Federico

Federico

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

El rey Mahasudassana ―que resulta ser el mismo Buda en una de sus vidas pasadas― vive rodeado de gran esplendor, poseyendo los siete grandes tesoros. Sin embargo, deja todo para retirarse al palacio del Dhamma y vivir una vida contemplativa.

 


[Leer en pali]

[1.1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión —un poco antes de su paso al Nibbana final—, el Bienaventurado estaba morando entre los árboles sala gemelos de la arboleda malla de nombre Upavattana, cerca de Kusinara.

[1.2] Entonces, el Venerable Ananda acercándose al Bienaventurado, le rindió homenaje, se sentó a un lado y le dijo: “Que el Bienaventurado no pase a su Nibbana final en esta pequeña ciudad llena de zarzas y barro, esta ciudad en medio de la jungla, en esta sucursal de una localidad. He aquí, Venerable Señor, hay estas otras grandes ciudades como Campa, Rajagaha, Savatthi, Saketa, Kosambi y Benarés. Que el Bienaventurado escoja una de esas ciudades para pasar a su Nibbana final. Allí hay muchos nobles hombres hogareños y brahmanes ricos, jefes de clanes, seguidores del Tathagata que rendirán homenaje a los restos del Tathagata”.

[1.3] “¡No digas eso, Ananda, no hables así! No digas que esta es una pequeña ciudad llena de zarzas y barro, una ciudad en medio de la jungla y la sucursal de una localidad. Tiempo atrás, Ananda, había un rey de nombre Mahasudassana, un monarca que giraba la Rueda del Dhamma, un gobernante recto que reinó con rectitud y conquistó la tierra en sus cuatro direcciones, ofreciendo seguridad a la gente y poseyendo los siete tesoros reales. Y esta ciudad de Kusinara, Ananda, fue la capital real del rey Mahasudassana bajo el nombre de Kusavati; de este a oeste medía doce leguas de ancho, y de norte a sur, siete leguas de largo. Y la capital real de Kusavati, Ananda, fue poderosa, populosa y próspera, frecuentada por mucha gente y provista abundantemente de toda clase de comida. Al igual que una ciudad real de los devas, poderosa, populosa y próspera, llena de gente y provista abundantemente de toda clase de comida, así era también la capital real de Kusavati. En la ciudad de Kusavati resonaban incesantemente los diez sonidos: el barritar de los elefantes, el relinchar de los caballos, el traqueteo de los carros, el retumbar de los tambores, el sonido de los címbalos, la música de los laúdes y platillos, las canciones, las ovaciones, los aplausos y las aclamaciones de 'comed, bebed y estad alegres’.

[1.4] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada de siete murallas, de las cuales una de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas.

[1.5] “La capital real de Kusavati, Ananda, tenía cuatro puertas, de las cuales una era de oro, una de plata, una de jade y una de cristal. En cada puerta se colocaron siete pilares, tres o cuatro veces más altos que el tamaño de un hombre. De esos pilares uno era de oro, uno de plata, uno de berilo, uno de cristal, uno de ágata, uno de coral y uno de toda clase de piedras preciosas.

[1.6] “La capital real de Kusavati, Ananda, estaba rodeada por siete filas de palmeras, de las cuales una era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro, tenían el tronco de oro y las hojas y los frutos de plata; las palmeras de plata, tenían el tronco de plata y las hojas y los frutos de oro; las palmeras de berilo, tenían el tronco de berilo y las hojas y los frutos de cristal; las palmeras de cristal, tenían el tronco de cristal y las hojas y los frutos de berilo; las palmeras de ágata, tenían el tronco de ágata y las hojas y los frutos de coral; las palmeras de coral, tenían el tronco de coral y las hojas y los frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas y las hojas y los frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso, emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.7] “Y el gran rey Mahasudassana fue poseedor de los siete tesoros y las cuatro maravillosas dádivas. Y, ¿cuáles son esos siete?

“En primer lugar, Ananda, cuando el gran rey ―durante el día quince de Uposattha― se lavó la cabeza y subió a la terraza de su palacio, para el día de la observancia, se le apareció el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios. Al ver esto, el gran rey pensó así: 'Escuché que cuando el rey, debidamente ungido durante el día quince de Uposattha, se lava la cabeza y sube a la terraza de su palacio para el día de ayuno y,  entonces, se le aparece el divino tesoro de la rueda, con miles de radios, con el toque ligero, con su eje y todos sus accesorios, quiere decir que aquel rey se convierte en el Monarca Universal. Ahora bien, ¡yo soy, entonces, un Monarca Universal!'.

[1.8] “Además, Ananda, levantándose de su asiento, el gran rey tomó una vasija de agua con su mano izquierda, roció la rueda que sostuvo en su mano derecha y dijo: 'Que el noble tesoro de la rueda, ruede; que el noble tesoro de la rueda, conquiste'. Y la rueda rodó hacia el este y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército.

[1.9] Y aquellos reyes que se le oponían en la región oriental, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región oriental, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.10] “Y luego, Ananda, la rueda rodó hacia el oeste… hacia el sur… hacia el norte y el rey Mahasudassana la siguió con su cuádruple ejército. En cada país, en el cual la rueda se detuvo, el rey tomó allí su residencia junto con su cuádruple ejército. Y aquellos reyes que se le oponían en la región del norte, finalmente llegaron junto a él y le dijeron: 'Ven, oh gran rey, sé bienvenido. Somos tuyos, oh gran rey. Gobierna sobre nosotros, oh gran rey'. Y el rey les dijo: 'No matéis a los seres vivos. No toméis lo que no os ha sido dado. No cometáis actos sexuales ilícitos. No digáis mentiras. No toméis bebidas embriagantes. Sed moderados con la comida'. Y aquellos que se oponían a él en la región del norte, finalmente llegaron a ser sus súbditos.

[1.11] "Finalmente, Ananda, el tesoro de la rueda, habiendo conquistado todas las tierras de mar a mar, retornó a la capital real de Kusavati y se detuvo frente al palacio del gran rey como si se tratara de una envoltura, como si fuera un adorno del palacio real. Es así cómo el tesoro de la rueda apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.12] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del elefante blanco, de siete posturas, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los elefantes de nombre Uposattha. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este elefante, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los elefantes domesticó al elefante, al igual que se domestica a un elefante de pura raza, lo cual le llevó mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el gran rey probó y montó al elefante por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati, para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del elefante apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.13] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del caballo blanco, con cabeza de cuervo negro, con la melena como el pasto munja, con poderes sobrenaturales, flotando en el aire, el rey de los caballos de nombre Valahaka [Nube de Tormenta]. Al verlo, la mente del gran rey se llenó de confianza en él, de esta manera: 'Sería maravilloso montar a este caballo, si se dejara domar'. Entonces, el entrenador de los caballos domesticó al caballo, al igual que se domestica a un caballo de pura raza, por mucho tiempo. Y luego sucedió que, cuando el Monarca Universal probó y montó al caballo por la mañana, atravesó con él toda la tierra hasta la extremidad del océano y regresó a la capital real de Kusavati para tomar su comida de la mañana. Es así cómo el tesoro del caballo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.14] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la joya. La joya era un berilo fino de las aguas más puras, de ocho quilates, bien terminada. Y el resplandor del tesoro de la joya se propagó alrededor del largo de una legua entera. Y sucedió que cuando el gran rey probó el tesoro de la joya, ordenó a su cuádruple ejército para el combate y, colocando el tesoro de la joya en la punta de su bandera, se estableció en medio de la oscuridad y la penumbra de la noche. Entonces, todos los habitantes de los pueblos vecinos empezaron sus labores por causa de esa luz, pensando que ya era de día. Es así cómo el tesoro de la joya apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.15] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro de la mujer. Una mujer bellísima, guapa y agraciada; poseedora de un cutis de suprema belleza, no demasiado alta ni demasiado baja, no demasiado delgada ni demasiado fornida, no demasiado oscura ni demasiado blanca, que sobrepasaba la belleza humana sin alcanzar la belleza divina. El toque de esta mujer, que es ese tesoro, era como si fuera un copo de malva o un copo de algodón. Durante el tiempo fresco, sus miembros eran calientes, y cuando hacía calor, eran frescos. Su cuerpo expedía la fragancia del sándalo y su boca la fragancia del loto. Ella se levantaba antes de que el gran rey se levantase y se retiraba después de que él se retirase. Estaba ansiosa por servirle, agradable en la conducta y era dulce en la manera de hablar. Siendo que nunca le era infiel al gran rey con el pensamiento, ¿cómo podría serlo con el cuerpo? Es así cómo el tesoro de la mujer apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.16] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del mayordomo. Se manifestó en él, el ojo divino —despierto a partir de las acciones pasadas—, a través del cual veía la historia de los tesoros escondidos, tanto propios como de los que no tienen dueños. Y se acercó al gran rey para decirle: 'Que el gran rey permanezca despreocupado, que yo tendré cuidado de sus asuntos monetarios'. Y sucedió que cuando el gran rey probó al mayordomo, que es ese tesoro, lo llevó en un bote al medio del río Ganges, en medio de la corriente, y estando allí le dijo: 'Necesito lingotes de oro, mayordomo'. — 'Entonces, gran rey, sólo dirijamos el bote hacia la orilla'. — 'Mayordomo, es que es justamente aquí donde necesito los lingotes de oro'. Entonces, el mayordomo sumergió las dos manos en el agua y sacó una olla llena de  lingotes de oro, diciendo al gran rey: '¿Es esto suficiente, gran rey? ¿Es suficiente esta dádiva, esta ofrenda?'. — 'Es suficiente, mayordomo, es suficiente la dádiva, la ofrenda'. Es así cómo el tesoro del mayordomo apareció al gran rey Mahasudassana.

