Sábado, 24 Mayo 2008 11:53

Los Sakyas

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9. El río Ganges fluye a través de una amplia planicie llana bordeada en su parte norte por las colinas Mahabharar, más allá de las cuales yacen los Himalayas. Justo donde la planicie se une con las colinas estaba la tierra natal de los Sakyas, la tribu en la que nació el Buddha. Los Sakyas pertenecían a la casta guerrera (khattiya) y tenían una reputación de orgullosos y temperamentales. Comparados con los otros estados, los Sakyas eran más bien poco sofisticados, en el filo exterior, por así decirlo, de la civilización que se estaba desarrollando rápidamente al norte de la India en ese momento. Los Sakyas no tenían ciudades como tales, sino asentamientos y aldeas más bien grandes, siendo las principales Kapilavatthu, la capital, Catuma, Komadussa y Silavari.

10. Como todos los pueblos de la época, los Sakyas tenían leyendas sobre sus orígenes, una mezcla de hechos y ficción, destinadas a enfatizar sus proezas y su nobleza. Trazaban sus orígenes hasta el mítico Rey Okkaka. De acuerdo con la leyenda, Okkaka tenía cinco reinas y numerosos hijos, pero sólo el vástago de la reina principal, Bata, estaba destinado al trono. Esos príncipes eran Okkamukha, Karakanda, Hatthinika, y Sinipura. Cuando la reina principal murió, Okkaka se casó con una mujer mucho más joven y la hizo reina principal, pasando por sobre las otras esposas y creando muchos celos. Cuando la nueva reina principal dio a luz a un hijo, Okkaka estuvo tan complacido que le ofreció darle cualquier cosa que ella deseara. Inmediatamente ella respondió: “Quiero que mi hijo herede el trono”. El rey no podía hacer eso porque sus otros cuatro hijos estaban legalmente habilitados para el trono, pero la reina insistió en que él mantuviera su promesa. No siendo capaz de retroceder, lamentablemente hizo príncipe coronado a su nuevo hijo Jantu y expulsó a sus otros hijos. Sus hermanas estaban disgustadas con esta decisión, y como protesta se unieron a sus hermanos en el exilio. Los príncipes y princesas vagabundearon a través de la selva en busca de un lugar adecuado donde vivir. Con el tiempo, llegaron a la ermita del sabio Kapila, quien les dio la bienvenida y los invitó a vivir en las cercanías, cosa que hicieron, llamando a ese lugar Kapilavatthu en honor al sabio. Había aldeas aisladas en el área, pero los jóvenes príncipes eran demasiado orgullosos para casarse fuera de su propia tribu, y entonces hicieron madre a la hermana mayor, Piya, y se casaron con las otras hermanas, algo por lo que los Sakyas fueron molestados frecuentemente siglos más tarde. Más tarde Piya se casó con Rama, el rey de Benares, y sus hijos fueron los ancestros de los Koliya, los parientes de los Sakyas en el Este. Fue el aprendizaje de esta historia y de otras relacionadas a la historia de la tribu, lo que probablemente formó parte de la educación del joven Príncipe Siddharta

11. Los Sakyas tenían un Consejo (sabha) que estaba constituido por guerreros de la tribu respetados por sus proezas o sabiduría militar. El consejo se reunía regularmente en el salón de asambleas de Kapilavatthu (sala) para discutir el gobierno del estado. El consejo también dirimía disputas y actuaba como corte judicial. Un hombre que se hubiera probado a sí mismo en batalla, que fuera rico en tierras y ganado, y que fuera conocido por su sabiduría, tacto y habilidades conciliatorias, sería elegido como presidente del consejo y para actuar como el regente de los Sakyas.

12. Suddhodana, cuyo nombre significa “arroz puro”, cumplía con todos esos requisitos y había gobernado a los Sakyas durante varios años, como lo habían hecho probablemente muchos miembros de su familia anteriormente. Era el hijo de Sihanu y su esposa Kaccana, y era uno de cinco hermanos, siendo los otros Dhotodana, Sakkodana, Sukkodana, y Amitodana. Los Sakyas practicaban la endogamia, el casamiento entre primos, y la poligamia, así que Suddhodhana se casó con dos hermanas, Maha Maya y Maha Pajapati Gotama, siendo las dos sus primas cercanas. Este tipo de arreglo era alentado porque los Sakyas, siendo muy orgullosos, sentían que estaba por debajo de su dignidad casarse con quienes no eran Sakyas, y también porque así se mantenían las propiedades dentro de la familia.

