Sábado, 28 Octubre 2017 19:45

AN 4,22 Dutiyauruvela Sutta – Segundo discurso en Uruvela

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El Buda, acusado por un grupo de brahmanes de no venerar a los ancianos maestros, enumera cuatro cualidades que hacen de uno un verdadero “anciano” en esta vida espiritual, independiente de su edad.


[Leer en pali]

[22] “Monjes, en una ocasión, estaba morando en Uruvela, cerca del árbol de la higuera de las cabras, en la ribera del río Neranjara, justo después de haber alcanzado la iluminación. Entonces, se acercó a mí un número de brahmanes que son ancianos, entrados en la edad, cargados con los años, avanzados en la vida, que arribaron a la última etapa de sus vidas, quienes intercambiaron conmigo cordiales saludos. Cuando concluyeron estos saludos y amables palabras de bienvenida, se sentaron a un lado y me dijeron:

“Maestro Gotama, hemos escuchado esto: ‘El asceta Gotama no rinde homenaje a los brahmanes que son ancianos, entrados en la edad, cargados con los años, avanzados en la vida, que arribaron a la última etapa de sus vidas; tampoco se pone de pie frente a ellos ni les ofrece asiento’. Y, esto es cierto, porque el Maestro Gotama no rinde homenaje a los brahmanes que son ancianos, entrados en la edad, cargados con los años, avanzados en la vida, que arribaron a la última etapa de sus vidas; tampoco se pone de pie frente a ellos ni les ofrece asiento. Esto no es apropiado, Maestro Gotama”.

“Entonces, se me ocurrió que estos venerables señores no saben quién es un anciano o cuáles son las cualidades que hacen de uno un anciano. Incluso, si se tratase de un anciano —de ochenta, noventa o cien años—, pero que hablase fuera del tiempo apropiado, hablase falsedades, hablase lo que no es beneficioso, hablase lo contrario al Dhamma y disciplina; si, fuera del tiempo apropiado, pronunciase palabras sin valor, irracionales, enmarañadas y no beneficiosas, sería contado como un anciano infantil [tonto].

“Pero por otro lado, incluso, si se tratase de un joven de negra cabellera, envuelto con la dicha de la juventud, en la primicia de su vida, pero que hablase dentro del tiempo apropiado, hablase lo que es verdadero, hablase lo que es beneficioso, hablase de acuerdo con el Dhamma y disciplina; si, dentro del tiempo apropiado, pronunciase palabras dignas de ser recordadas, sucintas y beneficiosas, sería contado como un anciano.

“He aquí, monjes, estas cuatro cualidades que hacen de uno un anciano. Y, ¿cuáles son esas cuatro?

“He aquí, monjes,  el monje es virtuoso; vive restringido por el Patimokkha, dotado de buena conducta y [otros] recursos, viendo el peligro en la más mínima falta. Habiéndose sometido al entrenamiento de las reglas, permanece entrenándose en ellas.

“Además, monjes, es estudioso, se recuerda de lo que aprendió y acumuló, de lo que fue enseñado por parte de aquellos maestros que son buenos desde el comienzo, buenos en el medio y buenos al final, que explican bien tanto el espíritu como la letra, que proclaman una vida espiritual perfecta, completa y pura; enseñanzas semejantes a estas, retiene en la mente, las recita verbalmente, las escudriña en la mente y las penetra bien con la visión.

“Además, monjes, es alguien que gana a voluntad, sin problema ni dificultad, los cuatro jhanas que componen la mente superior y son una morada placentera en esta presente vida.

“Además, monjes, con la destrucción de las corrupciones mentales, es alguien que descubrió por sí mismo, con el conocimiento directo, la inmaculada liberación de la mente, liberación a través de la sabiduría y, habiendo entrado en ella, permanece allí.

“Estas son, monjes, las cuatro cualidades que hacen de uno un anciano”.

El torpe de mente inquieta,

que habla frivolidades,

con pensamientos intranquilos,

deleitándose en el mal dhamma,

sosteniendo falsos puntos de vista, irrespetuoso,

está muy lejos de tener la estatura de un anciano.

Pero alguien realizado en virtud,

estudioso, dotado de discernimiento,

auto-controlado en factores de firmeza,

quien claramente entiende los significados con sabiduría;

yendo más allá de los fenómenos,

fructífero, con discernimiento,

que abandonó el nacimiento y la muerte,

consumado en la vida espiritual,

en quien no existen las corrupciones mentales:

éste es alguien que puede ser llamado anciano.

Con la destrucción de las corrupciones,

el monje es llamado anciano.

 


FUENTES:

Bhikkhu Bodhi (2012). The Uruvela en The Numerical Discourses of the Buddha: A Translation of the Anguttara Nikaya. Boston: Wisdom Publications. Pp. 408-410.

“Dutiyauruvelasutta” y [en línea] en World Tipitaka Edition 


Traducido por Anton P. Baron

Editado por Federico Angulo y  Anton P. Baron

Publicación del Bosque Theravada, 2012.

 

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