Domingo, 16 Enero 2011 00:01

Meditación en el cuerpo

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"Sobre la meditación" es una compilación de extractos de las pláticas de Ajahn Chah, cuya temática se centra en las instrucciones sobre la práctica de la meditación.

Por Ajahn Chah

Al entrenar la mente, es crucial superar la duda escéptica. La duda y la incertidumbre son poderosos obstáculos de los que hay que ocuparse. La investigación de las tres cadenas que nos subyugan —la opinión personal, el apego ciego a las reglas y la duda escéptica [1]— es la forma de escapar del apego practicado por los Iluminados. Pero al principio sólo se entienden estas corrupciones por los libros, todavía falta la visión profunda de cómo son realmente las cosas.

 

Investigar la idea de la personalidad es el camino para ir más allá de la ilusión que identifica al cuerpo como un yo. Esto incluye el apego a ver el propio cuerpo y el de los demás como teniendo un yo sólido. La idea de la personalidad se refiere a esta cosa que llamas tú. Significa el apego a la idea de que el cuerpo es un yo. Debes investigar esta idea hasta que obtengas una nueva comprensión y puedas ver la verdad de que el apego al cuerpo es una corrupción y que obstruye la mente de todos los seres humanos a la hora de obtener la visión profunda en el Dhamma.

 

Por esta razón, antes que nada, el preceptor instruye a cada nuevo candidato a la ordenación para que investigue cinco objetos de meditación: el pelo de la cabeza, el vello del cuerpo, las uñas, los dientes y la piel. Es a través de esta contemplación e investigación que desarrollas la visión profunda en la idea de la personalidad. Estos objetos forman la base más inmediata para el apego que crea la ilusión de la idea de la personalidad. El contemplarlos lleva al examen directo de la idea de la personalidad y provee de los medios por los cuales cada generación de hombres y mujeres que adoptan estas instrucciones del preceptor, al entrar en la comunidad, pueden verdaderamente trascender la idea de la personalidad. Pero al principio permaneces en la ilusión, sin visión profunda y por tanto eres incapaz de penetrar la idea de la personalidad y ver la verdad de cómo realmente son las cosas. Fracasas en ver la verdad porque aún tienes un apego firme e inquebrantable. Es este apego el que sustenta la ilusión.

 

El Buda nos enseñó a trascender la ilusión. La forma de trascenderla es a través de la clara observación del cuerpo tal y como es. Con una visión profunda penetrante debes ver que la verdadera naturaleza del propio cuerpo y el de otras personas es esencialmente la misma. No hay diferencia fundamental entre los cuerpos de las personas. El cuerpo es el cuerpo, no es un ser, un yo, tuyo o de ellos. Un cuerpo existe, tú lo etiquetas y le das un nombre. Entonces te apegas y aferras a él con la idea de que es tu cuerpo o el de él o ella. Te apegas a la idea de que el cuerpo es permanente y que es algo limpio y agradable. Este apego se asienta en lo profundo de la mente. Ésta es la forma en que la mente se aferra al cuerpo.

 

La idea de la personalidad significa que aún estás atrapado en la duda y en la incertidumbre acerca del cuerpo. Tu visión profunda no ha penetrado totalmente la ilusión que ve el cuerpo como un yo. Mientras la ilusión permanece, llamas al cuerpo "yo" (atta) e interpretas toda tu experiencia desde el punto de vista de que hay una entidad sólida y duradera la cual llamas "yo". Estás tan completamente apegado a la manera convencional de ver al cuerpo como un yo que no hay una forma aparente de verlo de otra manera. Pero la clara comprensión, según la verdad de la manera en la que son las cosas, significa que ves el cuerpo sólo como eso: el cuerpo es sólo el cuerpo. Con visión profunda ves al cuerpo simplemente como eso y esta sabiduría contrarresta la ilusión de la percepción del yo. Esta visión profunda que ve al cuerpo sólo como eso lleva a la destrucción del apego mediante el desenraizamiento gradual y el abandono de la ilusión.

 

Practica contemplando el cuerpo siendo sólo eso, hasta que sea bastante natural para ti: "Oh, el cuerpo es simplemente el cuerpo. Sólo eso". Una vez que esta forma de reflexión sea establecida, tan pronto como te digas a ti mismo que es sólo eso, la mente lo suelta. Existe entonces el abandono del apego al cuerpo. Existe la visión profunda que ve al cuerpo sólo como el cuerpo. Manteniendo este sentido de desapego a través del continuo ver que el cuerpo es solamente el cuerpo, toda duda e incertidumbre es gradualmente desenraizada. Cuando investigas el cuerpo, cuanto más claramente lo veas como el cuerpo en lugar de como una persona, un ser, un yo o un ellos, más poderoso resultará el efecto sobre la mente, culminando en una eliminación simultánea de la duda y la incertidumbre.

