Viernes, 18 Julio 2008 11:59

Cuando la vida comienza

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La problemática del aborto, es un tema ético candente discutido en diferentes ámbitos sociales. Bhikkhu Sujato, ofrece un análisis sobre este tema desde la perspectiva de la ética budista.

Por Bhikkhu Sujato

sujatoEl carácter sagrado de la vida es el corazón de nuestra conciencia moral. Pero ‘la vida’ tiene bordes difusos. No es un asunto fácil definir con precisión donde la vida, en el sentido moral más que en el biológico, comienza y termina. Para el Budismo esta falta de claridad es normal, ya que estamos acostumbrados a ver el mundo en términos de procesos interrelacionados más que como entidades independientes. Sin embargo, nuestra necesidad de claridad en la decisión de las preguntas morales delicadas no es menor. En este ensayo analizaré algunos temas dell debate sobre el inicio de la vida y la ética del aborto. Sugeriré una aproximación budista que nos provea de instrumentos útiles que nos alejen del extremismo moral y se centren en una respuesta compasiva a los problemas reales. En aras de la brevedad limitaré mi discusión a la ética del aborto. Sin embargo, debemos reconocer que muchos otros procedimientos, como la fertilización in-vitro, la clonación, la ingeniería genética y tecnología de células progenitoras, también implican la destrucción de embriones.

La discusión ética del aborto ha estado, en general, creo yo, dominada por dos posiciones extremas. Estas dos son identificadas como ‘la vida’ y ‘la elección’. En el pensamiento budista estas son llamadas ‘eternalismo’ y ‘aniquilacionismo’. El término ‘eternalismo’ se refiere a la creencia de que el yo existe eternamente. El término ‘aniquilacionismo’ se refiere a la creencia de que el yo perecerá, usualmente con la muerte. En este ensayo me enfocaré en algunas corrientes ie pensamiento influyentes en del cristianismo y el materialismo científico como destacados ejemplos contemporáneos de estos dos extremos.

 

El alma eterna y la santidad de la vida

Los cristianos típicamente creen que el humano posee un ‘alma’. Esta es una entidad espiritual, una chispa de Dios, la cual distingue a los humanos de otros seres, y les concede un valor ético único. Es porque los humanos poseen un alma que la muerte deliberada de un ser humano, usualmente llamada “asesinato”, es un crimen terrible. Esta alma entra en el embrión en el momento de la concepción. A partir de este momento, el embrión es en el sentido moral un ser humano pleno, mereciendo la misma consideración moral que usted y yo. Matar a tal ser es un asesinato.

Etiquetar el aborto como ‘asesinato’ es una estrategia sumamente emotiva, y ha conducido a escenas desagradables donde las mujeres que deseaban abortar fueron acosadas y atacadas. El uso de la etiqueta se deriva de la definición simple de ‘asesinato’ como ‘la muerte intencional de un ser humano’. Si un embrión es un ser humano, entonces matarle debe ser asesinato. No obstante, el concepto de ‘asesinato’ no es tan reducido y seco. Existen muchos casos en lo que ‘el asesinato intencional’ de un ser humano no se les considera ‘asesinato’. Cuando un soldado mata a otro en tiempos de guerra, sólo lo llamamos ‘matanza’, no asesinato. Cuando un Estado mata a un criminal, lo llamamos ‘ejecución’. Cuando una persona se mata a sí misma lo llamamos ‘suicidio’. Por tanto, el etiquetar al aborto como ‘asesinato’ es absolutista y simplista. Ello hace surgir la pregunta de si el aborto es un asesinato intencional de un ser humano en el sentido relevante. La afirmación de que el aborto es un asesinato descansa sobre una teoría metafísica, y tal es intrínsecamente indemostrable. La aceptación de esta teoría depende de la fe en dogmas revelados como se define dentro de una comunidad religiosa particular, y no tiene importancia alguna fuera de aquella.

 

El surgimiento de la conciencia

Como todos sabemos, en años recientes se ha visto a la mayoría de las sociedades avanzar rápidamente fuera de los puntos de vista eternalistas, como el Cristianismo, hacia la perspectiva del materialismo científico. Esto se ha vuelto la nueva ortodoxia. Mientras los eternalistas derivan nuestro valor moral de la posesión de un alma, los materialistas típicamente relacionan el valor moral con la consciencia. Merecemos consideración ética porque somos seres conscientes. Así que la pregunta entonces se torna en, ¿cuándo surge la conciencia?

