Sábado, 05 Agosto 2017 20:10

MN 83 Makhadeva Sutta – Discurso con Makhadeva

Valora este artículo
(0 votos)

La historia de un antiguo linaje de reyes, que narra cómo esta virtuosa tradición fue rota por culpa de la negligencia.

 


[Leer en pali]

[1] Esto he escuchado:

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en la arboleda de los mangos de Makhadeva, cerca de Mithila.

[2] Entonces, en un cierto lugar el Bienaventurado sonrío. Y al verlo, el Venerable Ananda tuvo este pensamiento: “¿Cuál es la razón, cuál es la causa de la sonrisa del Bienaventurado? Los Tathagatas no sonríen sin una razón”. Acto seguido, arregló su hábito exterior sobre uno de sus hombros, extendió sus manos con las palmas juntas en un reverencial saludo hacia el Bienaventurado y le preguntó: “¿Cuál es la razón, Venerable Señor, cuál es la causa de la sonrisa del Bienaventurado? Los Tathagatas no sonríen sin una razón”.

[3] “Una vez, Ananda, en este mismo Mithila, había un rey de nombre Makhadeva. Era un rey recto, que gobernaba a través del Dhamma, un gran rey que se estableció en el Dhamma. Se condujo a sí mismo por el Dhamma entre los brahmanes y los hombres hogareños, entre los ciudadanos y los habitantes de los poblados, y observó los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena.

[4] “Y después de muchos años, muchos cientos de años, muchos miles de años, el rey Makhadeva se dirigió a su barbero así: ‘Querido barbero, cuando veas las canas creciendo sobre mi cabeza, avísame, por favor’. ‘Sí, señor’, le respondió y, después de muchos años, muchos cientos de años, muchos miles de años, vio las canas crecer en la cabeza del rey Makhadeva. Y cuando las vio, dijo al rey: ‘Los divinos mensajeros aparecieron, señor; se ven crecer canas sobre la cabeza de su majestad’. ‘Entonces, mi buen barbero, saca estas canas de mi cabeza con la pinza, cuidadosamente, y ponlas en la palma de mi mano.’ ‘Sí, señor’, respondió el barbero y, sacando las canas con la pinza cuidadosamente, las puso en la palma de la mano del rey.

[5] “Entonces, el rey Makhadeva dio la mejor de sus localidades a su barbero, llamó al príncipe, su hijo mayor y le dijo: ‘Querido príncipe, los divinos mensajeros aparecieron, se ven crecer canas sobre mi cabeza. He disfrutado de los placeres sensuales y ahora es tiempo para buscar los placeres sensuales divinos. Ven, querido príncipe, y hazte cargo del reino. Mientras, yo voy a afeitar mi cabeza y barba, me pondré el hábito amarillo y renunciaré a la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar. Y después tú también, querido príncipe, cuando veas las canas creciendo sobre tu cabeza, después de ofrecerle la mejor de tus localidades a tu barbero, y después de haber instruido cuidadosamente al príncipe, tu hijo mayor, en la realeza, afeita tu cabeza y barba, ponte el hábito amarillo y renuncia a la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar. Continúa esta buena práctica, instituida por mí y no seas el último hombre. Porque mientras haya dos hombres con vida y, en virtud de esto, se produzca el quiebre de esta buena práctica, éste será el último hombre en medio de ellos. Por eso, querido príncipe, continúa esta buena práctica instituida por mí y no seas el último hombre‘.

[5] “Acto seguido, después de haber dado la mejor de sus localidades a su barbero y haber instruido cuidadosamente al príncipe, su hijo mayor en la realeza, afeitó su cabeza y barba en la arboleda de Makhadeva y, vistiendo el hábito amarillo, renunció a la vida hogareña y asumió el estilo de vida sin hogar.