[1.17] "Además, Ananda, le apareció al gran rey Mahasudassana el tesoro del consejero sabio, perspicaz y sagaz; capaz de promover en el gran rey aquello que es digno de ser promovido y desaconsejar lo que debería ser rechazado. Era capaz de establecerlo en lo que debe estar establecido. Se acercó al gran rey y le dijo: 'Que el gran rey descanse, yo voy a ocuparme de las tareas del gobierno'. Es así cómo el tesoro del consejero apareció al gran rey Mahasudassana, y es así como el gran rey fue poseedor de los siete tesoros.

[1.18] "Y, ¿cuáles son, Ananda, las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana? He aquí, Ananda, el gran rey era hermoso, guapo y agraciado; era poseedor de un cutis de suprema belleza y sobrepasaba, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la primera dádiva que poseía el gran rey.

[1.19] "Además, Ananda, el gran rey vivió mucho tiempo y perduró por mucho tiempo, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la segunda dadiva que poseía el gran rey.

[1.20] "Además, Ananda, el gran rey era libre de enfermedades y dolencias, fue poseedor de una buena digestión, que no era demasiado fría ni demasiado caliente, y sobrepasó, en ese aspecto, a otros seres humanos. Esta es la tercera dádiva que poseía el gran rey.

[1.21] "Además, Ananda, el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. Al igual que un padre es querido por sus hijos y es agradable para ellos, así también el gran rey era querido por los brahmanes y hombres hogareños, y fue agradable para ellos. De la misma manera, los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey, y fueron agradables para él. Al igual que para un padre sus hijos le son queridos y agradables, así también los brahmanes y hombres hogareños eran queridos por el gran rey. Una vez, cuando el gran rey estaba paseando en el carro, en el Parque de los Placeres con su cuádruple ejército, los brahmanes y hombres hogareños se acercaron a él y le dijeron: 'Conduzca más despacio, oh gran rey, así podremos verle por más tiempo'. Y entonces, el gran rey dijo al auriga: 'Conduzca más despacio, así podré ver a los brahmanes y hombres hogareños por más tiempo'. Esta es la cuarta dádiva que poseía el gran rey, y estas son las cuatro maravillosas dádivas de las que fue dotado el rey Mahasudassana.

[1.22] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al rey Mahasudassana: ‘¿Qué tal si hago cada cien leguas un estanque de agua, con flores de loto entre palmeras?’. Entonces, hizo un estanque de agua con flores de loto entre palmeras, cada cien leguas. Y estos estanques de agua, con flores de loto, tuvieron azulejos de cuatro diferentes clases. Una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y cada uno de estos estanques de agua, con flores de loto, conducía a una escalera de cuatro diferentes clases. Una clase de escalera tenía escalones de oro, una clase de escalera escalones de plata, una clase de escalera escalones de berilo y una clase de escalera escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.23] “Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si proveo a estos estanques de agua, con flores de loto, flores de cada estación, plantadas allí para toda la gente: lirios acuáticos azules y flores de loto azules, flores de loto blancas y lirios acuáticos blancos?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si construyo a la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, los baños, de tal manera que la gente que vive allí pueda bañarse?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

“Entonces este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si establezco en la orilla de estos estanques de agua, con flores de loto, postes caritativos, de tal manera que haya allí comida para los hambrientos, bebida para los sedientos, vestimenta para los desnudos, medios de transporte para los que tengan necesidad de ellos, sofás para los cansados, mujeres para los que buscan esposas, oro para los pobres y dinero para los que necesitan dinero?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.24] “Entonces, Ananda, los brahmanes y hombres hogareños, tomando grandes riquezas, fueron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, estas son las riquezas que hemos reunido especialmente para el gran rey, acéptelas por favor’. — ‘Amigos, yo ya tengo suficientes riquezas que tengo para mí, que son producto de los justos impuestos. Guardadlo para vosotros y tomad más con vosotros’.

“Y siendo rechazada así [su ofrenda] por el gran rey, se fueron a un lado y lo consideraron así: ‘No es apropiado para nosotros tomar estas riquezas y volver a nuestras casas. ¿Qué tal si construimos una mansión para el rey Mahasudassana?’.

Entonces, volvieron junto al gran rey y le dijeron: ‘Señor, quisiéramos construir una mansión para el gran rey’. Y el gran rey aceptó en silencio.

[1.25] “Entonces Sakka, el gobernador de los devas, conociendo con su mente la mente del rey Mahasudassana, se dirigió a Vissakamma —su deva ayudante— así: ‘Ven, Vissakamma, y construye un palacio para el rey Mahasudassana llamado Dhamma’.

“’Bien, señor’, respondió el deva asistente Vissakamma a Sakka, el gobernante de los devas. Acto seguido, tan rápido como un hombre fuerte dobla su brazo extendido o extiende su brazo doblado, desapareció del cielo de los Treinta-y-Tres y apareció frente al rey Mahasudassana, y le dijo: ‘Señor, quisiera construir un palacio para el gran rey que se llamaría Dhamma’. Y el gran rey aceptó en silencio. Entonces, el deva ayudante Vissakamma construyó para el gran rey el palacio llamado Dhamma.

[1.26] “Y el palacio del Dhamma, Ananda, se extendía una yojana de este a oeste de ancho y media yojana de norte a sur de largo. La planta baja, del palacio del Dhamma, tenía una altura tres veces mayor que la altura de un hombre, y estaba construida de cuatro clases de ladrillos. Una clase de ladrillos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y el palacio del Dhamma tenía ochenta y cuatro mil pilares de cuatro clases. Una clase de pilares era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. El palacio del Dhamma estaba amoblado con sillas de cuatro clases. Una clase de sillas era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Y en el palacio del Dhamma había veinticuatro escaleras de cuatro clases. Una clase de escaleras era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. Las escaleras de oro tenían balaustres de oro, con las barras transversales y los mascarones de plata. Las escaleras de plata tenían balaustres de plata, con las barras transversales y los mascarones de oro. Las escaleras de berilo tenían balaustres de berilo, con las barras transversales y los mascarones de cristal. Las escaleras de cristal tenían balaustres de cristal, con las barras transversales y los mascarones de berilo.

