Lunes, 14 Diciembre 2009 12:25

Hiri - Ottapa

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En este breve artículo, Ajahn Jayasaro trata sobre el sentido y la importancia de la práctica fundamentada en Sila y de cómo ésta es reforzada con los dhammas de Hiri y Ottapa . Tradicionalmente traducidos como vergüenza y temor morales, respectivamente, el Buddha se refirió a ellos como lokapala dhamma , es decir, los dos principios que sostienen al mundo.

Por Ajahn Jayasaro

ajahn_jayasaro02Como budistas, cuando hablamos de la vida espiritual, hablamos en términos de entrenamiento, un entrenamiento exhaustivo y minucioso de todos los aspectos de nuestra vida. Tal entrenamiento requiere que identifiquemos y observemos los diversos aspectos que la constituyen, el cuerpo y la mente; viendo qué es aquello que conduce a la verdadera felicidad y la paz, la armonía con los demás y el mundo, y lo que conduce al sufrimiento y la angustia, tanto para nosotros como para los demás. Esto implica abandonar lo que debe ser abandonado y desarrollar lo que debe ser desarrollado. Al hablar de este entrenamiento generalmente lo dividimos en tres pasos o grupos, Sila, Samadhi y Panna.

Sila es el entrenamiento de nuestro cuerpo, nuestras acciones y nuestro discurso. Samadhi es la calma, la pacificación, de la agitación y distracción mentales, haciendo la mente disciplinada y serena. Panna es el entrenamiento en la investigación, aprender a llevar la mente disciplinada y serena hacia la verdadera naturaleza de nuestro ser, nuestra propia realidad, la realidad sobre el mundo que nos rodea. Aunque a Sila, el entrenamiento del cuerpo y el habla, se le considera como el fundamento para el entrenamiento de la mente, éste también requiere el desarrollo de la sabiduría. Debemos llegar a comprender el valor de tal entrenamiento, el valor de la moderación, y las lamentables consecuencias de descuidarlo. La sabiduría es, de hecho, lo podríamos llamar la característica definitoria de la enseñanza del Buddha en cualquier ámbito de actividad y, sin importar el nivel de práctica, siempre es considerada como el componente vital, el factor predominante.

Siempre que falta la sabiduría, existe la ignorancia, y en la oscuridad de la ignorancia es muy fácil que los diversos tipos de ansiedad, opiniones y conceptos abrumen la mente.

Generalmente la meditación es considerada, de manera restringida, como la aplicación de ciertas técnicas para aquietar o investigar la mente. En consecuencia, existe un vacío en la comprensión del Camino en su totalidad y sobre la integridad del Sendero Óctuple, o, como hemos resumido, del triple entrenamiento para el cuerpo, el habla y la mente -Sila, Samadhi y Panna. En particular, a menudo existe una falta de conciencia sobre la relación entre la práctica exterior de la moderación y la renuncia a lo que es malsano, y la práctica interna de la concentración y la reflexión.

En Occidente, aquellos grupos espirituales que dan poca importancia a la práctica de Sila en la vida religiosa (la atención a nuestras acciones y discurso), con frecuencia son más populares que aquellos que enfatizan su rol puesto que tenemos la tendencia natural a desear más allá de lo que se puede tener o merecer. Para empezar, guardar los preceptos implica ir contra la corriente, de los viejos hábitos y, de hecho, hacer cosas que son difíciles de realizar, que no nos gusta hacer, y que de ese modo dan lugar a la tensión y el estrés. Pero ese estrés disminuye y se siente mucha menos presión e importancia cuando realmente hemos comprendido el modo en que funciona la mente. Vemos que la única manera para liberar la mente de sus adicciones es alejarse de maneras de actuar y de relacionar habitualmente negativas y egoístas hacia el mundo.

En principio, la forma en que actuamos y hablamos refleja los condicionamientos impuestos por el estado del mundo en el que vivimos, sea este de armonía, paz, confusión o violencia. Tomar los preceptos como reglas de entrenamiento o pautas de moralidad, significa que uno los tiene en cuenta, y que vuelve a ellos como fundamento del juicio propio y en consecuencia, de su comportamiento. Ellos limpian la mente y la protegen de la culpa, la ansiedad, el miedo y la falta de confianza en uno mismo.

