Martes, 28 Noviembre 2017 16:58

DN 23 Payasi Sutta – Discurso con Payasi

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El príncipe Payasi no cree en las vidas futuras, ni tampoco en las recompensas y castigos por las buenas o malas acciones. Entonces, el Venerable Kumara Kassapa, a través de una serie de inteligentes parábolas, le convence de que su punto de vista es erróneo. Finalmente, Payasi se convierte, pero no de manera profunda, por lo cual renace en los planos celestiales inferiores.

[Leer en pali]

[1] Esto he escuchado:

En cierta ocasión el Venerable Kumara Kassapa estaba haciendo un recorrido entre los kosala en compañía de un gran grupo de monjes, unos quinientos monjes en total, hasta que llegó a una ciudad de los kosala —de nombre Setavya—, donde estableció su morada al norte de esa ciudad, en la arboleda de los árboles simpsapa. En aquel tiempo el príncipe Payasi también residía en Setavya, pero en un lugar populoso lleno de hierba, bosques, agua y cereales, con los poderes reales que le otorgó el rey Pasenadi de Kosala.

[2] Entonces este pernicioso punto de vista surgió en el príncipe Payasi: “No existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

Entonces, los brahmanes y hombres hogareños de Setavya escucharon estas noticias: “El asceta Kumara Kassapa, el discípulo del asceta Gotama, está haciendo un recorrido entre los kosala en compañía de un gran grupo de monjes, unos quinientos monjes en total, hasta que llegó a una ciudad de los kosala —de nombre Setavya—, donde estableció su morada al norte de esa ciudad, en la arboleda de los árboles simpsapa. Y en consideración al maestro Kassapa, se esparce este muy favorable informe: «Es un hombre sabio y experto, de gran conocimiento, elocuente y excelente en el debate, es un Señor Venerable, un Arahant». Y es bueno ver a semejantes Arahants”.  Acto seguido, los brahmanes y hombres hogareños de Setavya salieron de la ciudad en gran número, en compañía de representantes de cada distrito, y fueron a la arboleda de los árboles simpsapa.

[3] Al mismo tiempo, el príncipe Payasi salió a la terraza de su residencia para el descanso de la siesta y, viendo a todos estos brahmanes y hombres hogareños yendo hacia la arboleda de los árboles simpsapa, preguntó a su camarero: “¿Por qué todos estos brahmanes y hombres hogareños están yendo hacia la arboleda de los árboles simpsapa?”. Entonces el camarero le respondió: “Señor, el asceta Kumara Kassapa, el discípulo del asceta Gotama, está haciendo un recorrido… Y en consideración a este maestro Kassapa, se esparce este muy favorable informe… Es por eso que estos brahmanes y hombres hogareños salieron de la ciudad y van hacia la arboleda de los árboles simpsapa”.

“Entonces, buen camarero, ve junto a estos brahmanes y hombres hogareños de Setavya y diles: ‘Señores, Payasi os ruega que esperéis; él también quiere ir a ver al asceta Kumara Kassapa’. Aquel muchacho Kassapa vencerá en el debate a estos tontos e inexpertos brahmanes y hombres hogareños de Setavya, y les hará pensar: ‘Tanto el otro mundo, como los frutos y resultados de las buenas y las malas acciones existen’, sin embargo, mi buen camarero, esas cosas no existen”.

“Sí, señor”, respondió el camarero y entregó el mensaje.

[4] Entonces el príncipe Payasi, rodeado por los brahmanes y hombres hogareños de Setavya, fueron a la arboleda de los árboles simpsapa donde estaba morando el Venerable Kumara Kassapa, intercambiaron con él cordiales saludos y se sentaron a un lado. Algunos de estos brahmanes y hombres hogareños de Setavya rindieron homenaje al Venerable Kumara Kassapa y se sentaron a un lado. Otros intercambiaron con él cordiales saludos y, cuando terminaron estas amables charlas de bienvenida y cordiales saludos, se sentaron a un lado. Algunos lo saludaron con las palmas de sus manos juntas y se sentaron a un lado. Otros, pronunciando el nombre de sus clanes, se sentaron a un lado y otros simplemente se sentaron a un lado en silencio.

[5] Y, mientras estaba sentado allí, el príncipe Payasi dijo al Venerable Kumara Kassapa: “Maestro Kassapa, yo sostengo esta opinión y este punto de vista: ‘No existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones’”.

“Bien, príncipe, yo nunca vi ni escuché a alguien que sostuviera semejante opinión y punto de vista y, ¿cómo es que puede entonces sostener esto: ‘No existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones’? En cuanto a esto, le haré una repregunta, respóndala como mejor le parezca. ¿Qué piensa, príncipe? El sol y la luna, ¿son de este mundo o del otro mundo? ¿Son dioses o seres humanos?”.

“El sol y la luna, maestro Kassapa, son del otro mundo, no de este, y son dioses, no seres humanos”.

“Entonces, príncipe, debería más bien considerar esto: ‘Existe otro mundo y los seres nacen allí espontáneamente; también hay frutos y resultados de las buenas o malas acciones’”.

[6] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He tenido amigos, maestro Kassapa, compañeros, parientes y familiares, que han tomado la vida, han tomado lo que no les ha sido dado, cometieron actos sexuales ilícitos, mintieron, calumniaron, usaron palabras abusivas y frívolas, fueron codiciosos, llenos de odio y sostuvieron falsos puntos de vista. Finalmente ellos caían en la enfermedad, en el sufrimiento mortal y el dolor. Y cuando yo comprendía que no iban a recuperarse más de estas enfermedades, me acercaba a ellos y les decía: ‘De acuerdo con la opinión de ciertos brahmanes y hombres hogareños, señores, aquel que rompe los preceptos de la moral, cuando se disuelve su cuerpo, después de la muerte, renace en un lugar desafortunado, en un mal destino, en el mundo bajo, incluso en el infierno. Ahora bien, señores, vosotros quebrantasteis los preceptos, y si estos venerables ascetas y brahmanes tienen la razón, os espera un mal destino. Y si estas cosas realmente os suceden, venid a mí para decirme: «Existe otro mundo y los seres que nacen allí espontáneamente; también hay frutos y resultados de las buenas o malas acciones». Vosotros señores sois para mi personas confiables y fidedignas, y si vosotros dijereis haber visto estas cosas, será como si yo mismo las hubiese visto’. Entonces, aunque ellos consentían diciendo: ‘Muy bien, señor’, ninguno todavía ha llegado a mí ni ha enviado mensajero alguno. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[7] “Entonces, príncipe, tengo una pregunta sobre esto, responda como mejor le parezca. ¿Qué opina, príncipe? Imagine que unos hombres atrapasen a un ladrón en flagrante y lo trajesen junto a usted diciendo: ‘Señor, este ladrón ha sido atrapado en flagrante, senténcialo a lo que le parezca’, y que usted respondiese: ‘Bien, atadle las manos atrás con una fuerte cuerda, rapad su cabeza y llevadlo al son de tambores de calle a calle, de un cruce a otro, y sacadlo de la ciudad por la puerta del sur, al sur de la ciudad, al lugar de la ejecución y allí cortadle la cabeza’.