“En el palacio del Dhamma, Ananda, había ochenta y cuatro mil aposentos de cuatro clases. Una clase de aposentos era de oro, una clase era de plata, una de berilo y una de cristal. En los aposentos de oro se extendían los sofás de plata; en los aposentos de plata se extendían los sofás de oro; en los aposentos de berilo se extendían los sofás de marfil; y en los aposentos de cristal se extendían los sofás de coral. En la puerta del aposento de oro había una palmera de plata, cuyo tronco era de plata y las hojas y frutos de oro. En la puerta del aposento de plata había una palmera de oro, cuyo tronco era de oro y las hojas y frutos de plata. En la puerta del aposento de berilo había una palmera de cristal, cuyo tronco era de cristal y las hojas y frutos de berilo. En la puerta del aposento de cristal había una palmera de berilo, cuyo tronco era de berilo y las hojas y frutos de cristal.

[1.27] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago una arboleda de palmeras, todas de oro, a la entrada del gran aposento [con el techo] de dos aguas, para establecer ahí mi morada diurna?’. Entonces, el gran rey lo hizo así.

[1.28] “El palacio del Dhamma estaba rodeado por una doble barandilla. Una barandilla era de oro y la otra de plata. La barandilla de oro tenía los postes de oro, y las barras transversales y los mascarones de plata. Y la barandilla de plata tenía los postes de plata, y las barras transversales y los mascarones de oro.

[1.29] “Y el palacio del Dhamma estaba rodeado por dos redes de campanas. Una red de campanas era de oro y la otra red de campanas era de plata. Y cuando estas redes de campanas, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas redes de campanas eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las redes de campanas movidas por el viento.

[1.30] “Cuando el palacio del Dhamma se terminó de construir, Ananda, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos. Al igual, Ananda, como en el último mes de las Lluvias, cuando el cielo llega a estar claro y las nubes se desvanecen, y es difícil mirar al sol que emerge en el cielo, y es deslumbrante a los ojos, así también, cuando este palacio del Dhamma se terminó de construir, era difícil mirarlo, era deslumbrante a los ojos.

[1.31] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿Qué tal si hago, enfrente del palacio del Dhamma, un lago de lotos que lleve el nombre de Dhamma?’. Entonces, el gran rey lo hizo así. Y este lago del Dhamma tenía una yojana de ancho de este a oeste y media yojana de largo de norte a sur. El lago del Dhamma, además, tenía cuatro clases de azulejos; una clase de azulejos era de oro, una clase era de plata, una clase de berilo y una de cristal. Y a este lago del Dhamma, con flores de loto, conducían veinticuatro escaleras de cuatro diferentes clases; una clase de escalera con escalones de oro, una clase de escalera con escalones de plata, una clase de escalera con escalones de berilo y una clase de escalera con escalones de cristal. La escalera de oro tenía postes de oro y barandillas de plata. La escalera de plata tenía postes de plata y barandillas de oro. La escalera de berilo tenía postes de berilo y barandillas de cristal. La escalera de cristal tenía postes de cristal y barandillas de berilo. Y alrededor de estos estanques de agua, con flores de loto, corrían dos barandillas, una barandilla de oro y otra de plata. La barandilla de oro tenía sus postes de oro, y sus barras transversales y capiteles de plata. Y la barandilla de plata tenía sus postes de plata, y sus barras transversales y capiteles de oro.

[1.32] “Y el lago del Dhamma, Ananda, estaba rodeado por siete filas de palmeras, una de las cuales era de oro, una de plata, una de berilo, una de cristal, una de ágata, una de coral y una de toda clase de piedras preciosas. Y las palmeras de oro tenían el tronco de oro, y las hojas y  frutos de plata; las palmeras de plata tenían el tronco de plata, y las hojas y frutos de oro; las palmeras de berilo tenían el tronco de berilo, y las hojas y frutos de cristal; las palmeras de cristal tenían el tronco de cristal, y las hojas y frutos de berilo; las palmeras de ágata tenían el tronco de ágata, y las hojas y frutos de coral; las palmeras de coral tenían el tronco de coral, y las hojas y frutos de ágata; y las palmeras de toda clase de piedras preciosas, tenían el tronco de toda clase de piedras preciosas, y las hojas y frutos también de toda clase de piedras preciosas.

“Y cuando estas filas de palmeras, Ananda, eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Al igual, Ananda, que cuando las siete clases de instrumentos son ejecutados por un virtuoso emiten un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante, de la misma manera, cuando estas filas de palmeras eran movidas por el viento, emitían un sonido dulce, agradable, deleitoso y embriagante. Y si había algún tahúr en ese momento en la ciudad real de Kusavati, un ebrio o alguien dado a la bebida, empezaba a danzar al sonido de las palmeras movidas por el viento.

[1.33] “Y cuando el palacio del Dhamma hubo sido terminado, Ananda, junto con el lago de lotos del Dhamma, el  rey Mahasudassana introdujo allí todas las cosas buenas de los ascetas y brahmanes, por las cuales ellos tenían una gran estima. Finalmente, ascendió al palacio del Dhamma.

[Fin de la primera serie de recitación].

[2.1] “Entonces, Ananda, este pensamiento se le ocurrió al gran rey: ‘¿De cuál previo kamma es este fruto, de cuál kamma es el resultado de que sea ahora tan majestuoso y poderoso?’. Entonces se le ocurrió este pensamiento: ‘Este es el fruto y resultado de tres clases de kamma: de dar, de auto-control y de la abstención’.

[2.2] Entonces, Ananda, el gran rey entró al gran aposento con el techo de dos aguas y, estando en la puerta, exclamó: ‘¡Que cesen los pensamientos de codicia! ¡Que cesen los pensamientos de  animadversión! ¡Que cesen los pensamientos de odio!’.

[2.3] Entonces, Ananda, el gran rey, estando dentro del gran aposento con el techo de dos aguas, se sentó en el diván de oro con las piernas cruzadas y, recluido de los placeres sensuales, recluido de los perjudiciales estados mentales, entró y permaneció en el primer jhana, que consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la reclusión, acompañado por el pensamiento aplicado y sostenido. Al calmarse el pensamiento aplicado y sostenido, entró y permaneció en el segundo jhana, el cual tiene la placidez interior y la unificación mental y consiste en el arrobamiento y felicidad nacidos de la concentración, sin el pensamiento aplicado y sostenido. Al desaparecer el arrobamiento, permaneció ecuánime, con atención consciente y clara comprensión, y experimentó la felicidad en su cuerpo; entonces, entró y permaneció en el tercer jhana, del cual los nobles declararon: ‘Él es ecuánime, atentamente consciente y es alguien que tiene una morada feliz’. Al abandonar la felicidad y la pena, con la previa desaparición de la alegría y el abatimiento, entró y permaneció en el cuarto jhana, ni penoso ni placentero, el cual tiene la purificación de la atención consciente mediante la ecuanimidad.

[2.4] “Acto seguido, Ananda, el gran rey salió del gran aposento con el techo de dos aguas y fue al aposento dorado con el techo de dos aguas —donde se sentó con las piernas cruzadas en el diván de plata— y permaneció impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Además, permaneció impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… con la mente imbuida de gozo altruista… con la mente imbuida de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercero y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permaneció impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[2.5] “Y el rey Mahasudassana, Ananda, tenía ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Ochenta y cuatro mil palacios, de los cuales el principal era el palacio del Dhamma. Ochenta y cuatro mil cámaras, de las cuales la principal era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. Ochenta y cuatro mil divanes de oro, plata, marfil y sándalo, cubiertos con alfombras de pelo largo, paños bordados con flores y magníficas pieles de antílopes, cubiertos, además, con elevadas marquesinas y con ambos extremos provistos de cojines de color púrpura. Ochenta y cuatro mil elefantes con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. Ochenta y cuatro mil caballos con adornos de oro y banderas doradas, cubiertos con redes doradas, de los cuales el principal era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. Ochenta y cuatro mil carros cubiertos con pieles de leones, tigres y panteras, de los cuales el carro principal se llamaba “La Bandera de la Victoria’. Ochenta y cuatro mil piedras preciosas, de las cuales la principal era la Piedra Maravillosa. Ochenta y cuatro mil esposas, de las cuales la principal era la Reina de la Gloria. Ochenta y cuatro mil hombres hogareños, de los cuales el principal era el Maravilloso Mayordomo. Ochenta y cuatro mil khattiyas, de los cuales el principal era el Maravilloso Consejero. Ochenta y cuatro mil cabezas de ganado con parafernalias de yute y la punta de los cuernos de bronce. Ochenta y cuatro mil prendas de vestir de texturas delicadas, hechas de lino, algodón, seda y lana. Ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche.