Los materialistas creen que la sustancia primordial que conforma el mundo es la materia. En las condiciones adecuadas, la materia puede evolucionar hacia organismos complejos a los que llamamos ‘vida’. A cierto nivel de complejidad la conciencia emerge. La conciencia es, de este modo, considerada como un epifenómeno de la materia. Muchos materialistas creen que esta conciencia surge en el embrión en el tercer o cuarto mes de embarazo. Como nuestro valor moral deriva de esta conciencia, se cree que durante los tres primeros meses el embrión es simplemente un pedazo de carne que no merece consideración moral alguna.

Este proceso puede ser comparado con la imagen en la pantalla de un televisor. Las partes individuales del aparato no contienen ni siquiera alguna parte de la imagen. Por el contrario, la imagen aparece en total cuando las partes se juntan. Esto es una metáfora convincente, pero equivocada. En el caso de un televisor, las partes se fabrican por separado y luego se juntan. Pero en el caso de un ser vivo nuestras diferentes partes se desplegan a partir de la información genética contenida en el ADN. Cada célula incluye toda la información genética para el cuerpo. Entonces parecería más natural hablar de un desenvolvimiento gradual del potencial inherente en la conciencia. Además, en el caso de un televisor, la causalidad es de una sola dirección. El televisor es causa de la imagen, pero la imagen no es causa del televisor. De nuevo la analogía falla, puesto que en todos los estados ordinarios de conciencia el cuerpo y la mente coexisten en una compleja relación bidireccional. La eficacia de la analogía se apoya en la asunción subyacente de que existe una causalidad lineal, de un solo sentido, desde el cerebro hacia la mente. Pero esa misma es la cuestión que estamos preguntando.

Cuando preguntamos por qué los materialistas creen que la conciencia es una propiedad emergente de la materia, podemos ver que esta conclusión se sigue de los supuestos de la propia metodología científica. Los científicos generalmente, sólo aceptan las evidencias si pueden ser ‘objetivamente’ demostradas y comprobadas. Pero aquí no puede haber tal cosa como prueba ‘objetiva’, ya que la aceptación o el rechazo de una prueba son actos mentales, y éstos son necesariamente subjetivos. En la práctica, establecemos un ‘consentimiento intersubjetivo’, es decir, cuando existe suficiente evidencia, observable a través de los cinco sentidos para convencer a cierta comunidad científica. El método científico es así incapaz, en la actualidad, de investigar directamente la mente. Todo lo que puede hacer es examinar externamente los fenómenos observables, tales como el comportamiento y la actividad cerebral, y luego inferir correlaciones en la esfera de lo mental. Así, no es una sorpresa encontrar la teoría científica de que la conciencia también se inicia en el reino de lo físico y verla surgir de ahí. Esta teoría está incorporada en los supuestos del método científico y, por lo tanto, no puede ser probada por este el mismo. No se trata de una conclusión empíricamente comprobable, y por ello es poco científica. Se trata de una especulación metafísica, una inferencia injustificada derivada de la hipótesis de que el método científico es el medio único y suficiente para descubrir la verdad.

 

Evitando los extremos

Estos dos paradigmas abordan la cuestión sobre el estatus moral del embrión son extremas. Los eternalistas sostienen que el aborto es asesinato, el más atroz de los crímenes; mientras que los aniquilacionistas sostienen que no conlleva consecuencia moral alguna. Podemos ver que cada uno de los extremos ofrece un simple, claro marco de referencia para entender la ética del aborto. Esta es la razón por la que permanecen como ideas poderosas y atractivas. También podemos ver que son contra-intuitivas esas conclusiones. Muchos de nosotros consideramos que un embrión merece consideración moral alguna, aunque vacilaríamos en comparar el aborto con el asesinato. Este es un ejemplo de cómo las posiciones filosóficas absolutistas generan extremismo moral. En la práctica, típicamente nos conformamos con un complicado compromiso entre ambas. Esto no es un verdadero ‘camino medio’, sino un recurso político movido por la necesidad social. Desafortunadamente, el debate es normalmente llevado hacia el plano de las convicciones morales y de la evidencia científica sin dirigirnos hacia las suposiciones metafísicas subyacentes. Con frecuencia nos mostramos reacios a someter nuestras más preciadas y profundas creencias, sean religiosas o científicas, a una investigación exhaustiva.