 

El apego ciego a las reglas y las prácticas (silabbata-paramasa), que se manifiesta en la mente como un ir a tientas y una sensación de falta de claridad como el verdadero propósito de la práctica, es abandonado simultáneamente porque éste aparece en conjunción con la idea de la personalidad. Se podría decir que las tres cadenas de la duda, el apego ciego a los ritos y prácticas, y la idea de la personalidad, son inseparables e incluso símiles los unos de los otros. Una vez hayas visto claramente esta relación, cuando una de las tres cadenas, como la duda por ejemplo, aparece y eres capaz de soltarla mediante el cultivo de la visión profunda, las otras dos cadenas son automáticamente abandonadas al mismo tiempo. Se extinguen juntas. Simultáneamente, abandonas la idea de la personalidad y el apego ciego que es la causa del ir a tientas y de la confusión de intención sobre diferentes prácticas. Las ves como una parte del conjunto del apego a la percepción del yo, el cual debe ser abandonado. Tienes que investigar repetidamente el cuerpo y romperlo en las partes que lo componen. Conforme veas cada parte como lo que es, la percepción de que el cuerpo es una entidad sólida o un yo se erosiona. Tienes que seguir poniendo un esfuerzo continuo en esta investigación de la verdad y no debes aflojar.

 

Otro aspecto del desarrollo mental que conduce a una visión más clara y profunda es  meditar en un objeto para calmar la mente. La mente sosegada es la mente que está firme y estable en samadhi. Éste puede ser khanika samadhi (concentración momentánea), upacara samadhi (concentración intermedia o de vecindad) o appana samadhi (absorción total). El nivel de concentración está determinado por el refinamiento de la consciencia del momento a momento cuando entrenas la mente en mantener la atención en un objeto de meditación.

 

En la concentración momentánea la mente se unifica durante un corto espacio de tiempo. Se tranquiliza en samadhi, pero habiéndose recogido momentáneamente, sale inmediatamente de ese estado apacible. Conforme la concentración se vuelve más refinada en el curso de la meditación, muchas características similares de la mente tranquila son experimentados en ese nivel, con lo que cada uno es descrito como un nivel de samadhi, ya sea momentáneo, concentración de vecindad o absorción. En cada nivel la mente está en calma, pero la profundidad del samadhi varía y la naturaleza del estado mental apacible experimentado difiere. En un nivel la mente está aún sujeta a movimiento y puede vagar, pero se mueve dentro de los confines del estado concentrado. No es presa de la actividad que lleva a la agitación y a la distracción. Tu atención puede seguir un objeto mental beneficioso durante un tiempo, antes de volver a asentarse en un punto de quietud donde permanece durante un período de tiempo.

 

Podrías comparar la experiencia de la concentración momentánea con una actividad física como es el dar un paseo. Puedes caminar durante un rato antes de detenerte a descansar y, habiendo descansado, comienzas a caminar de nuevo hasta que sea hora de parar para otro descanso. Aunque interrumpes el viaje periódicamente para dejar de caminar y tomar descansos, en cada momento permaneces completamente en calma, sólo es una calma temporal del cuerpo. Después de un corto espacio de tiempo tienes que empezar a moverte de nuevo para continuar con el viaje. Esto es lo que sucede en la mente cuando experimenta tal nivel de concentración.

 

Si practicas meditación concentrándote en un objeto para calmar la mente y alcanzas un nivel de calma donde la mente está firme en samadhi, pero aún hay movimiento mental sucediendo, ésa es conocida como concentración de vecindad. En la concentración de vecindad la mente aún se mueve. Este movimiento tiene lugar dentro de ciertos límites, la mente no se mueve más allá de estos límites. Los confines dentro de los que la mente puede moverse están determinados por la firmeza y estabilidad de la concentración. La experiencia es como si alternases entre un estado de calma y cierta cantidad de actividad mental. La mente está en calma durante algún tiempo y activa durante el resto. Dentro de esa actividad aún hay cierto nivel de calma y concentración que persiste, pero la mente no está completamente quieta o inmóvil. Aún está pensando y deambulando un poco. Es como si estuvieras deambulando por tu propia casa. Divagas dentro de los límites de tu concentración, sin perder la atención ni salirte fuera del objeto de meditación. El movimiento de la mente permanece en el interior de los confines de los estados mentales beneficiosos. No se ve atrapada en ninguna proliferación mental basada en estados mentales perniciosos. Cualquier pensamiento permanece dentro de lo beneficioso. Una vez la mente está en calma, necesariamente experimenta estados mentales beneficiosos momento a momento. Durante el tiempo en que está concentrada, la mente sólo experimenta estados mentales beneficiosos y periódicamente se asienta para estar completamente quieta y unidirigida hacia su objeto.