[2.6] “En aquel entonces, Ananda, ochenta y cuatro mil elefantes estaban esperando todas las mañanas y todas las tardes, listos para ser usados por el rey Mahasudassana. Entonces, este pensamiento se le ocurrió: ‘Estos ochenta y cuatro mil elefantes están siempre esperando por las mañanas y por las tardes, listos para ser usados por mí’. Entonces dijo a su Maravilloso Consejero: ‘¿Qué tal si cuarenta y dos mil de esos elefantes se alternan y viene junto a mí cada siglo?’. Entonces se hizo así.

[2.7] “Después de mucho tiempo, Ananda, después de muchos cientos y miles de años, este pensamiento se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘Ya transcurrió mucho tiempo sin que haya visto al rey Mahasudassana. ¿Qué tal si voy a visitar al gran rey?’. Acto seguido dijo a las mujeres: ‘Venid, lavaos vuestras cabezas y vestíos de ropa limpia, que vamos a visitar al rey Mahasudassana’. ― ‘Sí, Majestad’, respondieron las mujeres y así lo hicieron, después de lo cual regresaron junto a la reina.

“Entonces, la reina Subhadda dijo al Maravilloso Consejero: ‘Alista, Maravilloso Consejero, al cuádruple ejército, que ya transcurrió mucho tiempo sin que hayamos visto al rey Mahasudassana y vamos a visitarlo’. ― ‘Sí, Majestad’, respondió el Maravilloso Consejero y así lo hizo, después de lo cual retornó junto a la reina, reportándole que el cuádruple ejército estaba listo.

[2.8] “Entonces, Ananda, la reina Subhadda partió junto con el cuádruple ejército y con las mujeres hacia el palacio del Dhamma. Al llegar allí, fue al gran aposento con el techo de dos aguas y se paró al otro lado de la puerta. Y cuando el rey Mahasudassana escuchó este ruido pensó: ¿Qué significa este ruido, proveniente de la acumulación de tanta gente?’. Entonces salió y, al ver a la reina Subhadda al otro lado de la puerta, le dijo: ‘Quédate allí, reina, no entres’.

[2.9] “Entonces, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a cierto hombre: ‘Ve, buen hombre, toma el diván de oro del gran aposento con el techo de dos aguas y, sacándolo de allí, ponlo debajo de las palmeras de oro’. ― ‘Muy bien, gran rey’, respondió aquel hombre y así lo hizo. Acto seguido, el rey Mahasudassana se recostó ahí adoptando la posición del león, con una pierna sobre la otra, con clara comprensión y atención consciente.

[2.10] “Entonces, Ananda, esto se le ocurrió a la reina Subhadda: ‘¡Qué calmos se ven todos los miembros del rey Mahasudassana! ¡Qué brillante es su apariencia! ¡Espero que el gran rey no esté muerto!’.

“Acto seguido dijo al gran rey: ‘Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellas! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en las cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Levántate, vuelve a despertar tu deseo por ellos!’.

[2.11] “Cuando se dijo esto, Ananda, el rey Mahasudassana dijo a la reina: ‘Por mucho tiempo, reina, has hablado placentera y deleitosamente, de manera atractiva y dulce. Sin embargo, en este último tiempo tus palabras no me fueron placenteras, deleitosas ni deseables’.

“’Entonces, ¿cómo, señor, debo dirigirme a usted?’.

“’Así deberías hablarme: «Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!»’.

[2.12] “Cuando se dijo esto, Ananda, la reina Subhadda se puso a llorar y derramar lágrimas. Entonces, llorando y derramando lágrimas, la reina dijo al gran rey: ‘Todas las cosas que son placenteras y atractivas son sujetas a cambio, a desaparición, a llegar otra cosa. No mueras, rey, lleno de ansia: morir lleno de ansia es penoso e indigno. Señor, de tus ochenta y cuatro mil ciudades, la principal es la ciudad de Kusavati. ¡Abandona el deseo por ellas, abandona el deseo de vivir allí! Señor, de tus ochenta y cuatro mil palacios… de tus ochenta y cuatro mil cámaras… de tus ochenta y cuatro mil divanes… de tus ochenta y cuatro mil elefantes… de tus ochenta y cuatro mil caballos… de tus ochenta y cuatro mil carros… de tus ochenta y cuatro mil piedras preciosas… de tus ochenta y cuatro mil esposas… de tus ochenta y cuatro mil hombres hogareños… de tus ochenta y cuatro mil khattiyas… de tus ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… de tus ochenta y cuatro mil prendas de vestir… de tus ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se sirve arroz de día y de noche. ¡Abandona el deseo por ellos, abandona el deseo de vivir con esto!’.

[2.13] “Entonces, no mucho después, Ananda, el rey Mahasudassana murió. Y así como un hombre hogareño, o su hijo, puede sentir somnolencia después de una buena comida, así también él tuvo esa sensación al fallecer y renació, luego, en un buen destino, en el mundo del Brahma.

“Por ochocientos cuarenta años el rey Mahasudassana vivió la vida feliz del príncipe; por ochocientos cuarenta años ejerció el vice-reinado; por ochocientos cuarenta años gobernó como rey; por ochocientos cuarenta años vivió como laico en el palacio del Dhamma. Y habiendo practicado las cuatro moradas divinas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, renació en el mundo del Brahma.

[2.14] “Ahora bien, Ananda, tú podrías pensar esto: ‘El rey Mahasudassana, en aquel tiempo, era alguien más’. Sin embargo, no deberías interpretar esto así. En aquel tiempo, yo mismo era el rey Mahasudassana. Mías eran las ochenta y cuatro mil ciudades, de las cuales la principal era la ciudad de Kusavati. Míos eran los ochenta y cuatro mil palacios… ochenta y cuatro mil cámaras… ochenta y cuatro mil divanes… ochenta y cuatro mil elefantes… ochenta y cuatro mil caballos… ochenta y cuatro mil carros… ochenta y cuatro mil piedras preciosas… ochenta y cuatro mil esposas… ochenta y cuatro mil hombres hogareños… ochenta y cuatro mil khattiyas… ochenta y cuatro mil cabezas de ganado… ochenta y cuatro mil prendas de vestir… Míos eran los ochenta y cuatro mil platos, en los cuales se servía arroz de día y de noche’.

[2.15] “De estas ochenta y cuatro mil ciudades, Ananda, una era la que usaba en aquel tiempo para morar, la cual fue la ciudad principal de Kusavati. De estos ochenta y cuatro mil palacios, uno era el que usaba en aquel tiempo para morar, el cual fue el palacio del Dhamma. De estas ochenta y cuatro mil cámaras, una era la que usaba en aquel tiempo  para morar, la cual era la cámara del gran aposento con el techo de dos aguas. De estos ochenta y cuatro mil divanes, uno era el que usaba en aquel tiempo para ocuparlo, a veces el que era de oro, otras veces el que era de plata, otras el de marfil y otras el de sándalo. De estos ochenta y cuatro mil elefantes, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los elefantes que se llamaba ‘Uposatha’. De estos ochenta y cuatro mil caballos, uno era al que en aquel tiempo montaba, que era el rey de los caballos que se llamaba ‘Nube de tormenta’. De esos ochenta y cuatro mil carros, uno era el que usaba en aquel tiempo, que era el carro principal que se llamaba “La Bandera de la Victoria’. De estas ochenta y cuatro mil esposas, una era la que usaba para que me esperase, y era la señora noble que se llamaba Khattiyini o Velamikami. De estas ochenta y cuatro mil prendas de vestir, usaba en aquel tiempo una que era de textura delicada, o una hecha de lino, una hecha de algodón, una de seda o una de lana. Y de estos ochenta y cuatro mil platos, en aquel tiempo usé uno para comer una medida moderada de arroz con salsa de curry.