¿Qué puede ofrecernos el Budismo en este sentido? Puesto que el Budismo es una religión histórica, deberíamos comenzar preguntándonos sobre lo que tienes que decir los registros tempranos de las enseñanzas del Buddha. Esta es una manera de fundamentar el debate en estratos más profundos de nuestra conciencia moral, no permitiéndonos a nosotros mismos ser arrastrados por las mareas de la opinión contemporánea. Desde luego, tenemos que estar dispuestos a someter el conocimiento tradicional al escrutinio y a la luz de las pruebas modernas.

El Canon Pali contiene varios pasajes que tratan con el proceso de concepción en la matriz y el advenimiento de la conciencia. El Maha Tanhasankhaya Sutta establece que la concepción depende de la llegada conjunta de tres cosas: la unión de la madre y el padre, que la madre sea fértil, y que el ser a renacer este listo. El término “llegada conjunta” significa “igual lugar, igual momento”. Así, este pasaje implica que la conciencia aparece en el momento de la concepción. El Maha Nidana Sutta es aún más claro. Establece que si la conciencia no entra en el vientre de la madre, la mente y la forma física no pueden ‘coagular’ dentro de la matriz. En otro pasaje, se dice que la concepción depende de ‘seis elementos’, incluyendo a la conciencia. Todas estas declaraciones ocurren en las discusiones clave de la doctrina del surgimiento dependiente y, por lo tanto, llevan gran autoridad. En el Vinaya monástico también, la aparición del embrión se equipara con el surgimiento de ‘la primera mente, la primera conciencia’ en el vientre de la madre. Así, todos estos contextos tratan la concepción como la combinación de factores físicos y mentales, con los factores mentales en primer lugar. Esto, desde luego, refleja la filosofía básica del Budismo de que la mente es la precursora de todas las cosas.

Así, todos estos textos establecen que la conciencia está presente desde el inicio de la vida. Un ser que es conciente puede sentir dolor, y, por tanto, merece consideración moral. No hace falta decir, sin embargo, que la capacidad de un embrión recién concebido de sentir dolor es muy rudimentaria, tal vez comparable a alguien en estado de coma profundo o bajo una anestesia profunda. De acuerdo con el budismo estos son estados de conciencia, pero demasiado débiles para ser tomados en cuenta cuando los comparamos con el despertar de la conciencia. Los textos hablan frecuentemente del “crecimiento, incremento y maduración” de la conciencia del recién renacido. Conforme a los hallazgos de la ciencia, los textos hablan del desarrollo gradual de las facultades sensoriales del embrión. Pero a diferencia de los científicos, no asumen que la conciencia aparece hasta que los sentidos se desarrollan. Así, mientras ciertamente el embrión merece consideración moral, su limitada capacidad para sentir dolor significa que matar a un embrión resulta insuficiente para llamarlo ‘asesinato’.

Hay un apoyo claro a esta posición en el Vinaya. Este establece que un monje o una monja nunca deberán, durante toda su vida, matar intencionalmente a un ser humano, ‘incluso hasta el punto de causar un aborto’. De igual forma, no deberán tener relaciones sexuales ‘aún a la profundidad de una semilla de sésamo’. No deberán robar ‘siquiera tanto como una brizna de hierba’. No deberán reivindicar los logros espirituales ‘ni incluso para decir “me deleito en una morada vacía”’. Por tanto, el aborto es claramente considerado como la muerte intencional de un ser humano, aunque es el acto menos grave de este tipo.

Así los textos budistas relacionados con el aborto proporcionan un modelo clásico para un ‘camino medio’, que acepta algunas de las proposiciones de los puntos de vista extremos, pero evitando al mismo tiempo sus conclusiones absolutistas y simplistas. Junto con los eternalistas creemos que un embrión desde del momento de la concepción está dotado de una característica no física que le otorga consideración moral. Sin embargo, no aceptamos que este principio sea una entidad espiritual, una chispa de la gloria de Dios; tampoco aceptamos que esta supuesta ‘alma’ es un rasgo único distintivo de humanidad. Creemos que se trata de flujo condicionado de conciencia, siempre cambiante y en evolución al pasar de vida en vida. Junto con los aniquilacionistas creemos que el peso de la consideración moral debido a un embrión no es estático, sino que aumenta gradualmente con el desarrollo de la mente del embrión hacia la conciencia completa. No obstante, no aceptamos que pueda ser demostrado que el inicio de la conciencia tiene lugar sólo después de tres o cuatro meses. Esto es una fecha éticamente arbitraria, la cual marca simplemente los actuales límites del conocimiento científico, pero no nos dice nada sobre el estatus moral del embrión.