 

Por tanto la mente aún experimenta movimiento, rodeando su objeto. Aún puede divagar. Podría deambular dentro de los confines determinados por el nivel de concentración, pero no surge ningún daño real de este movimiento porque la mente está tranquila en samadhi. Así es como el desarrollo de la mente procede en el curso de la práctica.

 

Cuando la mente entra en absorción se calma y se aquieta hasta un nivel donde está en su máxima sutileza y destreza. Incluso si experimentases un impacto en los sentidos viniendo del exterior como pudiera ser un sonido o una sensación física, éste permanecería en el exterior y sería incapaz de entorpecer a la mente. Podrías escuchar un sonido, pero éste no molestaría tu concentración. Existe el escuchar del sonido, pero la experiencia sería como si no escuchases nada. Existe la consciencia del impacto, pero es como si no fueses consciente. Ésto sucede porque tú sueltas. La mente suelta automáticamente. La concentración es tan profunda y firme que abandona el apego a los impactos sensoriales con total naturalidad. La mente puede quedarse absorta en este estado durante largos períodos de tiempo. Habiendo estado dentro durante una cantidad apropiada de tiempo, sale. A veces, conforme sales de tal estado profundo de concentración, una imagen mental (nimitta) de algún aspecto de tu propio cuerpo puede aparecer. Pudiera ser una imagen mental mostrando un aspecto de la naturaleza poco atractiva de tu cuerpo la que aparezca en la consciencia. Cuando la mente sale de ese estado refinado, la imagen del cuerpo parece emerger y expandirse desde dentro de la mente. Cualquier aspecto del cuerpo podría surgir como una imagen mental y llenar el ojo de la mente en ese momento.

 

Las imágenes que surgen de esta forma son extremadamente claras e inequívocas. Tienes que haber experimentado genuinamente una muy profunda tranquilidad para que surjan. Las ves absolutamente claras, aunque tus ojos estén cerrados. Si los abres no puedes verlos, pero con los ojos cerrados y la mente absorta en samadhi, puedes ver esas imágenes tan claramente como si estuvieras viendo el objeto con los ojos bien abiertos. Incluso puedes experimentar todo un tren de consciencia donde momento a momento la atención de la mente está fija en imágenes que expresan la naturaleza poco atractiva del cuerpo. La aparición de tales imágenes en una mente en calma puede llegar a ser la base para la visión profunda de la naturaleza impermanente del cuerpo, al igual que de su naturaleza repugnante, sucia y desagradable, o de la ausencia total de un verdadero yo o esencia interior.

 

Cuando estas clases de conocimiento especial aparecen, suministran la base para una diestra investigación y el desarrollo de la visión profunda. Llevas este tipo de visión profunda a lo más hondo de tu corazón. Conforme lo haces más y más, se convierte en la causa para el conocimiento profundo que surge por sí mismo. A veces, cuando diriges tu atención hacia  la reflexión de lo repugnante y detestable del cuerpo, imágenes de diferentes aspectos repugnantes del cuerpo pueden manifestarse automáticamente en la mente. Estas imágenes son más claras de lo que tú podrías tratar de evocar con tu imaginación y te dirigen hacia la visión profunda de la naturaleza más penetrante que podrías obtener a través del pensamiento discursivo de tipo ordinario. Esta clase de visión profunda clara tiene un impacto tan espectacular que la actividad de la mente es llevada a un alto seguido por la experiencia de un sentido profundo de ecuanimidad. La razón de que sea tan clara y penetrante es porque se origina en un estado de paz total. Investigar desde un estado interior de calma te lleva a una visión profunda más y más clara, la mente se vuelve más sosegada conforme se encuentra más absorta en la contemplación. Cuanto más clara y más contundente sea la visión profunda, más profundamente penetra la mente en su investigación, constantemente apoyada por la calma del samadhi. Ésto es lo que conlleva el trabajo de la práctica de la meditación. La investigación continua de esta forma te ayuda a soltar repetidamente y finalmente a destruir el apego a la idea de la personalidad. Pone un final a todas las demás dudas e incertidumbres acerca de este montón de carne que llamamos cuerpo y abandona el apego ciego a las reglas y las prácticas.

