Viernes, 30 Mayo 2008 14:54

MN 86 Angulimala Sutta - Discurso sobre Angulimala

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Historia de una impresionante metamorfosis: el “bandido Angulimala” se convierte en “Venerable Angulimala”. Un asesino, que encuentra refugio en el Buda, desarrolla un corazón compasivo y llega a ser un santo (un arahant).

[Leer en pali]

Esto he oído. En una ocasión, el Bienaventurado se había quedado en Savatthi, en el Bosquecillo del Jeta, en el Parque del Anathapindika.

En esta ocasión, en el reino del rey Pasenadi de los Kosalas vivía un bandido de nombre Angulimala, quien era un asesino, un hombre brutal y sangriento, dado a la violencia y despiadado con los seres vivos. En esta época, destruyó campiñas, ciudades y hasta pueblos enteros. Constantemente, estaba asesinando gente, ataviándose con una guirnalda hecha de sus dedos.

Entonces, cuando aún era de mañana, el Bienaventurado se vistió y, tomando su tazón y la vestimenta exterior, se fue a Savatthi para pedir limosnas. Una vez que haya vuelto de su habitual ronda en búsqueda de las limosnas, había comido y ordenado su lugar de descanso, después de lo cual, tomó otra vez su tazón y su vestimenta exterior y se dirigió por el camino que llevaba junto a Angulimala. Los pastores de bacas y ovejas, los granjeros y los viajeros, al ver al Bienaventurado caminando sólo por el camino que llevaba a Angulimala, le decían lo siguiente: “No tomes este camino, monje. Este es el camino de Angulimala, quien es un asesino, un hombre brutal y sangriento, dado a la violencia y despiadado con los seres vivos. Él destruyó campiñas, ciudades y hasta pueblos enteros. Constantemente, está asesinando gente y se atavió con una guirnalda hecha de sus dedos. Había hombres en este camino que iban en grupos de diez, veinte, treinta y hasta cuarenta, y aún así cayeron en manos de Angulimala.” Cuando dijeron esto, el Bienaventurado prosiguió en silencio.

Entonces, por segunda vez... por tercera vez los pastores de bacas y ovejas, los granjeros y los viajeros, al ver al Bienaventurado caminando sólo por el camino que llevaba a Angulimala, le decían lo mismo, pero aún así, el Bienaventurado prosiguió en silencio.

El bandido Angulimala divisó al Bienaventurado avanzar, desde cierta distancia. Cuando lo vio, pensó así: “¡Esto es fenomenal, es maravilloso! Antes había hombres en este camino que iban en grupos de diez, veinte, treinta y hasta cuarenta, y aún así cayeron en mis manos. Pero ahora, este monje viene sólo, sin acompañamiento alguno, como si fuera guiado por el destino. ¿Por qué no tendría que quitarle la vida?” Angulimala entonces, tomó su espada y su escudo y, abrochándose con su arco y su carcaj, se puso a seguir al Bienaventurado.

Entonces, el Bienaventurado llevó a cabo una proeza con sus poderes sobrenaturales de tal manera, que el bandido Angulimala, aunque caminaba tan rápido como le fuera posible, no podía alcanzar al Bienaventurado, el cual caminaba con un paso normal. Entonces, el bandido Angulimala pensó lo siguiente: “¡Esto es fenomenal, es maravilloso! Antes, yo podía alcanzar hasta a un veloz elefante y agarrarlo; podía alcanzar hasta a un veloz caballo y agarrarlo; podía alcanzar hasta a un veloz carro y agarrarlo; podía alcanzar hasta a un veloz ciervo y agarrarlo; pero ahora, por más que esté caminando tan rápido como me es posible, no puedo alcanzar a este monje, el cual camina con un paso normal.” Entonces, se paró y llamó al bienaventurado: “¡Para, monje! ¡Para, monje!”

“Ya he parado, Angulimala, pero para tú también”.

Entonces, el bandido Angulimala pensó: “Este monje, el hijo de los Sakyas, habla la verdad y reafirma la verdad; sin embargo, aunque este monje está todavía caminando, dijo ‘Ya he parado, Angulimala, pero para tú también’. Pienso hacerle algunas preguntas”.

Entonces, el bandido Angulimala, se dirigió al Bienaventurado con los siguientes versos:

“Mientras estás caminando, monje, me dices que has parado;

Pero ahora, cuando yo he parado, tú dices que aún no lo hice.

Yo te pregunto, oh monje, sobre el significado de esto:

¿Cómo es esto, que tú has parado y yo todavía no?”

“Angulimala, yo he parado por siempre,

Porque me abstengo de violentar a los seres vivos;

Pero tú, no te has restringido hacia lo que vive:

Es por eso, que yo he parado, pero tú, todavía no.”