“E imagine que, acto seguido, diciendo: ‘Muy bien, señor’, procedieran a cumplir la orden y lo llevaran al lugar de ejecución donde se le cortaría la cabeza. Y que entonces, sentado allí el ladrón les hiciera esta petición: ‘Señores ejecutores, esperad un momento, por favor, que tengo que ir primero a visitar a mis amigos y compañeros, a mis parientes y familiares de este pueblo o aquella ciudad; y después de visitarlos, voy a regresar’. ¿Cree, príncipe, que le otorgarían el permiso a este hablador o le cortarán la cabeza justo allí?”.

“No le otorgarían este permiso, maestro Kassapa, sino que le cortarían la cabeza justo allí mismo”.

“Pero si este ladrón, príncipe, no puede escaparse de sus ejecutores humanos, ¿cómo cree que sus amigos o compañeros, parientes o familiares, después de la muerte, estando en el mal destino, puedan ganar el permiso de parte de los guardianes del infiero, diciendo: ‘Permitidme, guardianes del infierno, ir junto al príncipe Payasi para decirle que existe otro mundo, que los seres nacen allí espontáneamente y que también hay frutos y resultados por las buenas o malas acciones’?

“Por eso, príncipe, debería más bien considerar esto: ‘Existe el otro mundo…”.

[8] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He tenido amigos, maestro Kassapa, compañeros, parientes y familiares, que se abstuvieron de tomar la vida, de tomar lo que no les había sido dado, de cometer actos sexuales ilícitos, no mintieron, no calumniaron, no usaron palabras abusivas ni frívolas, no fueron codiciosos, no tuvieron pensamiento de odio y sostuvieron rectos puntos de vista. Finalmente ellos caían en la enfermedad, en el sufrimiento mortal y el dolor. Y cuando yo comprendía que no iban a recuperarse más de estas enfermedades, me acercaba a ellos y les decía: ‘De acuerdo con la opinión de ciertos brahmanes y hombres hogareños, señores, aquel que guarda los preceptos de la moral, cuando se disuelve su cuerpo, después de la muerte, renace en un buen destino, en el mundo celestial. Ahora bien, señores, vosotros habéis guardado los preceptos, y si estos venerables ascetas y brahmanes tienen razón, tendréis un buen destino. Y si estas cosas realmente os suceden, venid a mí para decirme: «Existe otro mundo y los seres nacen allí espontáneamente; también hay frutos y resultados de las buenas y malas acciones». Vosotros señores sois para mi personas confiables y fidedignas, y si vosotros dijereis haber visto estas cosas, será como si yo mismo las hubiese visto’. Entonces, aunque ellos consentían diciendo: ‘Muy bien, señor’, ninguno todavía ha llegado a mí ni ha enviado mensajero alguno. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[9] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Imagine que un hombre cayese en un pozo de cieno y usted dijera a sus hombres: ‘Sacad a aquel hombre de este pozo’; entonces sus hombres lo hiciesen así. Y luego usted les dijera: ‘Cepillad el fango que corre en el cuerpo de este hombre con los bambúes partidos’, y ellos lo hiciesen así. Y luego usted les dijera: ‘Aplicad ahora  champú al cuerpo de este hombre y hacedle el masaje con el polvo de champú amarillo’, y ellos lo hiciesen así. Y luego usted les dijera: ‘Frotadle ahora con aceite y bañadlo tres veces usando el jabón en polvo’, y ellos lo hiciesen así. Y luego usted les dijera: ‘Ahora arreglad su cabello’, y ellos lo hiciesen así. Y luego usted les dijeras: ‘Ahora cubridlo con costosas guirnaldas, con costosos ungüentos y con costosas vestimentas’, y ellos lo hiciesen así. Y luego usted les dijera: ‘Llevadlo ahora al palacio y distraedlo con los placeres de los cinco sentidos’, y ellos lo hiciesen así. ¿Qué opina, príncipe? Después estar bien bañado, afeitado y con el pelo arreglado, bien vestido, adornado con guirnaldas, vestido de blanco, llevado al palacio para disfrutar de los placeres sensuales, aquel hombre, ¿estaría deseoso de hundirse otra vez de cabeza en aquel mismo pozo de cieno?”.

“Ciertamente no, maestro Kassapa”. 

“Y, ¿por qué no?”.

“Porque un pozo de cieno, maestro Kassapa, es considerado como repulsivo, maloliente y hediondo”.

“De la misma manera, príncipe, los devas consideran a los seres humanos como repulsivos, malolientes y hediondos. El olor de los hombres repele a los devas desde más de cien leguas. ¿Cómo, entonces, cree que sus amigos y compañeros, sus parientes y familiares, habiendo guardado los preceptos y habiendo renacido por eso en un feliz destino, volverían a este otro mundo para decirle que existe el otro mundo y los seres que nacen allí espontáneamente; y que también hay frutos y resultados por las buenas o malas acciones?

“Por eso, príncipe, debería más bien considerar esto: ‘Existe el otro mundo…”.