 

¿Por qué creer en el renacimiento?

Hasta aquí la parte textual y teórica. Estas consideraciones, desde luego, son sólo de relevancia directa para la comunidad budista. ¿Existe alguna forma empírica de comprobar estas ideas? De acuerdo con el Budismo existen dos medios –a través de la observación directa del proceso de renacimiento, y mediante el entendimiento por inferencia de la evolución condicionada de la conciencia en el tiempo. La observación directa es el poder psíquico de recordar las vidas pasadas, o bien percibir dónde renacen los seres. Parece que estas habilidades, de las cuales se dice que normalmente son fruto de la meditación profunda, pueden ocurrir en algunas personas de manera espontánea. Los niños menores de siete años parecen, a menudo, ser capaces de recordar los detalles de su vida pasada y muerte. Obviamente estas habilidades no son generalmente aceptadas por la comunidad científica. Pero parecería no haber obstáculo teórico alguno para las pruebas científicas a tales afirmaciones. Por ejemplo, a un número diferente de personas que profesaran tales facultades se les podrían hacer preguntas, y las respuestas podrían ser confrontadas la una con la otra. O bien los datos históricos podrían ser recuperados y confrontados contra los registros conocidos. Ya han habido una serie de experimentos positivos a lo largo de estas líneas, aunque no sé si tienen alguna relación directa con la cuestión sobre el inicio de la conciencia. En cualquier caso, si puede obtenerse información precisa y comprobable a través de estos poderes psíquicos, parece razonable concederles cierto grado de credibilidad.

De acuerdo con el Budismo, la segunda forma de confirmar el renacimiento es mediante el entendimiento del origen condicionado de la conciencia. Repetidamente contemplamos el surgir y pasar de la conciencia en el momento presente. Vemos cómo los deseos egoístas dan lugar a la proliferación mental, y cómo dejarlos ir conduce a la paz. Extendemos este principio al pasado y al futuro, e inferimos que nuestra conciencia en esta vida surgió debido a nuestro aferramiento en el pasado y que, mientras no la dejemos ir completamente, seguiremos generando conciencia en el futuro. Esta clase de entendimiento no dice nada sobre los detalles específicos de vidas pasadas, por lo que no puede ser probado por cualquier medio empírico simple. Pero podemos preguntarnos si el surgimiento dependiente ofrece un significativo y útil marco para hacer frente a los diferentes tipos de problemas psicológicos que enfrentamos hoy. Si la respuesta es sí, entonces de nuevo debemos conceder a esta enseñanza cierto grado de credibilidad.

Para los budistas, no obstante, tales pruebas permanecen como secundarias. La mayoría de los budistas creen en el renacimiento porque es un capítulo intrínseco en la estructura de su mundo. Aceptan la visión del mundo del Budismo porque consideran que es beneficiosa para ellos mismos y su sociedad. Las enseñanzas forman un todo coherente y racional. Así que cuando ven las enseñanzas éticas más básicas confirmadas en sus propias vidas, están dispuestos a tomar el más abstracto de los postulados con confianza. No piensan más en las pruebas de tales principios que usted o yo pensaríamos en probar empíricamente a la Teoría de la Relatividad. Aceptamos la Teoría de la Relatividad –después de todo, en la medida en que la entendamos- debido a nuestra fe en la ciencia. Estos días hay muchas personas en todo el mundo, budistas y no budistas, que creen en el renacimiento. Es posible que su número aumentara a medida que el budismo se hiciese reconocido por ofrecer una manera significativa y satisfactoria de vivir y morir.

 

La dimensión social

El interés principal de este ensayo ha sido investigar la base filosófica de la ética budista del aborto. Sin embargo, quizás puedo ser excusado por aventurarme fuera de mi esfera de capacidad al ofrecer algunos pensamientos en cuanto a la dimensión social de la ética. Es evidente que en muchos países el aborto es técnicamente ilegal, aún no oficialmente sancionado y generalizado. Debemos entender que los budistas no suelen aceptar que si algo está mal debe ser declarado como ilegal. Tales asuntos deben ser considerados en su contexto social. Hacer el aborto ilegal hace criminales a mujeres que a menudo han pasado por una experiencia traumática. Y deja un gran mercado abierto a los médicos sin escrúpulos.