“Oh, por fin, este monje, el venerado sabio,

Ha llegado a este gran bosque para mi bien,

Habiendo escuchado tu verso, enseñándome el Dhamma,

Yo realmente voy a renunciar el mal, por siempre”.

Dicho esto, el bandido tomó su espada y sus armas,

Y los lanzó desde la sima a un hueco foso;

El bandido veneró los pies del Sublime,

Y entonces, ahí pidió poder irse con él.

El Iluminado, el Sabio de la Gran Compasión,

El Maestro del mundo con sus dioses,

Se dirigió a él con estas palabras: “Ven, monje.”

Y así fue, como aquél se convirtió en monje.

Entonces, el Bienaventurado emprendió el camino de vuelta a Savatthi en compañía de Angulimala como su ayudante. Caminando entre los pueblos, finalmente llegaron a Savatthi, al Bosquecillo del Jeta en el Parque del Anathapindika.

En esta ocasión, una gran muchedumbre de gente se reunió en la puerta del palacio interior del rey Pasenadi, haciendo un gran ruido, gritando y llorando, le dijeron: “¡Señor, el bandido Angulimala está en tu reino! ¡Él es un asesino, un hombre brutal y sangriento, dado a la violencia y despiadado con los seres vivos1 ¡Él destruyó campiñas, ciudades y hasta pueblos enteros! ¡Constantemente, está asesinando gente, ataviándose con una guirnalda hecha de sus dedos! ¡El rey tiene que apresarle!

Entonces, al medio día el rey Pasenadi de los Kosalas se dirigió a Savatthi con la caballería compuesta de quinientos hombres, a los cuales hizo salir del Parque. Hasta dónde el camino le permitía, estaba conduciendo un carruaje, pero luego descendió de él y se a fue a pie junto al Bienaventurado. Después de haberle homenajeado, se sentó al lado del Bienaventurado, mientras que éste le preguntó lo siguiente: “¿Qué significa esto, gran rey? ¿Es que el rey Seniya Bimbisara de Magadha te atacó? ¿O fue el Licchavis de Vesali o algún otro rey hostil?”

“Venerable señor, el rey Seniya Bimbisara de Magadha no me atacó, ni tampoco el Licchavis de Vesali, ni ningún otro rey hostil. Pero he aquí, que un bandido de nombre Angulimala entró en mi reino, y él es un asesino, un hombre brutal y sangriento, dado a la violencia y despiadado con los seres vivos. Él destruyó campiñas, ciudades y hasta pueblos enteros. Constantemente, está asesinando gente, ataviándose con una guirnalda hecha de sus dedos. ¡Tengo que apresarle, venerable señor!”

“Gran rey, imagínate que Angulimala raspara su barba y su cabeza, se pusiera la túnica amarilla y, abandonando la vida hogareña, fuera a vivir la vida sin hogar. Imagínate, que se abstuviera de matar a los seres vivos, de tomar lo que no le ha sido dado y de mentir. Que comiera una sola vez por día, viviera en celibato, una vida virtuosa y de buen carácter. Si tú lo vieras de esta manera, ¿cómo lo tratarías?”

“Venerable señor, nosotros le rendiríamos el homenaje, nos levantaríamos delante de él y le invitaríamos que tomara asiento. O, lo invitaríamos a que tomara la vestimenta, comida, el lugar de descanso y los requisitos medicinales. O, arreglaríamos para él, un lugar de guarida, de defensa y de protección. Pero, venerable señor, ¿cómo podría semejante hombre inmoral y de mal carácter tener tanta virtud y restricción?”

En esta ocasión, el Venerable Angulimala estaba sentado no muy lejos del Bienaventurado. Entonces, el Bienaventurado, extendió su brazo derecho y dijo al rey Pasenadi de los Kosalas: “Gran rey, él es el Angulimala”.

Entonces, el rey Pasenadi se atemorizó, se alarmó y se aterrorizó. Viendo esto, el Bienaventurado le dijo: “No tengas miedo, gran rey, no tengas miedo. No tienes nada que temer de él”.

Entonces, el miedo, el pánico y el terror del rey disminuyeron. Y se acercó al Venerable Angulimala diciendo: “Venerable señor, ¿es el noble señor realmente Angulimala?”

“Sí, gran rey”.

“Venerable señor, ¿de qué familia es el padre del noble señor? ¿De qué familia es su madre?”

“Mi padre es Gagga, gran rey, y mi madre es Mantani”.

“Que el noble señor Gagga Mantaniputta descanse contento. Yo me encargaré de proveerle la vestimenta, la comida, el lugar de descanso y los requisitos medicinales para el noble señor Gagga Mantaniputta”.