[10]“A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He tenido amigos, maestro Kassapa, compañeros, parientes y familiares, que se abstuvieron de tomar la vida, de tomar lo que no les había sido dado, de cometer actos sexuales indebidos, no mintieron ni tomaron fuertes bebidas embriagantes que son la base de la indulgencia. Finalmente ellos caían en la enfermedad, en el sufrimiento mortal y el dolor. Y cuando yo comprendía que ya no iban a recuperarse más de estas enfermedades, me acercaba a ellos y les decía: ‘De acuerdo con la opinión de ciertos brahmanes y hombres hogareños, señores, aquel que se abstiene de tomar fuertes bebidas embriagantes que son la base de la indulgencia, cuando se disuelve su cuerpo, después de la muerte, renace en un buen destino, entre los Treinta y Tres Dioses. Ahora bien, señores, vosotros os habéis abstenido de tomar fuertes bebidas embriagantes que son la base de la indulgencia, y si estos venerables ascetas y brahmanes tienen razón, tendréis un buen destino en el cielo de los Treinta y Tres Dioses. Y si estas cosas realmente os suceden, venid a mí para decirme: «Existe otro mundo y los seres que nacen allí espontáneamente; también hay frutos y resultados de las buenas o malas acciones». Vosotros señores sois para mi personas confiables y fidedignas, y si vosotros dijereis haber visto estas cosas, será como si yo mismo las hubiese visto’. Entonces, aunque ellos consentían diciendo: ‘Muy bien, señor’, ninguno todavía ha llegado a mí ni ha enviado mensajero alguno. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[11] “Entonces, príncipe, tengo una pregunta sobre esto, responda como mejor le parezca. ¿Qué opina, príncipe? Aquello que para los seres humanos es un siglo, para los Treinta y Tres Dioses es como un día y una noche. Treinta semejantes noches hacen un mes, y doce semejantes meses hacen un año; y el espacio vital de los Treinta y Tres Dioses es de mil de esos años. E imagine que aquellos a quienes habló y los que alcanzaron el renacimiento en el cielo de los Treinta y Tres Dioses, se les ocurriese esto: ‘Quedémonos dos o tres días aquí, para disfrutar de los placeres de los cinco sentidos y, luego, vayamos junto al príncipe Payasi para contarle que existe otro mundo y que los seres nacen allí espontáneamente; y que también hay frutos y resultados de las buenas o malas acciones’, ¿podrían ellos hacerlo así?”.

“Ciertamente no, maestro Kassapa, porque entonces ya no estaríamos con vida. Pero, ¿quién le dijo, maestro Kassapa, que existen estos Treinta y Tres Dioses, o que estos dioses viven tantos años? Nosotros no le creemos cuando dice estas cosas”.

“Imagine entonces, príncipe, a un hombre ciego que no puede ver objetos oscuros ni brillantes, azules, amarillos, rojos ni marrones, cosas que son lisas ni ásperas, no puede ver las estrellas, el sol ni la luna. Y si ese hombre dijera: ‘Estas cosas no existen, ni hay nadie que puede verlas. Yo no las conozco, no las puedo ver, luego estas cosas no existen’, ¿estaría hablando correctamente?”.

“Ciertamente no, maestro Kassapa, porque existen los objetos oscuros y brillantes… y si ese hombre dijera: ‘Estas cosas no existen…’, no estaría hablando correctamente”.

“Pero no obstante, usted, príncipe, habla de la misma manera como aquel hombre de la parábola: ‘Pero, ¿quién le dijo, maestro Kassapa, que existen estos Treinta y Tres Dioses, o que estos dioses viven tantos años? Nosotros no le creemos cuando dice estas cosas’. Este otro mundo, príncipe, no puede ser visto como usted se lo imagina: con los ojos carnales.

“Aquellos ascetas y brahmanes que se apartan a la soledad de los remotos bosques, donde es difícil escuchar ruidos y sonidos, que moran allí ardientes, esforzados, recluidos, purificando el ojo divino, mediante la purificación del ojo divino, que supera al ojo humano, ven ambos mundos: tanto este como el venidero. Es de esta manera, príncipe, que aquel otro mundo puede ser visto y aquellos seres renaciendo espontáneamente. De esta manera ha de ser visto el otro mundo y no como usted se lo imagina: con los ojos carnales. Por eso, príncipe, admita que hay otro mundo, al igual que el fruto y el resultado de las buenas o malas acciones”.

[12] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”. 

“He aquí, maestro Kassapa, veo algunos ascetas y brahmanes que observan la moralidad y se conducen rectamente, que desean vivir y no morir, que buscan la felicidad y evitan el sufrimiento. Entonces pienso así: ‘Si estos buenos ascetas y brahmanes conociesen esto: «Después de la muerte estaremos mejor», entonces estos buenos amigos tomarían alguna poción venenosa, se apuñalarían a sí mismos, pondrían fin a sí mismos colgándose o se arrojarían al precipicio. Pero es porque no saben si después de la muerte estarían mejor, desean vivir y no morir, buscan la felicidad y evitan el sufrimiento. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[13] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice.

“Había una vez, príncipe, un brahmán que tenía dos esposas. De una, tuvo un hijo de unos diez a doce años, y la otra estaba embarazada, cerca de dar a luz, cuando este brahmán falleció. Entonces el muchacho dijo a su madrastra: ‘Cualquier tesoro que haya, señora, granos, oro o plata, todo esto es mío. No hay nada que sea tuyo, señora, que yo soy el heredero de mi padre’. Entonces la señora del brahmán respondió: ‘Espere, señorito, hasta que nazca el niño o la niña: si será varón, le pertenecerá una parte y, si naciera niña, te va a esperar para ser tuya’.

“Pero, por segunda vez el muchacho dijo a su madrastra: ‘Cualquier tesoro que haya, señora, granos, oro o plata, todo esto es mío…’, y por segunda vez ella le respondió: ‘Espere, señorito, hasta que nazca el niño… Y por tercera vez el muchacho dijo a su madrastra: ‘Cualquier tesoro que haya, señora, granos, oro o plata, todo esto es mío…’. Entonces, la mujer del brahmán tomó una espada, entró a su aposento y abrió su vientre diciendo: ‘Si esta es la única manera de ver si este es un varón o una niña’. Sin embargo, ella destruyó su propia vida y la vida del infante. Igualmente perdió las riquezas, de una manera tonta y necia: buscando la herencia, se encontró con la ruina y el desastre. De la misma manera, príncipe, sería tonto y necio aquel que buscase el otro mundo sin sabiduría. Aquellos ascetas que observan la moralidad y se conducen rectamente no fuerzan la madurez de aquello que aún está inmaduro; ellos, siendo sabios, esperan aquella madurez. La vida es provechosa para aquellos brahmanes, porque mientras más dura, pueden producir el mérito más abundante, para el bienestar y la felicidad de muchos, por la compasión por el mundo, para el bien, el bienestar y la felicidad de los devas y seres humanos. Por eso, príncipe, admita que hay otro mundo, al igual que el fruto y el resultado de las buenas o malas acciones”.

