Lunes, 29 Septiembre 2008 23:21

SN 22,1 Nakulapita Sutta - Discurso con Nakulapita

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El Buda explica a un anciano y enfermo dueño de casa que no hay necesidad de estar afligido mentalmente, cuando el cuerpo de uno está enfermo y dolorido.

[Leer en pali]

Esto he oído. En una ocasión el Bienaventurado estaba entre los Bhaggas en Sumsumaragira, en la arbolada Bhesakala del Parque de los Venados. En aquel tiempo, un dueño de casa de nombre Nakulapita se acercó al Bienaventurado y, rindiéndole homenaje, se sentó a un lado. Acto seguido, dijo:

“Ya soy viejo, venerables señor, soy anciano cargado con años, avanzado en la edad, llegado a mi último estado, afligido en mi cuerpo y frecuentemente enfermo. Raramente voy a ver al Bienaventurado y a los monjes que son dignos de estima. Qué el Bienaventurado me exhorte, que el venerable señor me instruya, ya que esto podría traerme bienestar y felicidad por largo tiempo.”

“Así es, dueño de casa, es así: este cuerpo tuyo está afligido, agobiado y estorbado. Cualquiera que, portando este cuerpo pretendería ser saludable, aunque sea por un instante, ¿qué otra cosa sería sino un tonto? De manera que, dueño de casa, deberías entrenarte así: ‘Aunque esté afligido en mi cuerpo, mi mente estará sin aflicción’. Así deberías entrenarte.”

Entonces, el dueño de casa Nakulapita, habiéndose deleitado y regocijado en las palabras del Bienaventurado, se levantó de su asiento y, rindiéndole homenaje, se retiró de este lugar, cuidando que el Bienaventurado quede siempre a su derecha. Acto seguido, se acercó al Venerable Sariputta y, rindiéndole homenaje, se sentó a un lado. Entonces, el Venerable Sariputta dijo:

“Dueño de casa, tu aspecto es sereno, tu rostro es puro y brillante. ¿Acaso, escuchaste hoy el Dhamma en la presencia del Bienaventurado?”

“¿Cómo podría ser de otra manera, venerable señor? Justo hace un rato, fui rociado por el Bienaventurado con la ambrosia de su enseñanza del Dhamma.”

“¿Y qué especie de ambrosia de la enseñanza del Dhamma roció el Bienaventurado sobre ti, dueño de casa?”

[El dueño de casa Nakulapita repite al Venerable Sariputta su conversación entera con el Buda y termina: ] “Ésta fue la especie de ambrosia de la enseñanza del Dhamma que el Bienaventurado roció sobre mi.”

“¿Y no se te ocurrió, dueño de casa, preguntar al Bienaventurado sobre cómo uno queda afligido en el cuerpo y afligido en la mente y cómo uno, siendo afligido en el cuerpo no está afligido en la mente?”

“Recorrí un largo camino, venerable señor, para aprender el significado de estas palabras del Venerable Sariputta. Realmente, sería muy bueno si el Venerable Sariputta me aclarara el significado de estas palabras”.

“Entonces escucha y presta atención, dueño de casa, que voy a hablar”.

“Sí, venerable señor”, respondió el dueño de casa Nakulapita y el Venerable Sariputta dijo esto:

“¿Y cómo, dueño de casa, uno está afligido en el cuerpo y está afligido en la mente? He aquí, dueño de casa, una persona común, no instruida y mundana, que no sigue a los nobles y tampoco es hábil ni disciplinada en su Dhamma, que no sigue a las personas íntegras y tampoco es hábil ni disciplinada en su Dhamma, asume que la forma es uno mismo, o asume que uno mismo es poseedor de la forma, o asume que la forma está en uno mismo, o asume que uno mismo está en la forma. Él vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la forma, la forma es mía’. Y como él vive obsesionado con estas nociones, su forma cambia y se altera. Con el cambio y la alteración de la forma, aparecen el pesar, lamentación, pena, aflicción y desesperanza.

“Él asume que la sensación es uno mismo, o asume que uno mismo es poseedor de la sensación, o asume que la sensación está en uno mismo, o asume que uno mismo está en la sensación. Él vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la sensación, la sensación es mía’. Y como él vive obsesionado con estas nociones, su sensación cambia y se altera. Con el cambio y la alteración de la sensación, aparecen el pesar, lamentación, pena, aflicción y desesperanza.