Sugeriría un acercamiento más humano y legal para hacer al aborto y otras tecnologías legales, pero supervisado muy de cerca. Debemos asegurar que nosotros, y nuestros hijos e hijas, estamos provistos de toda la información, orientación y apoyo que necesitemos para permitir que tomemos decisiones responsablemente sobre esta vida y la muerte. A los niños se les debe dar explícita y completa educación en la escuela sobre cuestiones biológicas, sexuales, éticas, y religiosas. Cuando una mujer busca un aborto, ella y el padre deben contar con información detallada y asesoría antes de tomar la decisión final. Nuestra sociedad debe aceptar que abordar la cuestión sobre el aborto no sólo implica hacer juicios morales y la prestación de servicios médicos, sino también la educación en métodos anticonceptivos y el ser responsable en las relaciones. Tenemos que ofrecerles a las mujeres una alternativa adecuada a través de la manutención infantil y los servicios sociales.

Una implicación de la aproximación gradualista a esta pregunta es que la gravedad moral y las consecuencias kámmicas de realizarse un aborto aumentarán cada día a medida que el embarazo continúa. Por lo tanto, es imperativo leer, debatir y reflexionar sobre las cuestiones antes que un embarazo no deseado ocurra. Esto afortunadamente nos ayuda a actuar de forma más responsable, al examinar las cuestiones con una mente clara, y tomar una decisión madura, razonada sin dilaciones indebidas.

Incluso aquellos que creen que el aborto no es más que un procedimiento quirúrgico deben reconocer que a nivel emocional el aborto es muy diferente a otros procedimientos quirúrgicos. Muchas mujeres sienten que un niño ha llegado a ellas, un ser especial ha escogido su cuerpo para convertirse en una nueva vida, y que la ha empujado lejos. Si la madre decide tener un aborto, debería haber una estrecha supervisión y apoyo a su salud emocional después de la operación. Para ayudar a sanar cualquier herida emocional podemos alentar a la madre a pedir perdón por lo que escogió para su hijo, difundir la bondad, y llevar a cabo algunos actos de generosidad ayudando a otros.

Me gustaría mucho ver un estudio sobre los efectos del aborto en los paisajes emocionales de la mujer, y una comparación entre una mujer que decide tener un aborto y las mujeres que tuvieron embarazos no deseados pero decidieron traer a un niño. ¿Cómo se sienten después? ¿Cinco años después? ¿Diez años después? ¿Cuántas madres, que cuando su hijo ha crecido, afirman que desean haber tenido un aborto?

 

Viviendo con sabiduría, escogiendo la compasión

Así en este ensayo he tratado de esbozar un esquema de un acercamiento budista sobre el aborto. He examinado algunos argumentos prevalecientes y llegué a la conclusión de que la polarización de posiciones entre ‘Vida’ y ‘Elección’ pueden remontarse a paradigmas filosóficamente incompatibles, como el punto de vista eternalista de los cristianos y el aniquilacionismo de los científicos materialistas. El Budismo ofrece un camino medio en el que se atesora la santidad de la vida en el vientre de la madre a partir del momento de concepción, si bien reconoce un crecimiento gradual en la gravedad moral del acto de matar. Desde el lado práctico, hemos que hacer uso de las virtudes parejas de la compasión y la sabiduría, proveyendo atención y apoyo a las madres y a los niños, y velar para que los padres reciban la información y asesoría que necesitan para tomar una decisión madura. Quiero terminar con un verso del Mangala Sutta:

 

Servir a la madre y al padre

Cuidar a la esposa e hijos

Tener una ocupación que no cause daño

Ésta es la más grande bendición.

 

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FUENTE:

http://www.buddhanet.net/budsas/ebud/ebdha328.htm


Traducido al español por Upasika para Bosque Theravada © 2008

Edición Bosque Theravada.

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Revisado: Septiembre de 2.008 (Upa)

Visto 3060 veces Modificado por última vez en Miércoles, 12 Mayo 2010 22:24
Bhikkhu Sujato

Bhikkhu Sujato (Anthony Best) (1.966 -) es un monje australiano que recibió su plena ordenación en Tailandia en 1.994.