[14] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He aquí, maestro Kassapa, tome el caso de unos hombres que apresasen en flagrante a un ladrón y lo trajesen delante de mí, diciendo: ‘Este ladrón, mi señor, ha sido capturado en flagrante, senténcielo a lo que le parezca’. E imagine que yo dijera: ‘Arrojadlo vivo en un recipiente, selladle la boca con una gruesa capa de barro líquido y colocadlo dentro de un horno a la luz del fuego’. Y que ellos respondiesen «Muy bien, señor», e hiciesen todo así. Ahora bien, una vez muerto, pudiésemos entrar en el recipiente, romper el barro líquido y abrir su boca para observarlo con la idea: ‘Quizá vamos a encontrar el alma saliendo de él’, pero nunca veríamos el alma saliendo de él. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[15] “Siendo así, príncipe, le voy a hacer un repregunta acerca de esto: contésteme como mejor le parezca. ¿Admite usted, príncipe, que cuando hace la siesta tiene sueños placenteros sobre jardines, arboledas, paisajes deleitosos y estanques con lotos?”.

“Lo admito, maestro Kassapa”.

“Y cuando esto, ¿hay gente que le vigila: las mujeres, los enanos y los jorobados, las doncellas y las niñas?”.

“Así es, maestro Kassapa”.

“Y ¿ellos entonces ven su alma entrando y saliendo?”.

“No, maestro Kassapa”.

“Si ellos no ven su alma entrando y saliendo de su cuerpo, aun cuando está con vida, ¿cómo cree que la verían saliendo de un hombre que ya está muerto? Por eso, príncipe, admita que hay otro mundo, al igual que el fruto y el resultado de las buenas y malas acciones”.

[16] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He aquí, maestro Kassapa, tome el caso de unos hombres que apresasen en flagrante a un ladrón y lo trajesen delante de mí, diciendo: ‘Este ladrón, mi señor, ha sido capturado en flagrante, senténcielo a lo que le parezca’. E imagine que yo dijera: ‘Bien señores, tomad a este hombre y pesadlo en vida, luego estranguladlo con una cuerda y pesadlo de nuevo’. Y que ellos respondiesen «Muy bien, señor» e hiciesen todo así. Ahora bien, mientras estaba vivo, este hombre era más ligero, más suave y más flexible, pero una vez muerto es más pesado, más rígido e inflexible. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[17] “En este caso, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Imagine, príncipe, a un hombre que pesase en la balanza una bola de hierro que se había calentado durante todo el día, y que estaba ardiendo y brillando del calor; y luego la pesase otra vez cuando ya estuviese templada y fría. ¿En qué momento esta bola de hierro estaría más ligera, más suave y más flexible? ¿Cuándo estaba ardiendo y brillando del calor o cuando estaba templada y fría?”.

“Aquella bola de hierro, maestro Kassapa, estaría más ligera, más suave y más flexible con la influencia del elemento del fuego y el aire, cuando estuviera ardiendo y brillando del calor. Si estuviera sin estos elementos, sería más pesada, más rígida e inflexible.

“Y de la misma manera, príncipe sucede con el cuerpo: cuando tiene la vida, el calor y la conciencia es más ligero, más suave y más flexible, pero cuando se ve privado de la vida, del calor y de la conciencia, es más pesado, más rígido e inflexible. Por eso, príncipe, admita que hay otro mundo, al igual que el fruto y el resultado de las buenas o malas acciones”.

[18] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He aquí, maestro Kassapa, tome el caso de unos hombres que apresasen en flagrante a un ladrón y lo trajesen delante de mí, diciendo: ‘Este ladrón, mi señor, ha sido capturado en flagrante, senténcielo a lo que le parezca’. E imagine que yo dijera: ‘Bien señores, matadlo pero no le quitéis la cutícula, la piel, la carne, los tendones, los huesos ni la médula’ y ellos los hiciesen así. Y cuando estuviera muerto, yo dijera: ‘Colocadlo ahora sobre este costado, tal vez podremos ver cómo sale de él el alma’. Y por más que ellos lo hiciesen así, no veríamos el alma saliendo de él. Y si yo dijera: ‘Colocadlo ahora boca abajo… en el otro costado… paradlo… colocadlo cabeza abajo… golpeadlo con los puños… con los terrones… con los palos… con las espadas… sacudidlo de un lado a otro, tal vez podremos ver cómo sale de él el alma’. Y por más que ellos lo hiciesen así, no veríamos el alma saliendo de él. Aunque tuviese ojos y hubiese formas, él no las podría ver; aunque tuviese oídos y hubiese sonidos, no los podría escuchar; aunque tuviese nariz y hubiese olores, no los podría oler; aunque tuviese lengua y hubiese sabores, no los podría saborear; aunque tuviese cuerpo y hubiese objetos tangibles, no los podría sentir. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[19] “En este caso, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez, príncipe, un cierto trompetista que, tocando su trompeta, fue hasta la frontera del país. Y cuando llegó a cierto pueblo, se paró en el centro, sopló su trompeta tres veces, la colocó en el suelo y se sentó a un lado. Entonces, aquella gente de la frontera se preguntó: ‘¿De dónde viene este sonido que es tan deleitoso, dulce y encantador?’. Acto seguido, se acercaron junto al trompetista y dijeron: ‘Esto es lo que la gente llama una trompeta, señores, es su sonido el que es tan deleitoso, dulce y encantador, tan irresistible y cautivador’. Entonces la colocaron de un lado y le dijeron: ‘¡Hable, señora trompeta, hable!’. Pero ningún sonido salió de la trompeta, de modo que la colocaron boca abajo… en el otro costado… la pararon… la colocaron cabeza abajo… la golpearon con los puños… con los terrones… con los palos… con las espadas… la sacudieron de un lado a otro y le dijeron: ‘¡Hable, señora trompeta, hable!’. Pero ningún sonido salió de la trompeta. Entonces el trompetista pensó eso: ‘¡Qué tonta es esa gente de la frontera! ¡De qué manera más tonta procura sacar el sonido de esta trompeta!’. Y mientras aquella gente lo miraba, tomó la trompeta, la sopló tres veces y se fue. Entonces aquella gente de la frontera pensó así: ‘Parece que cuando la trompeta está acompañada por un hombre, por el esfuerzo y el viento, entonces suena. Pero cuando carece de un hombre, del esfuerzo y el viento, no suena. Y de la misma manera, príncipe sucede con el cuerpo: cuando tiene la vida, el calor y la conciencia, entonces va y vuelve, se para, se sienta y se acuesta; ve las formas con el ojo, escucha los sonidos con el oído, huele los olores con la nariz, saborea los sabores con la lengua y siente los objetos tangibles con el cuerpo. Por eso, príncipe, admita que hay otro mundo, al igual que el fruto y el resultado de las buenas o malas acciones”.

