Sábado, 05 Diciembre 2009 19:40

Escuchando más allá de las palabras

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Realmente, todas las enseñanzas del Buda tienen sentido. Cosas que nunca os hubieseis imaginado, son así. Es algo extraño. Al inicio no tuve demasiada fe en sentarme para meditar. Estaba pensando sobre qué posible valor esto podría tener. Entonces, como había la meditación caminando, estaba caminando de un árbol al otro, ida y vuelta, ida y vuelta, hasta que me cansé de esto y pensé: “¿Para qué estoy caminando? El sólo hecho de caminar, ida y vuelta, no tiene propósito alguno.” Así es cómo estaba pensando. Sin embargo, la meditación caminando tiene mucho valor. Sentarse para practicar samadhi tiene mucho valor. Pero el temperamento de alguna gente hace que se confunda acerca de la meditación sentada o caminando.

Por Ajahn Chah

Lp008Realmente, todas las enseñanzas del Buda tienen sentido. Cosas que nunca os hubieseis imaginado, son así. Es algo extraño. Al inicio no tuve demasiada fe en sentarme para meditar. Estaba pensando sobre qué posible valor esto podría tener. Entonces, como había la meditación caminando, estaba caminando de un árbol al otro, ida y vuelta, ida y vuelta, hasta que me cansé de esto y pensé: “¿Para qué estoy caminando? El sólo hecho de caminar, ida y vuelta, no tiene propósito alguno.” Así es cómo estaba pensando. Sin embargo, la meditación caminando tiene mucho valor. Sentarse para practicar samadhi tiene mucho valor. Pero el temperamento de alguna gente hace que se confunda acerca de la meditación sentada o caminando.

Nosotros no podemos meditar manteniendo una sola postura. Existen cuatro posturas de los seres humanos: estar de pie, caminar, estar sentado y acostado. Las enseñanzas hablan acerca de hacer las posturas consistentes y equitativas, así que podríais pensar que esto significa estar parado, caminar, estar sentado y acostarse durante el mismo número de horas en cada postura. Cuando escucháis semejante enseñanza, no podéis descifrar lo que la misma realmente significa, porque la misma está dicha en la manera del Dhamma y no en el sentido ordinario. “Está bien, me sentaré por dos horas, estaré parado por dos horas y luego me acostaré dos horas”. Probablemente, vosotros pensáis de esta manera. Así es cómo yo lo hacía. Estaba tratando de practicar de esta forma, pero esto no funcionaba.

Esto se debe a no escuchar de la manera correcta, a escuchar meramente palabras. “Hacer las posturas de forma ecuánime” se refiere a la mente y a nada más. Esto significa hacer la mente brillante y clara, [de tal manera] que surja la sabiduría, que haya conocimiento sobre cualquier cosa que ocurre en todas las posturas y situaciones. Cualquiera que sea la postura, vosotros conocéis los fenómenos y los estados mentales por lo que son, o sea que son impermanentes, insatisfactorios y no son vosotros mismos. La mente permanece estable en su conciencia todo el tiempo y en todas las posturas. Cuando la mente siente atracción, cuando siente aversión, vosotros no perdéis este camino, sino que conocéis las condiciones por lo que son. Vuestra conciencia es estable y continua y entonces, las dejáis ir firme y continuamente. No os volvéis locos por las condiciones favorables. Tampoco os volvéis locos por las condiciones adversas. Permanecéis en el camino recto. Ésto es lo que se llama “hacer las posturas de forma ecuánime”. Esto se refiere a lo interior y no a lo exterior; se está hablando acerca de la mente.

Cuando hacemos las posturas de forma ecuánime con la mente, entonces cuando nos alaban, ésto nos parece lo justo. Cuando nos difaman, ésto nos parece lo justo. No vamos a estallar por ello ni tampoco vamos a decaer, sino que permaneceremos firmes. ¿Por qué? Porque veremos el peligro en estas cosas. Vemos el mismo peligro en alabanzas y críticas; esto es lo que se llama hacer las posturas de forma ecuánime. Tenemos esta conciencia interior, sea que miremos los fenómenos internos o externos.

En la manera ordinaria de experimentar las cosas, cuando algo bueno sucede, manifestamos reacciones positivas, y cuando sucede algo malo, reaccionamos negativamente.

Pero de este modo, las posturas no se hacen de forma ecuánime. Cuando son ecuánimes, siempre estamos conscientes. Sabemos cuando nos aferramos a lo bueno y cuándo nos aferramos a lo malo -esto está mejor. Aún cuando todavía no podemos dejarlo ir, estamos conscientes de estos estados continuamente. Siendo continuamente conscientes de nosotros mismos y de nuestros apegos, llegaremos a ver que el hecho de aferrarse no es el camino. Lo sabemos, pero no lo podemos dejar ir: este es el 50 por ciento. Aunque no lo podemos dejar ir, entendemos que ésto nos traerá la paz. Vemos el peligro en cosas que nos gustan y nos disgustan. Vemos el peligro en alabanza y censura. Esta conciencia se vuelve continua.

Así que cuando somos alabados o criticados, somos continuamente conscientes. Para la gente del mundo, cuando son criticados y calumniados, no lo pueden soportar, esto lastima sus corazones. Cuando son alabados, se sienten complacidos y entusiasmados. Esto es algo natural en el mundo. Pero para aquellos que son practicantes, cuando aparece la alabanza, saben que aparece el peligro. Cuando aparece la censura, saben que aparece el peligro. Saben que estar apegado a ambos trae malos resultados. Todo es doloroso cuando nos aferramos a esto o le damos importancia.