Entonces, permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida del gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[6] “Por ochenta y cuatro mil años el rey Makhadeva jugó los juegos infantiles; por ochenta y cuatro mil años actuó como virrey; por ochenta y cuatro mil años gobernó el reino; por ochenta y cuatro mil años llevó la vida santa en esta arboleda de los mangos de Makhadeva, después de haberse afeitado la cabeza y barba, de haberse puesto el hábito amarillo y haber renunciado a la vida hogareña, asumiendo el estilo de vida sin hogar. Y mediante el desarrollo de las cuatro moradas divinas, al disolverse su cuerpo, después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[7-9] “Y después de muchos años, muchos cientos de años, muchos miles de años, el hijo del rey Makhadeva se dirigió a su barbero así: ‘Querido barbero, cuando veas las canas creciendo sobre mi cabeza, avísame, por favor’. ‘Sí, señor’… [sigue igual que en 4 al 6]Y mediante el desarrollo de las cuatro moradas divinas, al disolverse su cuerpo, después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[10] “Y los ochenta y cuatro mil descendientes, sucesores del hijo del rey Makhadeva, después de haberse afeitado la cabeza y barba, haberse puesto el hábito amarillo, renunciaban a la vida hogareña y asumían el estilo de vida sin hogar en esta arboleda de los mangos de Makhadeva. Todos ellos permanecían impregnando un cuadrante con la mente imbuida de amor benevolente… imbuida de compasión… imbuida del gozo altruista… imbuida de ecuanimidad… abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[11] “Por ochenta y cuatro mil años jugaban los juegos infantiles; por ochenta y cuatro mil años actuaban como virreyes; por ochenta y cuatro mil años gobernaban el reino; por ochenta y cuatro mil años llevaban la vida santa en esta arboleda de los mangos de Makhadeva, después de haberse afeitado la cabeza y barba, después de haberse puesto el hábito amarillo y haber renunciado a la vida hogareña, asumiendo el estilo de vida sin hogar. Y mediante el desarrollo de las cuatro moradas divinas, al disolverse sus cuerpos, después de la muerte, renacían en el mundo del Brahma.

[12] “Nimi era el nombre del último de estos reyes. Él era un rey recto que gobernaba a través del Dhamma, un gran rey que se estableció en el Dhamma. Se condujo a sí mismo por el Dhamma entre los brahmanes y los hombres hogareños, entre los ciudadanos y los habitantes de los poblados, y observó los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena.

[13] “Una vez, Ananda, cuando los Treinta y Tres Dioses estaban reunidos, sentados en el lugar de la asamblea de Sudhamma, surgió entre ellos esta conversación: ‘Es una ganancia para la gente de Videha, señores, es una gran ganancia para ellos el hecho de que el rey Nimi sea recto y que gobierne a través del Dhamma, que sea un gran rey establecido en el Dhamma. Que se conduzca a sí mismo por el Dhamma entre los brahmanes y los hombres hogareños, entre los ciudadanos y los habitantes de los poblados, y que observe los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena’.

Entonces Sakka, el gobernador de los devas se dirigió a los Treinta y Tres Dioses: ‘Queridos señores, ¿queréis ver al rey Nimi?’. ‘Sí, señor, queremos ver al rey Nimi’.

En esta ocasión, empezaba el día de Uposatha de la quincena y el rey Nimi se lavó la cabeza y subió a su aposento superior, donde se sentó para observar el día de Uposatha. Entonces, tan rápido como un hombre fuerte extiende su brazo doblado o lo dobla cuando está extendido, Sakka, el gobernador de los devas desapareció de entre los Treinta y Tres Dioses y apareció enfrente del rey Nimi, y le dijo: ‘Es una ganancia para usted, gran rey, es una gran ganancia para usted. Cuando los Treinta y Tres Dioses estaban reunidos, sentados en el lugar de la asamblea de Sudhamma, surgió entre ellos esta conversación: «Es una ganancia para la gente de Videha… que observe los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena». Gran rey, los dioses desean verlo. Yo envié por un carro asido por mil caballos purasangre, gran rey, para que montara este carro divino sin temor’.

Entonces el rey Nimi consintió en silencio. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte extiende su brazo doblado o lo dobla cuando está extendido, Sakka, el gobernador de los devas desapareció de frente del rey Nimi y apareció entre los Treinta y Tres Dioses.

[14] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, se dirigió al auriga Matali de esta manera: ‘Ven, buen Matali, prepara el carro asido por mil caballos purasangre y ve por el rey Nimi, diciéndole: ‘Gran rey, este carro asido por mil caballos purasangre, ha sido enviado para usted por Sakka, el gobernador de los devas, para que montase este carro divino sin temor’. ‘Que sus palabras permanezcan sagradas’, respondió el auriga Matali e hizo el cometido, agregando esto al rey Nimi: ‘Pero, ¿por cuál de las rutas voy a conducirle, señor: por aquella, en la que los malhechores experimentan los resultados de las malas acciones, o por aquella, en la que los bienhechores experimentan los resultados de sus buenas acciones?’. ‘Condúceme por ambas rutas, Matali’.