[20] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, aún pienso que no existe el otro mundo…”.

“¿Tiene alguna [otra] prueba para establecer esta afirmación?”.

“Sí, la tengo, maestro Kassapa”.

“Y, ¿cuál es, príncipe?”.

“He aquí, maestro Kassapa, tome el caso de unos hombres que apresasen en flagrante a un ladrón y lo trajesen delante de mí, diciendo: ‘Este ladrón, mi señor, ha sido capturado en flagrante, senténcielo a lo que le parezca’. E imagine que yo dijera: ‘Bien señores, matadlo quitándole la cutícula, la piel, la carne, los tendones, los huesos y la médula’, y ellos los hiciesen así. Y cuando estuviera muerto, yo dijera: ‘Colocadlo ahora sobre este costado, tal vez podremos ver cómo sale de él el alma’. Y por más que ellos lo hiciesen así, no veríamos el alma saliendo de él. Y si yo dijera: ‘Colocadlo ahora boca abajo… en el otro costado… paradlo… colocadlo cabeza abajo… golpeadlo con los puños… con los terrones… con los palos… con las espadas… sacudidlo de un lado a otro, tal vez podremos ver cómo sale el alma de él’. Y por más que ellos lo hiciesen así, no veríamos el alma saliendo de él. Aunque tuviese ojos y hubiese formas, él no los podría ver; aunque tuviese oídos y hubiese sonidos, no los podría escuchar; aunque tuviese nariz y hubiese olores, no los podría oler; aunque tuviese lengua y hubiese sabores, no los podría saborear; aunque tuviese cuerpo y hubiese objetos tangibles, no los podría sentir. Esta es la evidencia, maestro Kassapa, de que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; y que tampoco hay frutos ni resultados de las buenas o malas acciones”.

[21] “En este caso, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez un asceta con pelo enmarañado, de nombre Jatila, cuidador del fuego sagrado que estaba morando en una choza cubierta de hojas en una arboleda. Entonces la gente de un cierto poblado se fue hacia ese lugar y su líder pasó una noche cerca de la ermita de Jatila, después de lo cual se fue. Entonces el asceta con el pelo enmarañado Jatila pensó esto: ‘Si me acercara a aquel líder de este poblado, quizá saldría de esto algo útil’. Acto seguido, de mañana temprano se levantó y fue a aquel lugar. Cuando llegó vio allí a un pequeño bebé abandonado acostado en su espalda. Y al verlo, pensó así: ‘No sería correcto mirar a un ser humano y dejarlo morir. ¿Qué tal si me encargo de este bebé, llevándolo a mi ermita, lo cuido, le doy de comer y le crío?’. Entonces llevó al bebé a su ermita, lo cuidó, le dio de comer y lo crió. Cuando el muchacho ya tuvo unos diez o doce años, sucedió una vez que el asceta con el pelo enmarañado Jatila tuvo algo que hacer en el campo. Así que dijo al muchacho: ‘Tengo algo que hacer, mi hijo: por favor, cuida del fuego y no salgas. Pero si debes salir, aquí hay palos, aquí hay maderos para encender, para que, cuando dejes el fuego, puedas luego reavivarlo’. Y habiéndole dado estas instrucciones, el asceta con el pelo enmarañado Jatila se fue al campo. Sin embargo, el muchacho absorto en sus juegos se olvidó del fuego. Y entonces pensó así: ‘El padre me dijo: «Tengo algo que hacer, mi hijo: por favor, cuida del fuego y no salgas…», mejor hago lo que me dijo’. Acto seguido, el muchacho picó con el hacha el madero para encender, pensando: ‘Tal vez así conseguiré el fuego’. Pero no consiguió fuego alguno. Después partió los maderos para encender en dos partes, en tres partes, cuatro partes, cinco partes, diez partes, cien partes, los machacó con el hacha, los golpeó en el mortero y los aventó con el viento, pensando: ‘Tal vez así conseguiré el fuego’. Pero no consiguió fuego alguno. Y cuando el asceta enmarañado Jatila volvió a la ermita, preguntó al muchacho: ‘¿Por qué, mi hijo, has dejado el fuego?’. Y el niño le relató lo sucedido. Entonces el asceta enmarañado Jatila pensó así: ‘¡Qué muchacho más tonto e insensato! ¡Qué manera más tonta de procurar reavivar el fuego!’. Y mientras el muchacho lo miraba, tomo el madero para encender, y reavivó con él el fuego. Acto seguido le dijo: ‘Así es cómo se reaviva el fuego, mi hijo, y no de una manera tan tonta e insensata como lo trataste de hacer tú’.

“De la misma manera usted, príncipe, busca el otro mundo de manera tonta e insensata. Renuncie a este pernicioso punto de vista. Que esto no le cause dolor y sufrimiento por mucho tiempo”.