Pero en esta época, el Venerable Angulimala era un habitante del bosque, comía la comida de la limosna, vestía ropa hecha de trapos tirados y se restringía a sí mismo a tener sólo tres vestimentas. Entonces, respondió: “Tengo suficiente, gran rey, mi triple vestimenta es completa”.

El rey Pasenadi, entonces, volvió junto al Bienaventurado y, después de haberle hecho homenaje, se sentó al lado y dijo: “¡Esto es fenomenal, es maravilloso! Venerable señor: es maravilloso cómo el Bienaventurado doma lo indomable, pone la paz en lo perturbado y lleva al Nibbana a aquellos que no han podido alcanzar el Nibbana. Venerable señor, nosotros no íbamos a poder domarlo ni siquiera con fuerza, ni con las armas, y el Bienaventurado pudo hacerlo sin usar la fuerza ni las armas. Y ahora, venerable señor, vamos a partir. Estamos ocupados y tenemos mucho que hacer”.

“Puedes ir, gran rey, según tu propia conveniencia”.

Entonces, el rey Pasenadi de los Kosalas se levantó de su asiento, rindió el homenaje al Bienaventurado y se retiró [cuidando por respeto, que el Bienaventurado] quede siempre a su derecha.

En esta ocasión, cuando se hizo de día, el venerable Angulimala se vistió, tomó su tazón y la vestimenta exterior y se fue a Savatthi en búsqueda de limosnas. Mientras caminaba así, pidiendo limosna de casa en casa, vio a una mujer que estaba haciendo una labor muy difícil, una labor muy dolorosa. Entonces, pensó: “¡Qué grande es la aflicción de los seres! Realmente, ¡qué gran aflicción!”.

Una vez que haya caminado por Savatthi en búsqueda de limosnas, retornó de su ronda habitual y, después de la comida, fue junto al Bienaventurado y, al rendirle homenaje, se sentó a su lado. Luego dijo: “Venerable señor, esta mañana me vestí, tomé mi tazón y la vestimenta exterior y me fui a Savatthi en búsqueda de limosnas. Mientras caminaba así pidiendo limosna de casa en casa, vi a una mujer que estaba haciendo una labor muy difícil, una labor muy dolorosa. Entonces, pensé: “¡Qué grande es la aflicción de los seres! Realmente, ¡qué gran aflicción!”.

“En este caso, Angulimala, entra a Savatthi y dile a esta mujer: ‘Hermana, desde que nací, no tengo memoria de privarle alguna vez e intencionalmente, la vida de algún ser vivo. Mediante esta verdad, ¡que estés bien tú y tu pequeño hijo también!’“

“Venerable señor, ¿cómo podría yo decir adrede tal mentira, siendo que yo deliberadamente privé la vida a muchos seres vivos?”

“Entonces, Angulimala, entra a Savatthi y dile a esta mujer: ‘‘Hermana, desde que nací a la noble vida, no tengo memoria de privarle alguna vez e intencionalmente, la vida de algún ser vivo. Mediante esta verdad, ¡que estés bien tú y tu pequeño hijo también!’“

“Sí, venerable señor”, respondió el venerable Angulimala y se fue a Savatthi y dijo a aquella mujer: ‘Hermana, desde que nací a la noble vida, no tengo memoria de privarle alguna vez e intencionalmente, la vida de algún ser vivo. Mediante esta verdad, ¡que estés bien tú y tu pequeño hijo también!’ Después de lo cual, la mujer y su pequeño hijo se pusieron bien.

Entonces, el venerable Angulimala viviendo retirado en soledad, siendo diligente en la práctica, ferviente y decidido, no tardó mucho tiempo en descubrir por sí mismo, mediante el conocimiento directo, la meta suprema de esta vida santa, alcanzable aquí y ahora, por la cual los hombres del hogar, correctamente dejan la vida hogareña y se retiran a vivir una vida sin hogar. Directamente conoció esto: “El nacimiento está destruido, la vida santa ha sido vivida, lo que debía ser hecho, ha sido realizado y he aquí que no hay más futuras existencias en este mundo”. Y el venerable Angulimala llegó a ser uno de los arahants.