[2.16] “Mira, Ananda, cómo ahora todas estas cosas del pasado terminaron y se desvanecieron por completo. Así son de transitorias, Ananda, las cosas condicionadas, así de cambiantes y poco confiables son las cosas condicionadas. Por eso, Ananda, uno no debe regocijarse en los estados condicionados, debe apartarse de ellos y debe liberarse de todos los estados condicionados.

[2.17] “Yo recuerdo, Ananda, haber desechado el cuerpo seis veces en este lugar, y haberlo desechado por séptima vez como el Monarca que gira la Rueda, el gobernador justo que conquistó las cuatro regiones de la tierra y estableció firmemente su reinado, y que poseyó los siete tesoros. Por eso, Ananda, no veo mejor lugar en este mundo con sus devas, en el mundo del Mara y Brahma, en esta generación con sus ascetas y brahmanes, nobles y gente común, donde el Tathagata desechase por octava vez el cuerpo”.

Esto es lo que dijo el Bienaventurado y, habiéndolo dicho, agregó:

“Transitorias son todas las cosas condicionadas,

Propensas a surgir y desaparecer.

Al haber surgido, vuelven a destruirse,

Y su desaparición es la dicha”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995). Mahasudassanana Sutta. The Great Splendour: A King’s Renunciation. en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the Digha Nikaya, pp. 279-290.

“Mahasudassananasuttam”, World Tipitaka Edition

Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

Lunes, 18 Septiembre 2017 19:40

El triple conocimiento

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DN 13 Tevijja Sutta – Discurso sobre el triple conocimiento. Dos jóvenes brahmanes hablan de las distintas maneras de lograr la unión con Brahma, lo que para ellos, constituye el máximo objetivo. Entonces, el Buda les enseña los cuatro brahmaviharas, una práctica que conduce al logro del objetivo de los brahmanes, pero que, sin embargo, no es el objetivo último del budismo.

 

 

Lunes, 11 Septiembre 2017 04:04

El papel del maestro en la práctica

bh 05

DN 12 Lohicca Sutta – Discurso con Lohicca. Lohicca llega a un incorrecto punto de vista en referencia al rol del maestro en el camino de la práctica: si el Dhamma tiene que ser descubierto personalmente por cada uno, ¿para qué sirven, entonces, los maestros? ¿No es mejor que no compartan nada de lo que experimentaron para que los demás también lo puedan hacer por su cuenta? Entonces, el Buda responde e indica la diferencia existente entre un buen maestro y otro malo.

 

 

Martes, 05 Septiembre 2017 03:46

DN 13 Tevijja Sutta – Discurso con Tevijja

Dos jóvenes brahmanes están confundidos sobre que la unión con el Brahma constituya la meta última de la práctica contemplativa. El Buda les enseña las cuatro “moradas divinas”, una práctica que conduce al logro del objetivo brahmánico, pero que, sin embargo, no es la meta final del budismo.

 


[Leer en pali]

[1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión el Bienaventurado estaba haciendo un recorrido entre los kosala, en compañía de un gran grupo de monjes —unos quinientos monjes, en total—, hasta que llegó a un pueblo de brahmanes, en Kosala, de nombre Manasakata. Estando allí, el Bienaventurado fijó su morada en la Arboleda de los Mangos, a la orilla del río Aciravati, al norte de Manasakata.

[2] En aquel tiempo muchos distinguidos y ricos brahmanes, tales como Kanki, Tarukkha, Pokkharasadi, Janussoni, Todeyya y otros, estaban en Manasakata.

[3] Entonces surgió una discusión entre Vasettha y Bharadvaja, mientras hacían los ejercicios y caminaban de uno a otro lado, acerca del sendero verdadero y falso.

[4] El joven brahmán Vasettha decía: “Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el Brahma, el que enseña el brahmán Pokkharasadi”.

[5] Mientras, el joven brahmán Bharadvaja decía: “Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el Brahma, el que enseña el brahmán Tarukkha”.

[6] Pero, ni el joven brahmán Vasettha fue capaz de convencer al joven brahmán Bharadvaja, ni el joven brahmán Bharadvaja fue capaz de convencer al joven brahmán Vasettha.

[7] Entonces el joven brahmán Vasettha dijo al joven brahmán Bharadvaja: “Bharadvaja, el asceta Gotama, el hijo de los sakia, habiendo abandonado el clan de los sakia, está haciendo un recorrido entre los kosala, en compañía de un gran grupo de monjes —aproximadamente unos quinientos monjes, en total— y está morando en la Arboleda de los Mangos, a la orilla del río Aciravati, al norte de Manasakata. Y se propaga muy buena referencia acerca del Maestro Gotama, de esta manera: ‘Este Bienaventurado Señor es un Arahant, un Perfectamente Iluminado, realizado en el conocimiento verdadero y la conducta, el Sublime, conocedor del mundo, insuperable líder de los que han de ser amansados, maestro de los devas y los seres humanos, el Iluminado, el Bienaventurado’. Ven, Bharadvaja, acerquémonos al lugar donde está el asceta Gotama y, cuando lleguemos allí, preguntémosle acerca de este tema. Lo que el asceta Gotama nos responda, lo mantendremos en nuestras mentes”.

“Bien, amigo”, respondió el joven brahmán Bharadvaja, aceptando la propuesta del joven brahmán Vasettha.

[8] Acto seguido, el joven brahmán Vasettha y el joven brahmán Bharadvaja fueron al lugar donde moraba el Bienaventurado, se acercaron a él, le rindieron homenaje y se sentaron a un lado. Estando sentados allí, el joven brahmán Vasettha dijo al Bienaventurado:

“Mientras hacíamos  ejercicios, caminando de uno a otro lado, surgió entre nosotros una discusión acerca del sendero verdadero y falso. Yo dije: ‘Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el Brahma, el que enseña el brahmán Pokkharasadi’; mientras que Bharadvaja dijo: ‘Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el Brahma, el que enseña el brahmán Tarukkha’. Fue sobre este tema la disputa, la discusión, la diferencia de opinión entre nosotros”.

[9] “Dices, Vasettha, que dijiste: ‘Este es el único sendero… el que enseña el brahmán Pokkharasadi’, y que Bharadvaja dijo: ‘Este es el único sendero… el que enseña el brahmán Tarukkha’, entonces, ¿cuál es la disputa, la discusión, la diferencia de opinión entre vosotros?”.

[10] “Es concerniente al sendero verdadero y falso, Maestro Gotama. Los diferentes brahmanes enseñan diferentes senderos. Lo que enseñan los brahmanes Addhariya, Tittiriya, Chandoka, Chandava y Bavharija, ¿son todos éstos, senderos de salvación? ¿Son todos éstos, senderos que conducen al estado de unión con el Brahma?

“Al igual que alrededor de un pueblo o una ciudad, se encuentran varios caminos y todos ellos conducen al mismo pueblo, así también, maestro Gotama, hay diferentes brahmanes que enseñan diferentes senderos: los brahmanes Addhariya, Tittiriya, Chandoka, Chandava, Bavharija. ¿Son todos éstos, senderos de salvación? ¿Son todos éstos, senderos que conducen al estado de unión con el Brahma?”.

[11] “¿Dices que conducen, Vasettha?”.

“Sí, Maestro Gotama”.

“¿Seguro que dices que conducen, Vasettha?”.

“Sí, Maestro Gotama”.

“¿Dices que realmente conducen, Vasettha?”.