[22] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún no puedo renunciar a este pernicioso punto de vista. El rey Pasenadi de Kosala me conoce, al igual que los otros reyes. Ellos saben que yo pienso que no existe otro mundo ni seres que nacen allí espontáneamente; tampoco que hay frutos ni resultados de las buenas ni malas acciones. Si yo renunciara a este punto de vista, maestro Kassapa, ellos dirían: ‘¡Qué tonto es este príncipe Payasi! ¡Qué tontamente maneja las cosas!’, y yo quedaría con una imagen de mí mismo de ira, desprecio y rencor”.

[23] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez una gran caravana de mil carros que se desplazaba del este al oeste. Entonces dondequiera que iban, consumían rápidamente el pasto, la madera, el agua y las verduras. Y esta caravana tenía dos líderes, cada uno de los cuales comandaba la mitad de los carros. Entonces se les ocurrió esto: ‘Esta caravana es de mil carros. Dondequiera que vamos, consumimos rápidamente el pasto, la madera, el agua y las verduras. Tal vez deberíamos dividir la caravana en dos grupos de quinientos carros cada grupo’. E hicieron así. Entonces uno de los líderes recolectó una gran cantidad de pasto, madera y agua, y partió de allí. Después de dos o tres días de viaje vio a un hombre moreno de ojos rojos llegando de la dirección opuesta, armado con un carcaj, llevando una corona de flores de loto, con sus ropas y pelos mojados, conduciendo un carro tirado por asnos, con ruedas salpicadas de barro. Cuando vio a aquel hombre, le dijo: ‘¿De dónde vienes, señor?’. ― ’De tal y tal parte’. ― ’Y, ¿adónde vas?’. ― ‘A tal y tal parte’. ― ‘¿Ha llovido mucho, señor, en la selva en aquella parte?’. ― ’Efectivamente, ha llovido mucho en aquella parte de la selva que está delante de ti, los caminos se inundaron, hay abundante pasto, madera y agua. Deseche el pasto, la madera y el agua que lleva, señor, así avanzarás rápidamente con los carros ligeramente cargados y no cansarás a tus bueyes’.

“Entonces el líder transmitió todo lo que le dijo aquel hombre a sus carreteros, y ellos desecharon el pasto, la madera y el agua que llevaban para avanzar rápidamente con los carros ligeramente cargados y no cansar a sus bueyes. Sin embargo, al llegar a su primer campamento no encontraron pasto, madera ni agua, tampoco en el segundo campamento, tercero, cuarto, quinto, sexto ni en el séptimo. Entonces, todos se encontraron con la ruina y destrucción. Y todo hombre y ganado que se encontró allí fue devorado por los yakkhas, de manera que solamente quedaron sus huesos.

“Por otro lado, el líder de la segunda caravana, cuando estaba seguro que la primera caravana se adelantó lo suficiente, recolectó una gran cantidad de pasto, madera y agua, y emprendió el viaje. Después de dos o tres días de viaje vio a un hombre moreno de ojos rojos llegando de la dirección opuesta… [se repite como anteriormente]. Entonces el líder transmitió todo lo que le dijo aquel hombre a sus carreteros, pero agregó: ‘Pero él no es uno de nuestros amigos ni parientes, de modo que, ¿cómo vamos a tenerle confianza? Así que no desechéis el pasto, la madera ni el agua que lleváis, señores; que la caravana continúe su ritmo con lo que hemos recolectado y no desechemos esto’. Y puesto que sus carreteros estaban de acuerdo con él, así lo hicieron. Entonces, al llegar a su primer campamento no encontraron pasto, madera ni agua, tampoco en el segundo campamento, tercero, cuarto, quinto, sexto ni en el séptimo, pero encontraron allí la caravana que se encontró con la ruina y destrucción, y vieron los huesos de los hombres y del ganado que fueron devorados por los yakkhas. Entonces el líder de la caravana dijo a los carreteros: ‘Aquella caravana se encontró con la ruina y la destrucción mediante la necedad de su líder. Así que desechemos aquí toda nuestra mercancía que es de poco valor y carguemos aquella que es valiosa de la otra caravana’. Y lo hicieron así, y pasaron a salvo a través de la selva con el líder sabio.

“De la misma manera, príncipe, usted encontrará la ruina y destrucción si busca el otro mundo tonta y neciamente, y de una manera incorrecta. Los que piensan que pueden confiar en todo lo que ven y oyen, se encaminan a la ruina y destrucción, al igual que aquellos carreteros. Renuncie a este pernicioso punto de vista. Que esto no le cause dolor y sufrimiento por mucho tiempo”.

[24] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún no puedo renunciar a este pernicioso punto de vista… yo quedaría con una imagen de mí mismo de ira, desprecio y rencor”.

[25] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez, príncipe, cierto porquero que recorría el país de un pueblo a otro. Una vez vio un montón de estiércol seco tirado afuera. Y viéndolo, pensó así: ‘Hay mucho estiércol seco con el cual puedo alimentar a mis cerdos. ¿Qué tal si lo llevo conmigo?’. Así que extendió su manto y recolectó el estiércol seco, lo colocó en un paquete, lo puso en su cabeza y se fue. Y al emprender su camino cayó una lluvia fuerte, fuera de la temporada de las lluvias. Y él seguía su camino salpicado de lodo, con las uñas de sus dedos llenas de lodo, llevando la secreción y goteando el estiércol que cargaba. Y la gente, mirándolo, le decía: ‘¡Debes estar loco! ¡Estás fuera de sí! ¿¡Cómo puedes llevar esa bolsa de secreción y dejar que el estiércol que cargas gotee sobre ti, y estar salpicado del lodo hasta las uñas de tus dedos!?’. ― ‘¡Sois vosotros los que estáis locos! ¡Los que estáis fuera de sí! ¡Gracias a ésto mis cerdos tendrán comida!’.

“Y usted, príncipe, habla igual que aquel hombre que porta el estiércol de mi símil. Renuncie a este pernicioso punto de vista. Que esto no le cause dolor y sufrimiento por mucho tiempo”.

[26] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún no puedo renunciar a este pernicioso punto de vista… yo quedaría con una imagen de mí mismo de ira, desprecio y rencor”.