Cuando practicamos la atención plena y evitamos decir o hacer cosas que pueden lastimar a nosotros mismos y a los demás, incluyendo el ambiente, notamos que surge el auto-respeto, la auto-confianza y la tranquilidad en la mente. Cuando se vuelve habitual la observancia de los preceptos de no dañar, abstenerse de una conducta sexual inapropiada, robar, mentir e ingerir bebidas embriagantes, entonces la comunidad o la sociedad es una en la que el potencial máximo o las frágiles flores de la virtud de la mente pueden florecer.

Esto crea una atmósfera que conduce a la Realización de la Verdad, y, por lo tanto, a un modo de vida noble y hermoso.

Ahora, al hablar de Sila, al hablar sobre los preceptos y de las intenciones que tenemos, existen ciertas fuerzas o poderes emocionales de la mente que nos ayudan a desarrollar y mantener tal pureza. Ellas son llamadas en la lengua pali, Hiri y Ottapa.

Estos han sido traducidos de diversas formas. Con frecuencia hiri es traducido como una sensación de vergüenza o conciencia; Ottapa, como terror o miedo a lo malo. Cuando se ven en la traducción, los términos parecen más bien prohibitivos, y no nos sentimos inspirados por ellos,  como lo hacemos cuando vemos, por ejemplo, los Siete Factores de la Iluminación, la atención consciente, la investigación del Dhamma, o la elevación a estados superiores de conciencia, etc. Éstas son cosas a las que aspiramos con gran facilidad, pero los humildes Dhammas de Hiri y Ottapa no tienen ese mismo atractivo. Tendemos a confundirlos con la culpa, la represión y las reacciones neuróticas, incluso recurriendo a nuestras experiencias anteriores en la vida para explicarlos.

El Buddha mismo, sin embargo, les dio gran importancia. Las tenía en alta estima nombrándolas protectoras del mundo, las cosas que defenderían y protegerían a los seres humanos y a la sociedad de la desintegración, el caos o la anarquía. Mientras no estemos iluminados, conservamos nuestros deseos egoístas. No somos capaces de abandonarlos, sino que nos aferramos a ellos con tenacidad; pero podemos, al menos, llegar a una resolución basada en la reflexión y la comprensión para que nuestros defectos tampoco causen sufrimiento a los demás. No actuaremos ni hablaremos de conductas que estén motivadas por nuestras impurezas. No nos permitiremos causar dolor o angustia a los demás, la sociedad o la naturaleza. Ahora bien, hay momentos en lo que nos gustaría no haber tomado tales decisiones, cuando el deseo es muy fuerte y la mente [está] agitada. En tal estado de inquietud, lo que tiende a surgir es una especie de mecanismo de contrademanda. Hay un susurro en la mente, un leve susurro; -"Hacer esto no es bueno, esto no es correcto"-, y luego el mecanismo de contrademanda es algo así como "Cállese, estoy ocupado" o "No importa, no se haga lío, simplemente no piense en eso". Cierta forma de negación, sofoco, sin tener en cuenta lo que llamamos el pinchazo donde surge la conciencia, y es ahí donde podemos romper nuestros preceptos, para después sentir remordimiento -incluso aversión hacia uno mismo al considerarse una mala persona y cosas así. En tal dirección, el motivo por la que el Buddha dio una importancia tan central a Hiri y Ottapa es porque son la voz que dice "No es apropiado, no es correcto", la voz que dice "Si hace esto entonces sucederá aquello, y eso que ocurrirá va a ser muy desagradable para nosotros y para otros".

Hiri y Ottappa son shankaras. Son fenómenos condicionados, lo que significa que pueden ser desarrollados o bien, pueden ser abandonados e ignorados, pero más que reforzar nuestra reflexión sobre ellos mediante la comprensión y la repetición constante, aún mayor es nuestra resistencia a ansiar. Esta es la victoria sobre uno mismo. El Buddha dijo que la victoria sobre diez mil enemigos no es tan grande como la victoria sobre uno mismo, lo que significa que la victoria de los Dhammas beneficiosos sobre los Dhammas malsanos. Por tanto, Hiri y Ottapa, una vez los hemos desarrollado bien, pueden estar en el frente y luchar contra la corriente de deseo; nos salvan de realizar, decir, o incluso contentarse mentalmente en lo que es perjudicial para nosotros.