“Sí, Maestro Gotama”.

[12] “Pero, Vasettha, ¿hay entre estos brahmanes, versados en los Tres Vedas, aunque sea uno solo que haya visto al Brahma cara a cara?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

“Pero entonces, ¿hay entre los maestros de estos brahmanes, versados en los Tres Vedas, aunque sea uno solo que haya visto al Brahma cara a cara?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

“Pero entonces, ¿hay entre los pupilos de estos maestros de los brahmanes, versados en los Tres Vedas, aunque sea uno solo que haya visto al Brahma cara a cara?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

“Pero entonces, ¿hay entre las siete generaciones de los maestros de estos brahmanes, versados en los Tres Vedas, aunque sea uno solo que haya visto al Brahma cara a cara?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[13] ¿Y qué me dices en consideración a los sabios y brahmanes, versados en los Tres Vedas, que fueron autores de los versos, que expusieron los mantras, aquellas antiguas palabras que los brahmanes de hoy cantan una y otra vez, y las repiten, las entonan y recitan exactamente como han sido entonadas y recitadas; aquellos como Atthaka, Vamaka, Vamadeva, Vessamitta, Yamataggi, Angirasa, Bharadvaja, Vasettha, Kassapa y Bhagu? ¿Cantan ellos diciendo esto: ‘Nosotros lo conocimos y lo vimos, cuándo y dónde apareció el Brahma’?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[14] “Entonces dices, Vasettha, que no hay brahmán alguno, ni su maestro, ni pupilo alguno, ni siquiera nadie en siete generaciones que haya visto al Brahma cara a cara. Incluso aquellos sabios antiguos que fueron autores de los versos, que expusieron los mantras, aquellas antiguas palabras que los brahmanes de hoy cantan una y otra vez, y las repiten, las entonan y recitan exactamente como han sido entonadas y recitadas; incluso ellos reconocen no haber conocido ni visto esto, cuándo y dónde el Brahma apareció. ¿Cómo es, entonces, que los brahmanes, versados en los Tres Vedas, pueden realmente decir: ‘En consideración con lo que no conocemos, en consideración con lo que no vimos, podemos mostrar el sendero que conduce al estado de unión con aquello, de lo cual decimos: «Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el Brahma»’?

“¿Qué opinas, Vasettha? Siendo eso así, ¿no se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto”.

[15] “Vasettha, aquellos brahmanes, versados en los Tres Vedas, pretenden ser capaces de mostrar el camino hacia un estado de unión que ellos nunca conocieron ni vieron, pero tal cosa es imposible.

“Es como si una fila de ciegos, pegados uno al otro, se desplazara hacia adelante: el primero no vería nada, el del medio no vería nada y el último tampoco vería algo. De la misma manera, Vasettha, las palabras de estos brahmanes versados en los Tres Vedas, son como una charla de ciegos: el primero no pudiendo ver, el del medio no pudiendo ver y el último tampoco pudiendo ver algo. De este modo, las palabras de estos brahmanes versados en los Tres Vedas se tornan ridículas, son palabras vacías y vanas, mera palabrería.

[16] “Ahora bien, Vasettha, ¿qué opinas? ¿Pueden los brahmanes, versados en los Tres Vedas —al igual que la otra gente común y corriente— ver la luna y el sol cuando rezan, alaban y adoran, volviéndose con las manos juntas hacia los lugares en los cuales [estos astros] se elevan y establecen?”.

“Ciertamente sí, Maestro Gotama”.

[17] “Y, ¿qué opinas, Vasettha? Los brahmanes, versados en los Tres Vedas, que pueden ver muy bien —al igual que la otra gente común y corriente— la luna y el sol cuando rezan, alaban y adoran, volviéndose con las manos juntas hacia los lugares en los cuales [estos astros] se elevan y se establecen, pueden aquellos brahmanes versados en los Tres Vedas ¿ser capaces de apuntar a un camino que conduzca al estado de unión con la luna y el sol y decir: ‘Este es el único sendero, este es el verdadero sendero de salvación que conduce a la unión con el sol y la luna’”?

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[18] “Entonces, Vasettha, afirmas que los brahmanes no son capaces de apuntar a un camino que conduzca al estado de unión con la luna y el sol —los cuales ven— y, por otro lado, afirmas que ninguno de ellos, ninguno de sus maestros ni pupilos, nadie en siete generaciones de sus predecesores ha visto al Brahma cara a cara; incluso afirmas que aquellos sabios antiguos que fueron autores de los versos, que expusieron los mantras, aquellas antiguas palabras que los brahmanes de hoy cantan una y otra vez —y las repiten, las entonan y recitan exactamente como han sido entonadas y recitadas—, ni siquiera ellos reconocen ni han conocido ni visto cómo, cuándo y dónde el Brahma apareció. Con todo esto, esos brahmanes, versados en los Tres Vedas, dicen que pueden apuntar un camino que conduce a la unión [con algo], que jamás conocieron ni vieron. Entonces, ¿qué opinas, Vasettha? ¿No se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto”.

[19] “Vasettha, aquellos brahmanes, versados en los Tres Devas, pretenden ser capaces de mostrar el camino hacia un estado de unión que ellos nunca conocieron ni vieron, pero tal cosa es imposible.

“Esto es, Vasettha, como si un hombre dijera: ‘Voy a buscar y amar a la mujer más hermosa de la tierra’; pero si le gente le dijera: ‘Bien, amigo, en cuanto a esta mujer más hermosa de la tierra, la cual vas a ir a buscar y amar, ¿sabes si esta mujer es una mujer de la nobleza, de la clase de los brahmanes, una mujer de los mercaderes o una de la clase baja?’, él respondería: ‘No’. Y si la gente le preguntara: ‘Bien, amigo, pero entonces, en cuanto a esta mujer más hermosa de la tierra, la cual vas a ir a buscar y amar, ¿conoces su nombre o sabes los nombres de sus familiares, aunque sea si ella es de baja estatura, mediana o alta, si es morena, de color regular o de oro, en qué ciudad o pueblo vive?’,  él respondería: ‘No’. En este caso, si la gente dijese: ‘Entonces, amigo, amas y anhelas a alguien que nunca has visto’, él tendría que responder: ‘Sí’.

“Entonces, ¿qué opinas, Vasettha? ¿No se concluye que lo que dice este hombre se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dice este hombre se torna en algo tonto”.

[20] “Entonces, Vasettha, afirmas que los brahmanes no son capaces de apuntar a un camino que conduzca al estado de unión con la luna y el sol, los cuales ven… ¿No se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto”.

“Vasettha, aquellos brahmanes, versados en los Tres Devas, pretenden ser capaces de mostrar el camino hacia un estado de unión [con algo] que ellos nunca conocieron ni vieron, pero tal cosa es imposible.

[21] “Esto es, Vasettha, como si un hombre construyera una escalera de palacio en una encrucijada. Y si la gente le preguntara: ‘En cuanto a este palacio, para el cual estás construyendo esa escalera, ¿sabes si apunta hacia el oeste, hacia el sur, hacia el este o hacia el norte? ¿Sabes si es alto, bajo o de altura mediana?’, él respondería: ‘No’. En este caso, si la gente le dijese: ‘Pero, amigo, estás haciendo una escalera a ser levantada en un palacio que nunca conociste ni viste’, él tendría que responder: ‘Sí’.

“Entonces, ¿qué opinas, Vasettha? ¿No se concluye que lo que dice este hombre se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dice este hombre se torna en algo tonto”.

[22] “Entonces, Vasettha, afirmas que los brahmanes no son capaces de apuntar a un camino que conduzca al estado de unión con la luna y el sol, los cuales ven… ¿No se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto?”.

“Ciertamente, Maestro Gotama, se concluye que lo que dicen estos brahmanes, por más versados en los Tres Vedas que sean, se torna en algo tonto”.

[23] “Vasettha, aquellos brahmanes, versados en los Tres Devas, pretenden ser capaces de mostrar el camino hacia un estado de unión [con algo] que ellos nunca conocieron ni vieron, pero tal cosa es imposible.