[27] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez dos jugadores que estaban jugando a los dados. Uno de ellos, cada vez que los dados le salían adversos, se los tragaba. Y el otro jugador, al verlo, le dijo: ‘Bien, tú eres el verdadero ganador esta noche; dame los dados que haré una ofrenda con ellos’. Después de lo cual, tomó los dados, los manchó con veneno y propuso al otro que siguieran jugando. ‘Muy bien, amigo’, respondió el otro y nuevamente, cada vez que los dados le salían adversos, se los tragaba. Entonces el segundo jugador, al verlo, dijo:

“’Los dados están manchados con fuego

Aunque el que traga no lo sabe.

Trágalo, engaña y trágalo bien:

Amargo será para ti el infierno’.

“Y usted, príncipe, habla igual como aquel jugador de mi símil. Renuncie a este pernicioso punto de vista. Que esto no le cause dolor y sufrimiento por mucho tiempo”.

[28] “A pesar de todo lo que pueda decir al respecto, maestro Kassapa, yo aún no puedo renunciar a este pernicioso punto de vista… yo quedaría con una imagen de mí mismo de ira, desprecio y rencor”.

[29] “Entonces, príncipe, voy a compartir con usted un símil; por medio de un símil, príncipe, una persona inteligente puede captar el significado de lo que se dice. Había una vez, personas que migraron de su campiña. Uno de esos hombres dijo a su compañero: ‘Vamos a aquella campiña, amigo, tal vez encontremos algún tesoro’. ― ‘Bien, amigo’, respondió el otro y juntos fueron a aquella campiña donde estaba una cierta calle del pueblo. Entonces vieron allí un montón de cáñamo tirado, así que uno de ellos le dijo al otro: ‘He aquí cáñamo tirado, haz un paquete de él, yo haré otro y lo llevaremos’. El otro consintió e hicieron así.

“Acto seguido, fueron a otra calle de la campiña donde vieron un montón de trapos de cáñamo tirados, así que uno de ellos le dijo al otro: ‘He aquí que este montón de trapos de cáñamo es justo lo que hemos necesitado, cuando recogimos el cáñamo tirado. Bien amigo, desecha ese paquete de cáñamo y yo voy a desechar mi paquete de cáñamo, y ambos llevaremos estos trapos de cáñamo’. ― ‘Yo he traído esta carga de cáñamo que está bien atada, amigo, lo cual es suficiente para mí; tú haz lo que te parezca’. De modo que el primero de ellos tiró la carga con el paquete de cáñamo que portaba y cargó los trapos de cáñamo.

“Acto seguido, fueron a otra calle de la campiña donde vieron un montón de tela de cáñamo tirada, así que uno de ellos le dijo al otro: ‘He aquí que este montón de tela de cáñamo es justo lo que hemos necesitado, cuando recogimos el cáñamo o los trapos de cáñamos tirados. Bien amigo, desecha ese paquete de cáñamo y yo voy a desechar mi paquete de trapos de cáñamo y ambos llevaremos esta tela de cáñamo’. ― ‘Yo he traído esta carga de cáñamo que está bien atada, amigo, lo cual es suficiente para mí; tú haz lo que te parezca’. De modo que el primero de ellos tiró los trapos de cáñamo que portaba y cargó la tela de cáñamo.

“Acto seguido fueron a otra calle de la campiña donde vieron un montón de lino… un montón de hilo de lino… un montón de tela de lino… un montón de algodón… un montón de hilo de algodón… un montón de hierro… un montón de cobre… un montón de estaño… un montón de plomo… un montón de plata… un montón de oro, así que uno de ellos le dijo al otro: ‘He aquí que este montón de oro es justo lo que hemos necesitado cuando recogimos el cáñamo, los trapos de cáñamos, la tela de cáñamo, el lino, el hilo de lino, la tela de lino, el algodón, el hilo de algodón, el hierro, el cobre, el estaño, el plomo y la plata. Bien amigo, desecha ese paquete de cáñamo y yo voy a desechar mi carga de plata y ambos llevaremos este oro’. ― ‘Yo he traído esta carga de cáñamo que está bien atada, amigo, lo cual es suficiente para mí; tú haz lo que te parezca’. De modo que el primero de ellos tiró la carga de  plata que portaba y cargó el oro.

“Finalmente volvieron a su campiña de origen. Y aquel que llevó la carga de cáñamos no alegró a sus padres, ni a su mujer, ni a sus hijos ni amigos: no les dio placer ni felicidad. Pero el que llevó la carga de oro alegró tanto a sus padres, como a su mujer, hijos y amigos: les dio placer y felicidad. Y usted, príncipe, habla igual que aquel portador de cáñamo de mi símil. Renuncie a este pernicioso punto de vista. Que esto no le cause dolor y sufrimiento por mucho tiempo”.

[30] “Yo fui complacido y me deleité, maestro Kassapa, ya con su primer símil. Sin embargo, quise seguir escuchando sus agudas respuestas a mis preguntas, porque le reconozco como un digno oponente.

“¡Excelente, maestro Kassapa! ¡Excelente, maestro Kassapa! El maestro Kassapa esclareció el Dhamma de diferentes maneras, como si enderezara lo que estaba torcido, revelara lo que estaba oculto, mostrara el camino a los que estaban perdidos o sostuviera una lámpara en medio de la oscuridad, de manera tal que los de buena vista pudieran ver las formas. Ahora voy por refugio al Buda, al Dhamma y el Sangha de los monjes. Que el maestro Kassapa me considere como su discípulo laico a partir de ahora, que le ha tomado como su guía. Quisiera ofrecer un gran sacrificio: que el maestro Kassapa me instruya cómo hacerlo para que el mismo me sirva de bienestar y felicidad por mucho tiempo”.

[31] “Cuando se hace un sacrificio, príncipe, en el cual se degüellan bueyes, cabras, gallinas, cerdos u otras creaturas vivas, los que participan en semejante sacrificio tienen un incorrecto punto de vista, una incorrecta intención, una incorrecta forma de hablar, una incorrecta forma de actuar, una incorrecta forma de vida, un incorrecto esfuerzo, una incorrecta atención consciente y una incorrecta concentración, de modo que este sacrificio no es fructífero ni provechoso, no es notorio ni brillante.