 

Incluso en el caso de enfermedades serias, fiebres tropicales diferentes problemas de salud que normalmente tienen un fuerte impacto físico y sacuden el cuerpo, tu samadhi y visión profunda permanecen firmes e imperturbables. Tu comprensión y visión profunda te permiten hacer una clara distinción entre la mente y el cuerpo: la mente es un fenómeno y el cuerpo otro. Una vez que ves el cuerpo y la mente como completa e indiscutiblemente separados el uno del otro, significa que la práctica de la visión profunda te ha llevado al punto donde tu mente ve por cierta la verdadera naturaleza del cuerpo.

 

Ver la forma en la que es verdaderamente el cuerpo, de manera clara y más allá de la duda desde el interior de la calma del samadhi, lleva a la mente a experimentar una fuerte percepción del mundo de cansancio y alejamiento. Este alejamiento viene de la percepción del desencanto y de la objetividad que surge como resultado natural de ver cómo son las cosas. No es un alejamiento que viene de estados de ánimo ordinarios y mundanos como el miedo, el aborrecimiento u otras cualidades malsanas como la envidia o la aversión. No viene de la misma raíz del apego como esos estados mentales contaminados. Es un alejamiento que tiene una cualidad espiritual y que tiene un efecto diferente en la mente que la de los estados de ánimo normales de aburrimiento y agotamiento experimentados por los ordinarios seres humanos no iluminados. Normalmente, cuando los seres humanos ordinarios no iluminados están agotados y hastiados, son atrapados por estados de aversión, rechazo y una búsqueda de escape. La experiencia de la visión profunda no es igual.

 

La percepción del mundo de cansancio, que aumenta con la visión profunda, sin embargo conduce al desapego, al alejamiento y distanciamiento que surge de manera natural de la investigación y observación de la verdad de la manera en la que son las cosas. Está libre del apego a la percepción del yo que intenta controlar y forzar las cosas para que vayan según sus deseos. Por el contrario, abandonas aceptando la manera en la que son las cosas. La claridad de la visión profunda es tan fuerte que ya no experimentas ninguna percepción de un yo que tiene que luchar contra el fluir de sus deseos o resistirse a través del apego. Las tres cadenas de la idea de la personalidad, la duda y el apego ciego a las reglas y prácticas que están normalmente presentes formando la base de la forma en la que ves el mundo no pueden engañarte o provocar que cometas errores serios en la práctica. Éste es el comienzo del camino, la primera visión profunda y clara de la verdad última que pavimenta el camino hacia nuevas visiones profundas. Lo puedes describir como un penetrar en las Cuatro Verdades Nobles. Las Cuatro Verdades Nobles son cosas que deben ser comprendidas a través de la visión profunda. Todo monje o monja que las haya comprendido ha experimentado tal visión profunda en la verdad del cómo son las cosas. Conoces el sufrimiento, conoces la causa del sufrimiento, conoces la cesación del sufrimiento. Comprendes que cada Noble Verdad emerge en ese mismo lugar dentro de la mente. Llegan juntos y se armonizan como los factores del Noble Camino Óctuple, que fue enseñado por el Buda para ser alcanzado dentro de la mente. Conforme los factores del camino convergen en el centro de la mente, penetran en cualquier duda o incertidumbre que aún tengas con respecto a la forma de practicar.

 

La investigación y el desarrollo de la visión profunda del Dhamma da lugar a esta profunda paz en la mente. El haber obtenido una visión profunda tan clara y penetrante significa que es sostenida en todo momento ya estés sentado en meditación con los ojos cerrados o incluso si estás haciendo algo con los ojos abiertos. Sea cual sea la situación en la que te encuentres, ya sea en una meditación formal o no, la claridad de la visión profunda permanece. Cuando tienes una inquebrantable atención consciente de la mente dentro de la mente, no te olvidas de ti mismo. Ya estés de pie, caminando, sentado o tumbado, la consciencia interior hace imposible que pierdas la atención consciente. Es un estado de atención que impide que te olvides de ti mismo. La atención consciente se ha vuelto tan fuerte que se mantiene a sí misma hasta el punto que se vuelve algo natural para la mente. Éstos son los resultados del entrenamiento y cultivo de la mente y es aquí donde vas más allá de la duda. Ya no tienes dudas sobre el futuro; no tienes dudas acerca del pasado y, en consecuencia, tampoco tienes necesidad de dudar del presente. Aún tienes consciencia de que hay cosas como el pasado, presente y futuro. Eres consciente de la existencia del tiempo. Existe la realidad del pasado, del presente y del futuro, pero ya no te afecta o preocupas por ello.