[24] “Esto es, Vasettha, como si este río Aciravati estuviera lleno de agua hasta los bordes, incluso sobrepasándolos, y un hombre que, teniendo un negocio en el otro lado ―con su destino en el otro lado, dirigido hacia el otro lado, queriendo cruzar al otro lado―, se parase en este lado e invocase la otra orilla diciendo: ‘¡Ven aquí, oh orilla lejana! ¡Ven hacia este lado!’.

“¿Qué opinas, Vasettha? ¿Cruzaría la orilla lejana hacia este lado, debido a la invocación, pedido, deseo y suplica de aquel hombre?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[25] “De la misma manera, Vasettha, estos brahmanes versados en los Tres Vedas ―omitiendo la práctica de aquellas cualidades que realmente hacen al hombre un brahmán y adoptando la práctica de aquellas cualidades que en realidad no convierten a los hombres en brahmanes―, dicen así: ‘Indra, te hacemos un llamado; Soma, te hacemos un llamado; Varuna, te hacemos un llamado; Isana, te hacemos un llamado; Pajapati, te hacemos un llamado; Brahma, te hacemos un llamado; Mahiddhi, te hacemos un llamado; Yama, te hacemos un llamado’. Estos brahmanes, Vasettha, versados en los Tres Vedas ―pero que omiten la práctica de aquellas cualidades que realmente hacen al hombre un brahmán y adoptan la práctica de aquellas cualidades que en realidad no convierten a los hombres en brahmanes―, ellos, debido a la invocación, pedido, deseo y suplica, con la disolución del cuerpo después de la muerte, pretenden llegar a la unión con el Brahma, pero tal cosa es imposible.

[26] “Esto es, Vasettha, como si este río Aciravati estuviera lleno de agua hasta los bordes, incluso sobrepasándolos, y un hombre que, teniendo un negocio en el otro lado ―con su destino en el otro lado, dirigido hacia el otro lado, queriendo cruzar al otro lado―, estuviese fuertemente atado con los brazos atrás con una cadena fuerte. ¿Qué opinas, Vasettha? ¿Sería aquel hombre capaz de cruzar el río Aciravati de una orilla a la otra?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[27] “De la misma manera, Vasettha, hay cinco cuerdas de los deseos sensoriales, las cuales han sido llamadas ‘cadenas’ y ‘ligaduras’ en la Disciplina de los Nobles. Y, ¿cuáles son esas cinco?

“Las formas perceptibles por el ojo: deseables, agradables, placenteras, atractivas, que despiertan el deseo y generan el deleite. Los sonidos perceptibles por el oído… Los olores perceptibles por la nariz… Los sabores perceptibles por la lengua… Las sensaciones táctiles perceptibles por el cuerpo: deseables, agradables, placenteras, atractivas, que despiertan el deseo y generan el deleite. Estas son las cinco cuerdas de los deseos sensoriales, que han sido llamadas ‘cadenas’ y ‘ligaduras’ en la Disciplina de los Nobles. Y los brahmanes, versados en los Tres Vedas, Vasettha, apegados a estas cinco cuerdas de los placeres sensuales, se enamoran de ellas, se unen a ellas, no ven el peligro de ellas y, no conociendo lo poco fiable que son, disfrutan de ellas.

[28] “Y estos brahmanes, versados en los Tres Vedas, Vasettha ―omitiendo la práctica, de aquellas cualidades, que realmente hacen al hombre un brahmán y adoptando la práctica, de aquellas cualidades, que en realidad no convierten a los hombres en brahmanes―, se apegan a estas cinco cuerdas de los placeres sensuales, se enamoran de ellas, se unen a ellas, no ven el peligro de ellas y, no conociendo lo poco fiable que son, disfrutan de ellas. Ellos, con la disolución del cuerpo después de la muerte, pretenden llegar a la unión con el Brahma, pero tal cosa es imposible.

[29] “Esto es, Vasettha, como si este río Aciravati estuviera lleno de agua hasta los bordes, incluso sobrepasándolos, y un hombre que, teniendo un negocio en el otro lado ―con su destino en el otro lado, dirigido hacia el otro lado, queriendo cruzar al otro lado―, estuviera ligado a este lado con un chal y cubierto con él hasta la cabeza. ¿Qué opinas, Vasettha? ¿Sería aquel hombre capaz de cruzar el río Aciravati de una orilla a la otra?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[30] “De la misma manera, Vasettha, hay cinco impedimentos, los cuales han sido llamados “obstáculos”, “impedimentos”, “obstrucciones” y “enredos” en esta Disciplina de los Nobles. Y, ¿cuáles son esos cinco? El impedimento del deseo sensorial, el impedimento de la animadversión, el impedimento de la pereza y somnolencia, el impedimento de la preocupación y remordimiento, y el impedimento de la duda. Estos son los cinco impedimentos, los cuales han sido llamados “obstáculos”, “impedimentos”, “obstrucciones” y “enredos” en esta Disciplina de los Nobles.

“Y estos brahmanes, versados en los Tres Vedas, Vasettha, están obstaculizados, impedidos, obstruidos y enredados con estos cinco impedimentos.

“Además, Vasettha, estos brahmanes versados en los Tres Vedas ―omitiendo la práctica de aquellas cualidades que realmente hacen al hombre un brahmán y adoptando la práctica de aquellas cualidades que en realidad no convierten a los hombres en brahmanes―, están obstaculizados, impedidos, obstruidos y enredados con estos cinco impedimentos. Ellos, con la disolución del cuerpo después de la muerte, pretenden llegar a la unión con el Brahma, pero tal cosa es imposible.

[31] “Ahora bien, ¿qué opinas, Vasettha, y qué escuchaste de los brahmanes ancianos, los bien avanzados en edad, cuando los estudiantes y los maestros están charlando juntos? ¿Posee el Brahma  mujeres y riquezas, o no?”.

“No, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está llena de ira o es libre de ira?”.

“Es libre de ira, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está llena de animadversión o es libre de animadversión?”.

“Es libre de animadversión, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está estorbada o es pura?”.

“Es pura, Maestro Gotama”.

“Y, ¿tiene él autodominio o no lo tiene?”.

“Lo tiene, Maestro Gotama”.

[32] “Ahora bien, ¿qué opinas, Vasettha? ¿Poseen los brahmanes, versados en los Tres Vedas, mujeres y riquezas, o no?”.

“Sí las poseen, Maestro Gotama”.

“Y sus mentes, ¿tienen ira o están libre de ira?”.

“Tienen ira, Maestro Gotama”.

“Y sus mentes, ¿tienen animadversión o están libre de animadversión?”.

“Tienen animadversión, Maestro Gotama”.

“Y sus mentes, ¿están estorbadas o son puras?”.

“Están estorbadas, Maestro Gotama”.

“Y, ¿tienen ellos autodominio o no lo tienen?”.

“No lo tienen, Maestro Gotama”.

[33] “Vasettha, afirmas que los brahmanes están en posesión de mujeres y riquezas, mientras que el Brahma no. Entonces, ¿hay algún parecido, hay algo en común entre los brahmanes que poseen mujeres y riquezas, y el Brahma que no tiene estas cosas?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[34] “Bien, Vasettha, así que aquellos brahmanes versados en los Tres Vedas, que viven en matrimonio y en riqueza, con la disolución del cuerpo después de la muerte, pretenden unirse con el Brahma que no tiene estas cosas, pero tal cosa es imposible.

[35] “Vasettha, afirmas también que los brahmanes tienen ira en sus mentes… tienen animadversión en sus mentes… sus mentes están estorbadas... no tienen autodominio; mientras que el Brahma, no tiene  ira… no tiene animadversión… su mente es pura… tiene autodominio. Entonces, ¿hay algún parecido, hay algo en común entre los brahmanes que no tienen autodominio y el Brahma que sí lo tiene?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama”.