“Imagine, príncipe, un labrador que entrase a un bosque con su arado y semillas, para sembrarlas allí en un suelo pobre, sin arrancar los tocones, con semillas rotas, podridas, estropeadas por el viento y el calor, sembrándolas cuando ya no están en buen estado y fuera de  temporada, sin labrar correctamente el suelo y además sin una lluvia apropiada de los devas. ¿Podrían estas semillas germinar, desarrollarse y crecer para que el labrador tuviera una gran cosecha?”.

“Ciertamente no, maestro Kassapa”.

“Pues lo mismo pasa con un sacrificio, príncipe, en el cual se degüellan bueyes… que no es notorio ni brillante. Pero cuando ninguna de estas criaturas vivas se sacrifica, los que participan en semejante sacrificio tienen un recto punto de vista, una recta intención, una recta forma de hablar, una recta forma de actuar, una recta forma de vida, un recto esfuerzo, una recta atención consciente y una recta concentración, de modo que este sacrificio es fructífero y provechoso, es notorio y brillante.

“Imagine, príncipe, a un labrador que entrase a un bosque con su arado y semillas, para sembrarlas allí en un suelo rico, bien arrancandos los tocones, con semillas no rotas, podridas ni estropeadas por el viento y el calor, sembrándolas cuando están en buen estado y dentro de la temporada, labrando correctamente el suelo y, además, con una lluvia apropiada de los devas. ¿Podrían estas semillas germinar, desarrollarse y crecer para que el labrador tuviera una gran cosecha?”.

“Ciertamente sí, maestro Kassapa”.

“Pues lo mismo pasa con un sacrificio, príncipe, en el cual no se degüellan bueyes… que es notorio y brillante”.

[32] Entonces el príncipe Payasi ofreció dádivas a los ascetas y brahmanes, a los pobres, mendigos y necesitados. Les ofreció comida como arroz partido, papilla agria y restos de comida, al igual que vestimentas toscas con flecos de bolas. Y el joven brahmán de nombre Uttara fue puesto a cargo de la distribución, al final de la cual, refiriéndose a esta distribución, se mofó, diciendo: “Mediante esta ‘generosidad’ conocí al príncipe Payasi en este mundo, pero ¿será así en el venidero?”. Y el príncipe Payasi escuchó de esto y mandó a preguntar a Uttara si era cierto, a lo cual respondió que sí.

“Pero, ¿por qué, amigo Uttara, dijiste semejante cosa? ¿No es que, deseando hacer méritos, podemos esperar recompensa por nuestras dádivas?”.

“Pero, señor, en estas dádivas que usted ofreció ―la comida como arroz partido, papilla agria y restos de comida, al igual que vestimentas toscas con flecos de bolas―, usted ni siquiera pondría sus pies y, menos, haría uso de ellas. Usted, príncipe, es amable y cordial con nosotros, entonces, ¿cómo podemos reconciliar esta su amabilidad y gentileza con semejante falta de amabilidad y aspereza?”.

“Entonces bien, Uttara, prepara esta comida de tal manera como si yo mismo me alimentara de ella y la ropa como si yo mismo la vistiera”.

“Muy bien, señor”, respondió Uttara y así lo hizo.

Entonces, porque el príncipe Payasi realizó los donativos a regañadientes ―no con sus propias manos, ni ocupándose de eso apropiadamente, sino como si tirara casualmente algo a un lado―, con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renació en compañía de los Cuatro Grandes Reyes, en la vacía mansión de Serisaka. Sin embargo, Uttara, quien hizo los donativos de buena manera ―con sus propias manos, ocupándose de eso apropiadamente, no como si tirase casualmente algo a un lado―, con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renació en compañía de los Treinta y Tres Dioses.

[33] En aquel tiempo, el Venerable Gavampati usaba frecuentemente la vacía mansión de Serisaka para su descanso de la siesta. Entonces Payasi, ahora uno de los devas, llegó a donde estaba el Venerable Gavampati, le saludó cordialmente y se quedó a un lado. Entonces, el Venerable Gavampati le preguntó: “¿Quién eres, amigo?”.

“Soy el príncipe Payasi, señor”.

“¿No es usted acaso aquel que solía decir: ‘No existe otro mundo ni los seres que nacen allí espontáneamente; tampoco hay frutos ni resultados de las buenas ni malas acciones’?”.

“Sí, señor, yo fui quien solía decir eso, pero fui convertido de este pernicioso punto de vista por el Venerable Kumara Kassapa”.

“Y, ¿dónde ha renacido el joven brahmán Uttara, que fue encargado de la distribución de sus donativos, señor?”.

“Señor, él hizo los donativos de buena manera ―con sus propias manos, ocupándose de eso apropiadamente, no como si tirase casualmente algo a un lado―, y con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renació en compañía de los Treinta y Tres Dioses. Pero yo, que realicé los donativos a regañadientes ―no con mis propias manos, ni ocupándome de eso apropiadamente, y haciéndolo como si tirara casualmente algo a un lado―, con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renací en compañía de los Cuatro Grandes Reyes, en la vacía mansión de Serisaka.

[34] “Por eso, Venerable Gavampati, al retornar al mundo, declare por favor esto: ‘Vosotros debéis hacer los donativos de buena manera, con vuestras propias manos, ocupándoos de eso apropiadamente, no como si se tirase casualmente algo a un lado; el príncipe Payasi no lo hizo de esta manera y, con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renació en compañía de los Cuatros Grandes Reyes. Sin embargo, el joven brahmán Uttara, quien administraba sus dádivas, que lo hizo de la manera correcta, con la disolución del cuerpo, después de la muerte, renació en compañía de los Treinta y Tres Dioses”. 

 


FUENTES:

Rhys Davids (1899). To Payasi: Rebirth and Karma en Dialogues of the Buddha, vol. II. Recuperado de https://suttacentral.net/en/dn23

Walshe, M. (1995). Payasi Sutta: About Payasi. Debate with Sceptic en The Long Discourses of the Buddha: A Translation of the DighaNikaya, pp. 316-320.

Payasisuttam en WorldTipitakaEdition 


Traducción: Anton P. Baron

Edición: Federico Angulo y Anton P. Baron

Publicación de Bosque Theravada, 2015-2017.  

 

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