Hiri, esa sensación de vergüenza o conciencia es, en realidad, retroceder de lo que es inapropiado, cuya consecuencia natural es que deberíamos siempre considerar la importancia y lo adecuado de nuestras acciones. Podríamos considerar en un cierto número de varios y diferentes niveles, aspectos como ¿qué es apropiado en una escala más amplia?, ¿qué es apropiado para nosotros como seres humanos?, ¿qué es apropiado en nuestras relaciones con los otros?, ¿Qué clase de principios son adecuados y correctos y son principios nobles? ¿Cómo deberíamos actuar hacia la naturaleza -el ambiente? Deberíamos observar lo que resulta apropiado en las relaciones personales hacia la madre, el padre, la hermana, el hermano, el/la cónyuge, los compañeros del trabajo y demás. Realmente necesitamos evaluar qué principios deberían guiar nuestra conducta hacia todas esas personas, y como budistas, qué es comportamiento, habla y pensamiento adecuados.

Cuanto más reflexionemos sobre estos aspectos de nuestro comportamiento, discriminando entre lo apropiado y lo inapropiado, más hay que entrenar la mente, haciéndola luego más refinada, susceptible, segura y protegida.

Ottapa es una reflexión sobre el kamma; la disposición y preparación para detenerse a reflexionar y discurrir sobre ello. Consideramos a todo el proceso desde la primera acción (con las ramificaciones tanto para nosotros mismos como para los demás) hasta el resultado final. Entre más clara es nuestra comprensión, más fuerte es nuestra fe razonada en el kamma. Se desarrolla un miedo racional, un miedo inteligente basado en las lamentables consecuencias de nuestras acciones perjudiciales. Estas fuerzas o influencias orientadoras no son emociones ciegas, aunque hay una fuerza emocional basada en la sabiduría y el entendimiento allí, un discernimiento de lo que es apropiado y de lo que resultará de nuestras acciones. Por supuesto, cuando la mente está intoxicada, llena de negatividad o deseo, estas son cosas en las que no deseamos reflexionar porque se lleva gran parte de la agitación, la ansiedad y el placer al detenernos a considerar "¿Es esto en realidad apropiado?; ¿Cuáles podrían ser las consecuencias para nosotros y para los demás?".

En el Abhidhamma, se afirma que cada estado mental malsano está acompañado por la imprudencia y la desvergüenza -los opuestos de Hiri y Ottapa. Cuando Hiri y Ottapa son fuertes y resueltos, tenemos el freno de la autodisciplina que nos permite abstenernos de cualquier placer momentáneo mediante la comprensión de que esto conducirá, al final, a un aumento del apego, el miedo, la paranoia, la ansiedad, la preocupación, el pesar y la desesperación. Cuando Hiri y Ottapa están presentes, podemos guardar con facilidad los preceptos como fundamento de la vida espiritual no sólo a través de su aceptación intelectual, sino mediante el respaldo emocional suplementario, como un amigo y una gran fuerza protectora.

 


FUENTE:

Ajahn Jayasaro [en línea] Hiri Ottapa . Disponible en: http://www.knowbuddhism.info/2009/01/hiri-ottappa-ajahn-jayasaro.html (22 de enero de 2009).

 


Traducido por Upasika Sujata para Bosque Theravada © 2009

Publicado por el Bosque Theravada © 2009

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Ajahn Jayasaro

Ajahn Jayasaro (Shaun Chiverton) (1.958 - ). Nació en Isle of Wight, Inglaterra. Comenzó su entrenamiento en 1.978 en la comunidad de Ajahn Sumedho. En noviembre del mismo año marchó a Wat Pa Pong, Tailandia, donde se ordenó como novicio y como bhikkhu en 1.980 con Ajahn Chah como su preceptor.

Ver la biografía de Ajahn Jayasaro y sus artículos publicados en Bosque Theravada.

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