13. El Buda no estaba apegado a su tribu pero tenía una consideración afectuosa hacia ella. Una vez, el joven Brahmán Ambattha abusó de los Sakyas en presencia del Buda. Cuando el Buddha le preguntó por qué estaba tan enojado con los Sakyas, dijo: “Una vez fui a Kapilavatthu a hacer ciertos negocios para mi maestro, el Brahmán Pakkharasati, y llegué al salón de la asamblea de los Sakyas. En ese momento, una multitud de Sakyas estaba sentada en un estrado elevado en su salón de asambleas, apuntándose entre sí con los dedos, y estoy seguro de que se estaban burlando de mí. Nadie me ofreció siquiera un asiento. No es apropiado que ellos no respeten a los Brahmanes”. El Buda defendió a los Sakyas diciendo: “Pero, Ambattha, incluso la codorniz, esa ave pequeña, puede decir lo que quiera en su propio nido”.

Kapilavatthu es el hogar de los Sakyas. No merecen censura por tal desliz menor. Muchos miembros de la familia del Buda se volvieron prominentes en la Sangha, y era probable que de alguna manera el Buddha los favoreciera, aunque no cuando se llegaba a asuntos espirituales. Él hizo a su madre adoptiva, Maha Pajapati Gotama, la cabeza de la Sangha de monjas. De los nueve asistentes diferentes que tuvo el Buda durante su vida, uno, Ananda, era un primo, y otros dos, Nagasamala y Meghiya, eran Sakyas.

14. Después de aproximadamente siete años de no haber escuchado nada sobre su hijo, Suddhodhana llegó a saber que él estaba viviendo en Rajagaha, y que estaba proclamando estar iluminado. Lleno de gozo por saber que su hijo aun estaba vivo, Suddhodhana envió a un mensajero para pedirle que regrese al hogar. El mensajero encontró al Buddha en el Bosque de Bambú en Rajagaha, y quedó tan cautivado escuchando el Dharma que allí mismo, y en ese mismo momento, decidió hacerse monje, olvidando completamente transmitir el mensaje de Suddhodhana al Buddha. Fueron enviados más mensajeros y ocurrió lo mismo. Finalmente, exasperado, Suddhodhana pidió a Kaludayi que tomara el mensaje, pero le dijo que tenía permiso para hacerse monje sólo a condición de que le transmitiera el mensaje al Buddha. Y entonces el Buda llegó a conocer el deseo de su padre de verlo. Poco después se encaminó hacia Kapilavatthu, seguido por una gran comitiva de monjes. Cuando llegaron, se quedaron afuera de la ciudad en un parque, y por la mañana ingresaron a la ciudad para mendigar comida. Recién entonces Suddhodhana se dio cuenta de que su hijo había llegado, y quedó impresionado de saber que su hijo había dormido bajo un árbol en lugar de dormir en el palacio, y que hubiera mendigado alimentos por las calles en vez de deleitarse en la mesa del banquete. “Estás degradando la dignidad de tu familia”, dijo Suddhodhana, conteniendo su ira con dificultad. El Buda respondió: “Suddhodhana, al iluminarse uno se vuelve de la familia de los Nobles, y su dignidad no depende de los lazos externos, sino de la sabiduría y la compasión”. El Buda ofreció muchas enseñanzas en Kapilavatthu y en otras ciudades, y muchos Sakyas se hicieron monjes, mientras que otros se hicieron seguidores entusiastas del Dhamma permaneciendo en la vida de laicos. Después de una resistencia inicial, Suddhodhana escuchó lo que su hijo tenía para decir, y se volvió uno “Que Vuelve una Vez” [1].

15. El fanatismo por su clan y su orgullo finalmente llevaron a los Sakyas a su caída. Aunque los Sakyas eran libres para dedicarse a sus propios asuntos, estaban controlados hasta cierto punto por su poderoso vecino del oeste, Kosala. Por los tiempos del Buda, Kosala se había involucrado tanto en los asuntos de los Sakyas que el mismo Buddha describió alguna vez a su tierra natal como parte de Kosala. “Ahora los Sakyas son vasallos del rey de Kosala. Le ofrecen servicio y lo saludan, lo apoyan, le rinden honor y deferencia.” El amor del Buda por la libertad personal y la independencia fue probablemente influido por su educación Sakya, y no hay duda de que él simpatizaba con las pequeñas repúblicas tribales en sus luchas por mantener su independencia de las monarquías autoritarias que estaban emergiendo en aquella época. Cuando escuchó que el Rey Ajatasattu estaba preparándose para invadir la república Vajjia, le preguntó a Ananda: “¿Has oído que los Vajjia mantienen asambleas frecuentes y regulares, que se reúnen en armonía, manejan los negocios en armonía, y que imploran en armonía, que se rigen por las decisiones que han tomado de acuerdo con la tradición, que honran, respetan, reverencian y saludan a los ancianos, y escuchan sus consejos, que no secuestran a las mujeres de otros o a sus hijas y las obligan a vivir con ellos, que honran, respetan, reverencian y saludan a los santuarios Vajjias en su país y en el exterior, y que no retiran el apoyo que les dan, y que se les da protección y provisiones adecuadas a los santos, de modo que ellos puedan vivir allí cómodamente y que puedan venir más en el futuro?” Ananda respondió que los Vajjias hacían todo eso, y el Buda dijo: “Mientras sigan haciendo esas cosas, puede esperarse que los Vajjias prosperen y no declinen”.