[15] “Entonces, el auriga Matali llevó al rey Nimi a la asamblea de Sudhamma. Y Sakka, el gobernador de los devas, vio al rey Nimi llegando desde cierta distancia y le dijo: ‘¡Venga, gran rey! ¡Sea bienvenido, gran rey! Los Treinta y Tres Dioses, gran rey, sentados en la asamblea de Sudhamma, han expresado esto: «Es una ganancia para la gente de Videha, señores, es una gran ganancia para ellos el hecho de que el rey Nimi sea recto y que gobierne a través del Dhamma… y que observe los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena». Gran rey, los Treinta y Tres Dioses desean verle. Que el gran rey disfrute de la majestuosidad de los devas’.

“’Es suficiente, buen señor. Que el auriga me conduzca de vuelta a Mithila, por favor. Allí me seguiré conduciendo a mí mismo por el Dhamma entre los brahmanes y los hombres hogareños, entre los ciudadanos y los habitantes de los poblados, y observaré los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena’.

[16] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas se dirigió al auriga Matali de esta manera: ‘Ven, buen Matali, prepara el carro asido por mil caballos purasangre y conduzca al rey Nimi de vuelta a Mithila’. ‘Que sus palabras permanezcan sagradas’, respondió el auriga Matali y, habiendo preparado el carro asido por mil caballos purasangre, condujo de vuelta al rey Nimi a Mithila. Y estando allí, el rey Nimi se conducía a sí mismo por el Dhamma entre los brahmanes y los hombres hogareños, entre los ciudadanos y los habitantes de los poblados, y observaba los días de Uposatha del catorce, quince y ocho de la quincena.

[17-19] “Y después de muchos años, muchos cientos de años, muchos miles de años, el rey Nimi se dirigió a su barbero así: ‘Querido barbero, cuando veas las canas creciendo sobre mi cabeza, avísame, por favor’. ‘Sí, señor’… [sigue igual que en 4 al 6]Y mediante el desarrollo de las cuatro moradas divinas, al disolverse su cuerpo, después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[20] “Pero el hijo del rey Nimi, de nombre Kalarajanaka, no renunció a la vida hogareña para asumir el estilo de vida sin hogar. Él había roto esta buena práctica y, entonces, llegó a ser el último hombre entre ellos.

[21] “Ahora bien, Ananda, quizás pienses así: ‘Seguramente, alguien más era el rey Makhadeva en aquella ocasión’. Pero no deberías considerarlo de esta manera, porque yo mismo fui el rey Makhadeva en aquella ocasión. Yo instituí esta buena práctica y las generaciones venideras continuaron esta buena práctica instituida por mí. Sin embargo, Ananda, aquella clase de buena práctica no conduce al desencantamiento, al desapasionamiento, al cese, a la paz, al conocimiento directo, a la Iluminación ni al Nibbana, sino solamente al renacimiento en el mundo del Brahma. Pero he aquí, Ananda, hay otra clase de buena práctica que ha sido instituida por mí ahora, que conduce al desencantamiento, al desapasionamiento, al cese, a la paz, al conocimiento directo, a la Iluminación y al Nibbana. Y, ¿cuál es esta buena práctica? Es el Noble Óctuple Sendero, es decir, el recto punto de vista, la recta intención, la recta forma de hablar, la recta acción, la recta forma de vida, el recto esfuerzo, la recta atención consciente y la recta concentración. Esta es la buena práctica que conduce al desencantamiento, al desapasionamiento, al cese, a la paz, al conocimiento directo, a la Iluminación y al Nibbana.

Yo te digo, Ananda, continúa con esta buena práctica instituida por mí y no seas el último hombre. Porque mientras haya dos hombres con vida y en virtud de esto se produzca el quiebre de esta buena práctica, éste será el último hombre en medio de ellos. Por eso, Ananda, te digo: continúa esta buena práctica instituida por mí y no seas el último hombre”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado, y el Venerable Ananda fue satisfecho y se regocijó en las palabras del Bienaventurado.

 


NOTA: 

[1] Cuadrante o punto cardinal.

 


FUENTES:

Bhikkhu Ñanamoli y Bhikkhu Bodhi (1995). Makhadeva Sutta – King Makhadeva The Middle-Length Discourses of the Buda: A Translation of the Majjhima Nikaya. Boston, Wisdom Publications. Pp. 463-466.

Makhadevasuttam en Digital Pali Reader 4.1.

Traducido por Anton P. Baron

Editado por Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015. 

 

 

 

Visto 1137 veces Modificado por última vez en Martes, 14 Agosto 2018 15:38