[36] “Bien, Vasettha, así que aquellos brahmanes versados en los Tres Vedas, que no tienen autodominio, con la disolución del cuerpo después de la muerte, pretenden unirse con el Brahma que lo tiene, pero tal cosa es imposible. Así que ellos, cuando se sientan, en realidad se hunden, y así, hundiéndose, llegan a la desesperación, pensando que están cruzando hacia una tierra más feliz. Es por eso que el triple conocimiento de los brahmanes, la sabiduría de sus Tres Vedas, se llama un triple desierto sin agua, una triple jungla sin sendero y una triple perdición”.

[37] Cuando se dijo esto, el joven brahmán Vasettha dijo al Bienaventurado: “He escuchado, Maestro Gotama, que usted sí conoce el camino al estado de unión con el Brahma”.

“¿Qué piensas, Vasettha? ¿Está Manasakata cerca de aquí o está lejos?”.

“Está cerca, Maestro Gotama, no está lejos”.

“Y, ¿qué opinas, Vasettha? Imagina a un hombre nacido en Manasakata, un hombre que vivió toda su vida en Manasakata, y si la gente le preguntase por el camino hacia Manasakata, este hombre nacido y criado en Manasakata, ¿tendría dudas o dificultades [en responder]?”.

“Ciertamente no, Maestro Gotama. Y, ¿por qué así? Porque para un hombre nacido y crecido en Manasakata, cada camino que conduce a esa ciudad le es perfectamente familiar”.

[38] “Pero, hasta aquel hombre, Vasettha, nacido y crecido en Manasakata, podría tener duda y dificultad si fuese preguntado por el camino a Manasakata, pero el Tathagata, cuando es preguntado acerca del sendero que conduce al mundo del Brahma, jamás tendría dudas ni dificultades [en responder]. Por eso yo conozco, Vasettha, al Brahma, el mundo del Brahma y el sendero que conduce al mundo del Brahma. Lo conozco como alguien que ha entrado en el mundo del Brahma y que ha nacido allí”.

[39] Cuando se dijo esto, el joven brahmán Vasettha dijo al Bienaventurado: “He escuchado esto, Maestro Gotama, que el asceta Gotama conoce el camino del estado de unión con el Brahma. ¡Excelente! ¡Que el Maestro Gotama me muestre el camino que conduce al estado de la unión con el Brahma! ¡Que el maestro Gotama salve la casta de los brahmanes!”.

“Entonces escucha, Vasettha, y presta atención que voy a hablar”.

“Sí, Venerable Señor”, respondió el joven brahmán Vasettha y el Bienaventurado continuó:

[40-75] “He aquí, Vasettha, el Tathagata surgió en el mundo, un Arahant, un Perfectamente Iluminado, realizado en el verdadero conocimiento y la conducta, el Afortunado, el conocedor del mundo, incomparable líder de los que han de ser amansados, el maestro de los devas y seres humanos, el Iluminado, el Bienaventurado. Él, habiéndolo descubierto por sí mismo y con el conocimiento directo, lo proclama en este mundo con sus devas, Maras y Brahmas, sus príncipes y gente común. Enseña el Dhamma que es agradable al principio, agradable en el medio y agradable al final, tanto en su contenido como en la forma, y despliega una vida santa completamente purificada y perfecta.

“Un hombre hogareño o hijo de hombre hogareño, o alguien que ha renacido de un hogar a otro, al escuchar este Dhamma, obtiene fe en el Tathagata… [se repite la porción del DN 2,41-75].

[76] He aquí, luego el monje permanece impregnando un cuadrante [1] con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma el segundo, tercer y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente; [con la mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

[77] “Al igual que un poderoso trompetista puede hacerse escuchar sin dificultad en cada una de las cuatro direcciones, así, a través de este profundo sentir de amor benevolente, Vasettha, a través de la liberación de la mente mediante el amor benevolente, no deja nada que tenga forma o vida sin tocar ni afectar [por este amor]. Este es, Vasettha, lo declaro yo, el camino para el estado de unión con el Brahma”.

[78-79] “Además, Vasettha, luego permanece impregnando un cuadrante con la mente imbuida de compasión… de gozo altruista… de ecuanimidad. De la misma forma el segundo, tercer y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como para sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad; [con la mente] abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión.

“Al igual que un poderoso trompetista puede hacerse escuchar sin dificultad en cada una de las cuatro direcciones, así, a través de este profundo sentir de ecuanimidad, Vasettha, a través de la liberación de la mente mediante la ecuanimidad, no deja nada que tenga forma o vida sin tocar ni afectar [por esta ecuanimidad]. Este es, Vasettha, lo declaro yo, el camino para el estado de unión con el Brahma”.

[80] “Ahora bien, ¿qué opinas, Vasettha? Un monje que mora así, ¿posee  mujeres y riquezas, o no?”.

“No, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está llena de ira o es libre de ira?”.

“Es libre de ira, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está llena de animadversión o es libre de animadversión?”.

“Es libre de animadversión, Maestro Gotama”.

“Y su mente, ¿está estorbada o es pura?”.

“Es pura, Maestro Gotama”.

“Y, ¿tiene él autodominio o no lo tiene?”.

“Lo tiene, Maestro Gotama”.

[81] “Vasettha, afirmas que aquel monje es libre de las tareas hogareñas y mundanas, y que el Brahma también lo es. Entonces, ¿hay algún parecido, hay algo en común entre aquel monje y el Brahma?”.

“Ciertamente sí, Maestro Gotama”.

“Bien, Vasettha, así que aquel monje, que es libre de las tareas hogareñas y mundanas, con la disolución del cuerpo después de la muerte, podría unirse con el Brahma que también es libre de estas cosas, y tal cosa es muy posible.

“Además, Vasettha, afirmas también que aquel monje no tiene ira en su mente… no tiene animadversión en su mente… su mente es pura... tiene autodominio, al igual que el Brahma. Entonces, ¿hay algún parecido, hay algo en común entre aquel monje que tiene autodominio y el Brahma que también lo tiene?”.

“Ciertamente sí, Maestro Gotama”.

“Bien, Vasettha, así que aquel monje que no tiene ira en su mente… no tiene animadversión en su mente… su mente es pura... tiene  autodominio, al igual que el Brahma, con la disolución del cuerpo después de la muerte, podría unirse con el Brahma que también es libre de estas cosas, y tal cosa es muy posible”.

[82] Cuando se dijo esto, el joven brahmán Vasettha dijo al Bienaventurado: “¡Excelente, Maestro Gotama! ¡Excelente, Maestro Gotama! El Maestro Gotama esclareció el Dhamma de diferentes maneras, como si enderezara lo que estaba torcido, revelara lo que estaba oculto, mostrara el camino a los que estaban perdidos o sostuviera una lámpara, en medio de la oscuridad, de manera tal que los de buena vista pudieran ver las formas. Ahora voy por refugio al Maestro Gotama, al Dhamma y al Sangha de los monjes. Que el Maestro Gotama me considere como su seguidor laico a partir de ahora, que ha ido por refugio de por vida”.

 


NOTA:

[1] Punto cardinal.

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). The Three Knowledges en Dialogues of the Buddha, vol. II, adaptación de Brasington, L. (sf). Tevijja Sutta: The Sutta (about those who have) the Knowledge of the Three (Vedas). Recuperado de http://www.leighb.com/dn13.htm

Walshe, M. (1995).Tevijja Sutta: The Treefold Knowledge. The Way to Brahma en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the DighaNikaya, pp. 187-195.

Tevijjasuttamen WorldTipitakaEdition


Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.

 

Lunes, 04 Septiembre 2017 03:14

Uposatha: luna llena de septiembre

Upo02

Los Ocho Preceptos. La práctica de las reglas de observación —para las personas laicas durante los períodos de los retiros intensivos y durante los días de Uposatha— comprende los Ocho Preceptos, los cuales están basados en los Cinco Preceptos tradicionales que usualmente las personas laicas guardan durante todos los días de su vida.

 

 

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