes  familiares, desean profundizar en su desarrollo espiritual dedicándose los últimos  años de su vida a la práctica espiritual intensiva. Incluso en estos casos, no es una  costumbre muy extendida. La observancia temporal es usualmente practicada por  el laicado bien durante los días de Uposatha o en ocasión de retiros meditativos.  Los días de Uposatha son la luna nueva y llena de cada mes lunar, los cuales se  dedican a la práctica de observancias religiosas especiales, siendo una costumbre  absorbida por el Buda­Dharma proveniente del antiguo acervo cultural indio que se  remonta al periodo pre­budista de la historia india. Durante estos días los laicos de  los países budistas suelen tomar los ocho preceptos, especialmente cuando se  dirigen a pasar el Uposatha en un templo o monasterio. En estas ocasiones la  observancia de los ocho preceptos dura un día y una noche. En segundo lugar, con  ocasión de los retiros el laicado toma los ocho preceptos durante toda la duración  de éstos, que puede variar de algunos días a cierto número de meses.

La formulación de dos códigos éticos distintos proviene de dos propósitos básicos  de la disciplina ética del Buda­Dharma. El primero es el propósito ético  fundamental de poner freno a las acciones no éticas, acciones que son dañan  directa o indirectamente a otros. Este propósito se circunscribe al ámbito del  quíntuple código de preceptos, que trata del control de las acciones que causan  dolor y sufrimiento a otros. Al prescribir la abstinencia de estas acciones  perjudiciales, los cinco preceptos protegen también al individuo de repercusiones  indeseables sobre él mismo, siendo algunas inmediatamente visibles en la vida presente y otras que se manifestarán únicamente en vidas futuras, cuando el karma  generado por ellas de su fruto.

El segundo propósito de la práctica ética del Buda­Dharma no es tanto ético como  espiritual. Consiste en suministrar un sistema de auto­disciplina que pueda actuar  como base para lograr elevados estados de realización mediante la práctica de la  meditación. Al servir a este propósito, el código funciona como una ascesis, una  vía de conducta que implica el abnegación y la renuncia como principio para  ascender a niveles elevados de consciencia. Este ascenso, que culmina en el  Nirvana o liberación final del sufrimiento, depende sobre la atenuación y  erradicación última de la sed (tanha), que con sus múltiples ramas de deseo es la  fuerza primaria que nos mantiene encadenados. Para reducir y superar la sed es  necesario regular, no sólo las transgresiones éticas nocivas, sino también los modos  de conducta que no son dañinos para los demás pero que todavía dan salida a la sed  que nos mantiene constreñidos.

El código de disciplina del Buda­Dharma expuesto en los ocho preceptos  representa la transición del primer nivel de disciplina ética al segundo, esto es, de  silâ como compromiso puramente ético a silâ como una vía de auto­cultivo  ascético con el fin de progresar a lo largo del sendero de la liberación. Los cinco  preceptos también cumplen esta función hasta cierto punto, pero lo hacen  únicamente de manera limitada, no de un modo tan completo como los ocho  preceptos. Con los ocho preceptos el código ético adquiere un pronunciado giro  hacia el control de los deseos que no son socialmente dañinos ni inmorales. Esta  extensión de la práctica se enfoca sobre los deseos centrados en el cuerpo físico y  sus áreas de interés. El cambio del tercer precepto hacia la abstinencia del no­  celibato domina el impulso sexual, que no es contemplado como éticamente nocivo  per se, sino como una poderosa expresión de la sed que ha de ser controlada para  avanzar hacia elevados niveles de meditación. Los tres nuevos preceptos regulan  los asuntos de comida, diversiones, embellecimiento personal y confort físico. Su  observancia nutre el crecimiento de cualidades esenciales para una vida espiritual  más profunda --contentamiento, pocos deseos, modestia, austeridad, renuncia. A  medida que estas cualidades maduren, las contaminaciones mentales se debilitarán,  ayudando en el esfuerzo por alcanzar serenidad (samatha) y visión penetrante  (vipassana).

Visto 2440 veces Modificado por última vez en Jueves, 06 Mayo 2010 23:28