“Él asume que la percepción es uno mismo, o asume que uno mismo es poseedor de la percepción, o asume que la percepción está en uno mismo, o asume que uno mismo está en la percepción. Él vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la percepción, la percepción es mía’. Y como él vive obsesionado con estas nociones, su percepción cambia y se altera. Con el cambio y la alteración de la percepción, aparecen el pesar, lamentación, pena, aflicción y desesperanza.

“Él asume que las formaciones son uno mismo, o asume que uno mismo es poseedor de las formaciones, o asume que las formaciones están en uno mismo, o asume que uno mismo está en las formaciones. Él vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy las formaciones, las formaciones son mías’. Y como él vive obsesionado con estas nociones, sus formaciones cambian y se alteran. Con el cambio y la alteración de las formaciones, aparecen el pesar, lamentación, pena, aflicción y desesperanza.

“Asume que la conciencia es uno mismo, o asume que uno mismo es poseedor de la conciencia, o asume que la conciencia está en uno mismo, o asume que uno mismo está en la conciencia. Él vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la conciencia, la conciencia es mía’. Y como él vive obsesionado con estas nociones, su conciencia cambia y se altera. Con el cambio y la alteración de la conciencia, aparecen el pesar, lamentación, pena, aflicción y desesperanza.

“De esta forma, dueño de casa, uno está afligido en el cuerpo y está afligido en la mente.

“¿Y cómo, dueño de casa, uno estando afligido en el cuerpo, no está afligido en la mente? He aquí, dueño de casa, un instruido noble discípulo que sigue a los nobles y es hábil y disciplinado en su Dhamma, que sigue a las personas íntegras y es hábil y disciplinado en su Dhamma, no asume que la forma es uno mismo, ni asume que uno mismo es poseedor de la forma, tampoco asume que la forma está en uno mismo, ni asume que uno mismo está en la forma. Él no vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la forma, la forma es mía’. Y como él no vive obsesionado con estas nociones, cuando su forma cambia y se altera, con este cambio y alteración de la forma, no aparece el pesar, ni lamentación, ni pena, ni aflicción ni desesperanza.

“Él no asume que la sensación es uno mismo, ni asume que uno mismo es poseedor de la sensación, tampoco asume que la sensación está en uno mismo, ni asume que uno mismo está en la sensación. Él no vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la sensación, la sensación es mía’. Y como él no vive obsesionado con estas nociones, cuando su sensación cambia y se altera, con este cambio y alteración de la sensación, no aparece el pesar, ni lamentación, ni pena, ni aflicción ni desesperanza.

“Él no asume que la percepción es uno mismo, ni asume que uno mismo es poseedor de la percepción, tampoco asume que la percepción está en uno mismo, ni asume que uno mismo está en la percepción. Él no vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la percepción, la percepción es mía’. Y como él no vive obsesionado con estas nociones, cuando su percepción cambia y se altera, con este cambio y alteración de la percepción, no aparece el pesar, ni lamentación, ni pena, ni aflicción ni desesperanza.

“Él no asume que las formaciones son uno mismo, ni asume que uno mismo es poseedor de las formaciones, tampoco asume que las formaciones están en uno mismo, ni asume que uno mismo está en las formaciones. Él no vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy las formaciones, las formaciones son mías’. Y como él no vive obsesionado con estas nociones, cuando las formaciones cambian y se alteran, con este cambio y alteración de las formaciones, no aparece el pesar, ni lamentación, ni pena, ni aflicción ni desesperanza.

“Él no asume que la conciencia es uno mismo, ni asume que uno mismo es poseedor de la conciencia, tampoco asume que la conciencia está en uno mismo, ni asume que uno mismo está en la conciencia. Él no vive obsesionado con la noción: ‘Yo soy la conciencia, la conciencia es mía’. Y como él no vive obsesionado con estas nociones, cuando su conciencia cambia y se altera, con este cambio y alteración de la conciencia, no aparece el pesar, ni lamentación, ni pena, ni aflicción ni desesperanza.

“Ésta es la forma, dueño de casa, cuando uno estando afligido en el cuerpo, no está afligido en la mente.”

Esto es lo que dijo el Venerable Sariputta y el dueño de casa Nakulapita fue elevado y se deleitó en las palabras del Venerable Sariputta.


FUENTES:

Bhikkhu Bodhi (2000) “Nakulapita” en The Connected Discourses of the Buddha: A Translation of the Samyutta Nikaya. Boston, Wisdom Publications. Págs. 853-856.

“Nakulapitusuttam” en Chattha Sangayana. CD-Rom, Versión 3.

Thanissaro Bhikkhu [en línea] Nakulapita Sutta: To Nakulapita. (18/06/2006)


Traducido y editado por Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2008.

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