Cuando tenemos esta clase de conciencia, conocemos los fenómenos mientras ocurren. Sabemos que si nos apegamos a los fenómenos, los mismos se convertirán en sufrimiento. Cuando no prestamos atención al aferramiento de lo que concebimos como bueno o malo, nace el sufrimiento. Cuando prestamos atención, vemos este aferramiento; vemos cómo nos aferramos a lo bueno y lo malo y cómo esto causa el sufrimiento. Así que primero nos aferramos a las cosas y luego, conscientemente vemos en ello la falta. ¿Por qué es así? Porque lo sujetamos fuertemente y experimentamos el sufrimiento. Entonces, empezamos a buscar la manera de soltarlo y estar libres. Pensamos: “¿qué debería hacer para estar libre?”

Según la enseñanza budista, no hay que tener apegos ni aferramientos, no hay que sujetar las cosas fuertemente. Nosotros no lo entendemos plenamente. El punto es sujetar, pero no fuertemente. Por ejemplo, yo veo este objeto enfrente. Estoy curioso por saber qué es y lo sujeto y lo miro; es como un destello. Ahora, ya lo puedo dejar. Esto es sujetar pero no fuertemente. Si se nos dijera que nada en absoluto podemos sujetar, entonces ¿qué podríamos hacer? Llegaríamos a pensar que no podemos practicar ni meditación sentados ni caminando. Así que primero, tenemos que sujetar sin un fuerte apego. Vosotros podréis decir que esto es tanha, pero esto llegará a ser parami. Por ejemplo, vosotros llegasteis aquí a Wat Pah Pong; pero antes de hacerlo, tendríais que tener el deseo de llegar. Sin deseo, no hubieseis llegado. Podríamos decir que llegasteis con deseo; esto es como sujetar algo. Después vais a retornar; esto es como falta de aferramiento. Al igual que cuando hay incertidumbre sombre qué es aquella cosa, se la recoge, se la mira -como un destello- y se la deja. Esto es sujetar pero no aferrarse, o hablando de una manera más simple, conocer y dejarlo ir. Sujetar para mirar, conocer y dejar ir -conocer y dejarlo. Se puede decir de las cosas que sean buenas o malas, pero vosotros simplemente las conocéis y las dejáis ir. Sois conscientes de los fenómenos buenos y malos, pero los dejáis ir. No os aferráis a ellos con ignorancia. Los sujetáis con sabiduría y los dejáis.

De esta manera las posturas pueden ser ecuánimes y consistentes. Esto significa que la mente es capaz. La mente es consciente y entonces surge la sabiduría. Cuando la mente posee sabiduría, ¿qué podría haber más allá de esto? Se toman las cosas, pero no hay prejuicio. No se las sujeta fuertemente, sino se las conoce y se las deja ir. Escuchando un sonido, sabremos esto: “el mundo dice que esto es bueno”, pero nosotros lo dejamos ir. El mundo puede decir: “esto es malo”, pero nosotros lo dejamos. Nosotros conocemos el bien y el mal. Alguien que no conoce el bien y el mal se apega al bien y al mal y sufre el resultado. Alguien con el conocimiento, carece de semejante apego.

Consideremos esto: ¿cuál es el propósito de nuestras vidas? ¿Qué es lo que queremos de nuestro trabajo? Estamos viviendo en el mundo, pero ¿con qué propósito vivimos? Hacemos nuestro trabajo; pero ¿qué queremos lograr con nuestro trabajo? De acuerdo a la manera del mundo, la gente trabaja porque quiere ciertas cosas y esto es lo que considera lógico. Pero la enseñanza del Buda va un paso más allá. Se dijo, haz tu trabajo sin desear nada. En el mundo, tú haces esto para obtener aquello. Siempre haces algo con el propósito de obtener otro tanto como resultado. Esta es la manera mundana de la gente. El Buda dice, trabaja con el propósito de trabajar, sin querer nada.

Siempre que trabajamos con el deseo de algo, sufrimos. Comprobadlo.


FUENTE:

“Listening Beyond Words” in Everything Is Teaching Us: A Collection of Dhammatalks by Ajahn Chah [en línea] http://www.ajahnchah.org/book/Listening_Beyond_Words.php Wat Nong Pah Pong, 2007.


Traducido y editado por Isidatta para el Bosque Theravada © 2009

Publicado por el Bosque Theravada © 2009

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Visto 4830 veces Modificado por última vez en Miércoles, 12 Mayo 2010 17:09
Ajahn Chah

Ajahn Chah llegó a ser un consumado maestro de meditación y compartió la realización del Dhamma con todos aquellos que lo buscaron. La esencia de su mensaje siempre fue muy simple: ser conciente, no apegarse a nada, dejar todo y rendirse a la manera natural de cómo son las cosas.

La enseñanza de Ajahn Chah, cuyo estilo fue simple y, a la vez, profundo, atrajo de manera especial a muchos occidenateles, y así en 1975 se fundó el Wat Pah Nanachat, un monasterio especialmente dedicado para la práctica de numerosos occidentales quienes quisieron hacerlo a su lado.

En 1979 fundó la primera rama de este monasterio en Europa, más específicamente, en Sussex, Inglaterra.

Ver la biografía de Ajahn Chah y sus artículos publicados en Bosque Theravada.