16. Parece que el Rey Pasenadi de Kosala deseaba extender su influencia entre los Sakyas, y eligió hacerlo demandando una mujer de la nobleza Sakya como esposa para su hijo. Ningún Sakya quería que una hija de ellos se casara con alguien que no fuera de la tribu, pero al mismo tiempo no podían ignorar los deseos de su poderoso vecino. Mahanama, uno de los primos del Buda, llegó con una solución. Él había tenido una hija llamada Vasabhakhattiya con una de sus esclavas, y sugirió que se la hiciera pasar por una noble Sakya, y que se la dieran al hijo del Rey Pasenadi como esposa. El truco funcionó; Vasabhakhattiya fue llevada a Kosala, se casó y fue aceptada en la familia real. Eventualmente dio a luz a un niño que fue llamado Vidudabha, quien se volvió príncipe coronado. Cuando Vidudabha creció, quiso ir a visitar a quienes creía que eran sus parientes Sakyas en Kapilavatthu, pero su madre lo persuadió para que no fuera, sabiendo que los Sakyas lo tratarían con desprecio. Finalmente fue, y quedó asombrado por la fría recepción que le dieron. No deseando recibir más faltas de respeto, pronto se fue, pero cuando recién salía de Kapilavatthu, uno de sus asistentes tuvo que regresar a buscar una espada que se había olvidado. Cuando llegó al salón de asambleas, vio a una esclava lavando con leche el asiento sobre el que se había sentado Vidudabha (un modo aceptado de purificar algo que se hubiera vuelto ritualmente impuro). El guerrero preguntó a la esclava por qué estaba haciendo eso. “Porque aquí se sentó el hijo de una esclava”, respondió ella. Él le preguntó qué quería decir, y ella le contó toda la historia. Cuando Vidudabha escuchó la verdad, que su madre no era una noble sino una esclava común, su humillación y su furia no conocieron límites, y se prometió que algún día castigaría a los Sakyas por su engaño. “Que viertan leche sobre mi asiento para purificarlo. Cuando sea rey, limpiaré el lugar con la sangre de sus corazones”.

17. Hacia el fin de la vida del Buda, Vidudabha se convirtió en rey y en varias oportunidades marchó junto a su ejército hacia Kapilavatthu, aunque en cada ocasión el Buda pudo persuadirlo para que regresara. Aunque finalmente, Kapilavatthu y varias otras ciudades Sakyas fueron atacadas, y Vidudabha tuvo la satisfacción personas de ver masacrados a muchos Sakyas. Después de la campaña, marchó de regreso hacia Kosala cargado con el botín. En su camino de regreso, el ejército acampó por una noche a orillas de un río, y durante la madrugada una fuerte tormenta hizo que se desbordara el río, ahogando a la mayoría del ejército de Vidudabha. Los Sakyas que sobrevivieron a la terrible masacre reconstruyeron unas pocas ciudades pequeñas e intentaron continuar con su vida, pero con su número diezmado y su independencia perdida, declinaron y hoy en día sólo se los recuerda por uno de sus miembros, el Buddha.


[1] Muchas veces en este texto aparecen estas denominaciones: “El que Entra en la Corriente”, “El que Vuelve una Vez”, “El que no regresa”, y “el Arhat”. Son las así llamadas “Cuatro clases de santidad”, en sánscrito: Srotapana (que entra en la corriente, es decir el que alcanza la comprensión del Dharma y se convierte en discípulo), Sakrdagamin (el que regresa una vez, o sea el discípulo que aun tiene que renacer una vez antes del Nirvana final), Anagamin (el que no regresa, es decir el discípulo que renació por última vez) y Arhat (el nivel de santidad más elevado, similar a un Buddha). Estos son los ideales del Budismo Theravada.

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