En una ocasión, cuando se hizo de día, el venerable Angulimala se visitó, tomó su tazón y la vestimenta exterior y se fue a Savatthi en búsqueda de limosnas. Esta vez, alguien lanzó un terrón y golpeó el cuerpo del venerable Angulimala, y otra persona lanzó un palo y también golpeó el cuerpo del venerable Angulimala, y alguien más lanzó un tarro, golpeando su cuerpo. Entonces, el venerable Angulimala llegó junto al Bienaventurado con la sangre derramándose de su cabeza cortada, con su tazón roto y con su vestimenta exterior rasgada. El Bienaventurado, viéndolo venir desde cierta distancia, le dijo: “¡Resiste esto, brahmín, resiste! Estás experimentando aquí y ahora los resultados de tus acciones, por culpa de los cuales podrías haber sido torturado en el infierno por muchos años, por muchos centenares de años, por muchos miles de años.”

Entonces, mientras el venerable Angulimala, estaba retirado en soledad, experimentó la dicha de la liberación, y compuso estos versos:

“Quien una vez vivió en negligencia,

Y luego, no fue más negligente,

Ilumina este mundo,

Como la luna, al salir detrás de las nubes.

Quien frena a los malos actos que haya cometido,

Haciendo cosas beneficiosas, en vez de aquellas,

Ilumina este mundo,

Como la luna, al salir detrás de las nubes.

El joven monje que con devoción

Se esfuerza para cumplir la enseñanza del Buda,

Ilumina este mundo,

Como la luna, al salir detrás de las nubes.

Que mis enemigos escuchen el discurso del Dhamma,

Que sean devotos a la enseñanza del Buda,

Que mis enemigos esperen la buena gente,

Que lleva a otros a aceptar el Dhamma.

Qué mis enemigos preparen el oído de tanto en tanto,

Y que escuchen el Dhamma de aquellos que predican la paciencia,

De aquellos que hablan bien y elogian la amabilidad,

Y que los sigan a través de sus acciones.

Entonces, sin duda, ellos no tendrán más deseos de dañarme,

Tampoco estarán pensando en lastimar a otros seres,

Así que, los que quieren proteger a todos, a los débiles y a los fuertes,

Que alcancen la paz que sobrepasa todo.

Los que hacen conductos, guían a las aguas,

Los flecheros, enderezan las flechas afiladas,

Los carpinteros, trabajan la madera,

Pero los hombres sabios, se amansan a sí mismos.

He aquí, hay algunos que fueron domados con palizas,

Otros con aguijadas o con látigos,

Pero yo fui domado por uno

Que no tuvo vástago ni armas.

‘Inofensivo”, es el nombre que llevo,

Aunque era peligroso en el pasado,

El nombre que llevo hoy es verdadero,

Ya que no daño a ningún ser viviente.

Y aunque alguna vez vivía como un bandido,

Conocido como la “Guirnalda de dedos”,

Alguien que derramó un gran río de sangre,

Me fui al Buda a buscar refugio.

Y aunque alguna vez fui el que derramaba sangre,

Con el nombre “Guirnalda de dedos”,

Viendo el refugio que encontré,

El vínculo que me ataba a las existencias, ha sido cortado.

Mientras he cometido muchos actos que llevan

Al renacimiento en reinos de sufrimiento,

El resultado de ellos ya me alcanzó ahora,

Y así, me alimento libre de deudas.

He aquí, los insensatos y gente sin sentido,

Que se entrega a sí misma a la negligencia,

Pero aquellos que son sabios, practican con ahínco,

Y se ocupan en su bien supremo.

No sigas el camino de la negligencia,

No mires con deleite los placeres sensuales,

En vez de esto, medita con diligencia

Así, alcanzarás la felicidad perfecta.

Sea bienvenida, la elección que hice,

Que permanezca, pues no fue mal hecha;

De todas las enseñanzas existentes,

Escogí la mejor.

Sea bienvenida, la elección que hice,

Que permanezca, pues no fue mal hecha;

He alcanzado el triple conocimiento,

Y he realizado todo lo que el Buda enseña.”


Traducido y editado por Isidatta para el Bosque Theravada © 2008

Esta traducción está basada en las siguientes fuentes: el texto en pali “Chattha Sangayana” en CD-Rom, versión 3. Textos en inglés: “Angulimala Sutta: On Angulimala” en The Middle Lenght Discourses of the Buddha: A Translation of the Majjhima Nikaya de Bhikkhu Ñanamoli y Bhikkhu Bodhi. Boston, Wisdom Publications. Págs. 710-717. “Angulimala Sutta: About Angulimala” [en línea] traducción del pali de Thanissaro Bhikkhu <http://www.accesstoinsight.org/tipitaka/mn/mn.086.than.html > (22/08/2006). “Angulimala Sutta: To Angulimala” en Majjhima Nikaya III [en línea] traducido por Sister Upalavanna <http://www.metta.lk/tipitaka/2Sutta-Pitaka/2Majjhima-Nikaya/Majjhima2/086-angulimala-e1.html > (sine data).

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