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Domingo, 07 Junio 2009 03:39

Khn 1,7-10 {3V.1.7,25-31} Pabbajjakatha – Porción sobre la elección de la vida monástica

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Narración sobre cómo, a partir del caso de Yasa –hijo de un rico comerciante que, siendo laico alcanza el arahantado e inmediatamente se convierte en monje- las diferentes personas eligen la vida monástica y alcanzan la meta última de la enseñanza del Buda, llegando a 61 el número de los arahants en la tierra.

El sistema de numeración entre corchetes corresponde al sistema de Oldenberg, seguido luego por Horner, en las ediciones de Pali Text Society y, el de entre las llaves, de World Tipitaka Edition

[Leer en pali]

[7] {25} En esta ocasión, vivía en Benares un joven hombre hogareño, hijo de un gran mercader, criado con delicadeza, de nombre Yasa [1]. Él poseía tres mansiones: una para la época del invierno, otra para la época del verano y otra para la época lluviosa. Habiendo sido atendido por una banda musical compuesta por mujeres a lo largo de los cuatro meses en la mansión de la época lluviosa, no descendió de aquella mansión. Y a Yasa, el joven hombre hogareño, se le proveía toda suerte de placeres sensuales y se le atendía para que disfrutara de ellos; él siempre se dormía primero y sólo después de él,  dormía su séquito, mientras que la lámpara de aceite se quemaba durante toda la noche.

Entonces Yasa, el joven hombre hogareño, habiéndose despertado primero, vio a todo su séquito dormido: una con un laúd sobre su hombro, otra con un tambor colgado de su cuello, otra con una percusión sobre su hombro, otra con su cabello despeinado, otra con la saliva derramándose de su boca, roncando todo el tiempo en su sueño, lo cual le pareció como si un cementerio se le aviniese frente a sus ojos. Observando aquello, el peligro de estas cosas se le hizo evidente y su mente fue instigada a no considerarlo nunca más. Y Yasa, el joven hombre hogareño, pronunció esta solemne declaración: “¡Qué dolor, realmente, qué aflicción!”

Entonces Yasa, el joven hombre hogareño, habiendo calzado sus sandalias doradas, se asomó a la puerta de su residencia. Y un ser no-humano abrió la puerta pensando: “Que no haya obstáculo en el abandono de la vida hogareña y en la asunción del estilo de vida sin hogar, por parte de Yasa, el joven hombre hogareño”. Luego Yasa, se asomó a la puerta de la ciudad. Y un ser no-humano abrió la puerta pensando: “Que no haya obstáculo en el abandono de la vida hogareña y en la asunción del estilo de vida sin hogar, por parte de Yasa, el joven hombre hogareño”. Y luego Yasa se acercó al Parque de los Venados en Isipatana.

{26} En esta ocasión, el Bienaventurado, habiéndose levantado de noche cerca de la aurora, estaba paseándose al aire libre. Y el Bienaventurado visualizó a Yasa, el joven hombre hogareño, cuando éste estaba viniendo, desde cierta distancia. Al verlo, descendió del lugar donde estaba paseándose y tomó el asiento que estaba preparado para él. En esto, Yasa, el joven hombre hogareño, cuando ya estaba cerca, pronunció esta solemne declaración al Bienaventurado: “¡Qué dolor, realmente, qué aflicción!” Entonces, el Bienaventurado se dirigió a Yasa, el joven hombre hogareño, con estas palabras: “Esto, Yasa, no es dolor; esto, Yasa, no es aflicción. Ven, siéntate, Yasa, que voy a enseñarte el Dhamma”.

Entonces Yasa, el joven hombre hogareño, pensando “he aquí se ha dicho, que esto no es dolor y que esto no es aflicción”, se llenó de júbilo y se elevó espiritualmente. Luego, se quitó sus sandalias doradas y se acercó al Bienaventurado. Habiéndose acercado, le saludó respetuosamente y se sentó a un lado. Y cuando ya estaba sentado a un lado, el Bienaventurado ofreció a Yasa, el joven hombre hogareño, una enseñanza progresiva, es decir, la enseñanza sobre el dar, la enseñanza sobre la moral, la enseñanza sobre el cielo; le explicó el peligro, la vanidad y la depravación de los placeres sensuales y las ventajas relacionadas con el renunciamiento a ellos.

Y cuando el Bienaventurado, conoció que la mente de Yasa, el joven hombre hogareño, estaba lista, maleable y libre de obstáculos, elevada y jubilosa, entonces le explicó la enseñanza del Dhamma que los Iluminados han descubierto pos sí mismos: el sufrimiento, su origen, el cese y el sendero. Y así como una tela limpia y sin motas negras se tiñe fácilmente de color, así también en esta misma sentada, la visión del Dhamma, sin polvo y sin manchas, surgió en Yasa, el joven hombre hogareño, de esta manera: “todo lo que surge, está destinado al cese”.

{27} Entonces, la madre de Yasa, el joven hombre hogareño, habiendo entrado a la mansión y no habiendo visto a Yasa, el joven hombre hogareño, se acercó al gran mercader, el hombre hogareño; habiéndose acercado, habló de esta manera al gran mercader, el hombre hogareño: “Hombre hogareño, no se ha visto a tu hijo Yasa." Entonces, el gran mercader, el hombre hogareño, habiendo enviado a los mensajeros a caballo hacia las cuatro direcciones, se acercó al Parque de los Venados en Isipatana. Y el gran mercader, el hombre hogareño, vio las huellas de las sandalias doradas, y viéndolas, las siguió.