 

¿Por qué ya no te afecta? Todas esas cosas que sucedieron en el pasado ya han sucedido. El pasado ya se ha ido. Todo lo que está surgiendo en el presente es el resultado de causas que residen en el pasado. Un obvio ejemplo de esto es decir que si no sientes hambre ahora es porque ya has comido en algún momento del pasado. La falta de hambre en el presente es el resultado de acciones ejecutadas en el pasado. Si conoces tu experiencia en el presente, puedes conocer tu pasado. Comer un plato fue la causa del pasado que dio como resultado tu sensación de satisfacción o de energía en el presente y ésto facilita la causa por la que  estás activo y trabajas en el futuro. Por lo que el presente es facilitar causas que faciliten resultados en el futuro. El pasado, el presente y el futuro pueden así ser vistos como uno y lo mismo. El Buda lo llamó eko dhammo, la unidad del Dhamma. No es que sean muchas cosas diferentes; es tan solo eso. Cuando ves el presente, ves el futuro. Al comprender el presente, comprendes el pasado. Pasado, presente y futuro forman una cadena continua de  causas y efectos y por ello están constantemente fluyendo de la una a la otra. Existen causas del pasado que producen resultados en el presente y éstas ya están produciendo causas en el futuro. Este proceso de causa y resultado se aplica a la práctica de la misma forma. Experimentas los frutos de haber entrenado la mente en samadhi y en la visión profunda, y éstos necesariamente vuelven a la mente más sabia y más diestra. 

 

La mente transciende completamente la duda. Ya no sientes incertidumbre o especulas con nada. La falta de duda significa que ya no vas a tientas, ya no sientes que estás realizando la práctica a tu manera. Como resultado vives y actúas de acuerdo con la naturaleza. Vives en el mundo de la forma más natural. Esto significa vivir en el mundo sosegadamente. Eres capaz de encontrar la paz incluso en medio de aquello que no está en paz. Significa que eres totalmente capaz de vivir en el mundo. Puedes vivir en el mundo sin crear problemas. El Buda vivió en el mundo y pudo encontrar la verdadera paz de la mente estando en el mundo. Como practicantes del Dhamma, deben aprender a hacer lo mismo. No se pierdan en —ni apeguen a— las percepciones de las cosas siendo de esta manera o de aquella otra. No se apeguen o den una indebida importancia a cualquier percepción que aún esté contaminada. Cada vez que la mente se vuelva agitada, investiguen y contemplen la causa. Cuando no están creando sufrimiento para vosotros mismos, están en paz. Cuando no hay problemas provocando agitación mental, permanecen ecuánimes. Así continúan la práctica normalmente con una ecuanimidad mental mantenida por la presencia de una completa atención y una total consciencia. Mantienen un sentido de autocontrol y equilibrio. Si una cuestión aparece y se impone en la mente, inmediatamente se encargan de ella a través de la investigación y la contemplación. Si hay una clara visión profunda en ese momento, penetran la cuestión con sabiduría y evitan crear sufrimiento en la mente. Si aún no hay una clara visión profunda, abandonen la cuestión temporalmente mediante la práctica de la meditación en la tranquilidad y no permitan que la mente se apegue. En algún momento en el futuro su visión profunda con certeza será lo suficientemente fuerte para penetrarla, porque tarde o temprano desarrollarán una visión profunda lo suficientemente poderosa como para comprender todo lo que aún causa apego y sufrimiento. 

 


 NOTA
 

[1] Una de las formas en las que el Buda describió el camino hacia la iluminación era mediante el abandono gradual de ciertas 'cadenas', obstrucciones de la mente que nos atan al sufrimiento. Las tres primeras son: sakkaya-ditthi (la idea de la personalidad); silabbata-paramasa (apego ciego a las reglas y prácticas); vicikiccha (la duda escéptica).

 


FUENTE:

AJAHN CHAH (2010) On Meditation: Instructions from talks by Ajahn Chah. Ubon Rachatani, The Sangha of Wat Pah Nanachat.

Traducción: DhammaJosé

Edición: Anton P. Baron y Federico Angulo

Publicación de Bosque Theravada, 2011, 2020.  

 

 

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