Entonces, el Bienaventurado visualizó al gran mercader, el hombre hogareño, cuando estaba viniendo desde cierta distancia. Y viéndolo se le ocurrió al Bienaventurado este pensamiento: “¿Qué tal si, usando mis poderes espirituales, hago que el gran mercader, el hombre hogareño, sentado aquí, no vea a Yasa, el joven hombre hogareño que también está sentado aquí?” Entonces, el Bienaventurado usó sus poderes espirituales de esta manera.

Acto seguido, el gran mercader, el hombre hogareño, se acercó al Bienaventurado. Y, habiéndose acercado, habló así al Bienaventurado: “Venerable Señor, ¿vio el venerable señor a Yasa, el joven hombre hogareño?”

“Bien, hombre hogareño, siéntate: quizá, estando sentado aquí puedas ver a Yasa, el joven hombre hogareño, sentado aquí también”.

Entonces, el gran mercader, el hombre hogareño, pensando “he aquí que se ha dicho que quizá, estando sentado aquí pueda ver a Yasa, el joven hombre hogareño, sentado aquí también”, se llenó de júbilo y se elevó espiritualmente. Luego, habiéndole saludado al Bienaventurado respetuosamente, se sentó a un lado. Y cuando ya estaba sentado a un lado, el Bienaventurado ofreció al gran mercader, el dueño de casa, una enseñanza progresiva, es decir, la enseñanza sobre el dar, la enseñanza sobre la moral, la enseñanza sobre el cielo; le explicó el peligro, la vanidad y la depravación de los placeres sensuales y las ventajas relacionadas con el renunciamiento a ellos.

Y cuando el Bienaventurado, conoció que la mente del gran mercader, el hombre hogareño, estaba lista, maleable y libre de obstáculos, elevada y jubilosa, entonces le explicó la enseñanza del Dhamma que los Iluminados han descubierto por sí mismos: el sufrimiento, su origen, el cese y el sendero.

Entonces, el gran mercader, el hombre hogareño, habiendo visto el Dhamma, alcanzado el Dhamma, conocido el Dhamma, penetrado el Dhamma, habiendo trascendido las dudas y abandonando la incertidumbre, sin la ayuda de nadie más, alcanzó la plena confidencia en la enseñanza del Bienaventurado y exclamó lo siguiente: “¡Magnífico, Venerable Señor! ¡Realmente maravilloso! Es como si alguien enderezara lo que estaba torcido, o revelara algo que estaba encubierto, o mostrara el camino al que estaba perdido, o encendiera una lámpara en medio de la oscuridad, para que los que tengan la vista puedan ver las formas, así también el Bienaventurado explicó el Dhamma de diferentes maneras. Yo voy por refugio al Bienaventurado, al Dhamma y al Sangha. Que el Bienaventurado me acepte de hoy en adelante como su discípulo laico”. De esta manera, él se convirtió en el primer discípulo laico del mundo que usó la triple fórmula.

{28} Entonces, mientras el padre de Yasa, el joven hombre hogareño, estaba siendo enseñado con el Dhamma, el mismo [Yasa], mientras revisaba su estado de conocimiento –siendo que esto [el Dhamma] ha sido visto, ha sido conocido- fue liberada su mente de las impurezas mentales sin residuos. Entonces se ocurrió al Bienaventurado el siguiente pensamiento: “Mientras el padre de Yasa, el joven hombre hogareño, estaba siendo enseñado con el Dhamma, él, mientras revisaba su estado de conocimiento –siendo que esto ha sido visto, ha sido conocido- fue liberada su mente de las impurezas mentales sin residuos. Ahora bien, Yasa, el joven hombre hogareño, no puede convertirse más en tal y retornar a la vida más baja, al disfrute de los placeres sensuales, como lo hacía anteriormente, cuando llevaba la vida del hombre hogareño. ¿Qué tal si anulo ahora estos poderes espirituales?” Entonces, el Bienaventurado ha anulado los poderes espirituales.

En este momento, el gran mercader, el hombre hogareño, vio a Yasa, el joven hombre hogareño, sentado ahí. Habiéndolo visto, habló a Yasa, el joven hombre hogareño, con estas palabras: “Querido Yasa, tu madre está llena de lamentos y angustia; devuélvele la vida a tu madre”.

Entonces Yasa, el joven hombre hogareño, dirigió su mirada hacia el Bienaventurado. Y el Bienaventurado habló así al gran mercader, el dueño de casa: “¿Qué opinas acerca de esto, hombre hogareño, que el Dhamma ha sido visto por Yasa con el conocimiento liberador, con el conocimiento penetrante, al igual que [ha sido visto] por ti? Y mientras él revisaba su estado de conocimiento –siendo que esto ha sido visto, ha sido conocido- fue liberada su mente de las impurezas mentales sin residuos. Siendo así, ¿puede ahora Yasa, el joven hombre hogareño, convertirse otra vez en tal y retornar a la vida más baja, al disfrute de los placeres sensuales, como lo hacía anteriormente, cuando llevaba la vida del hombre hogareño?”

“No, venerable señor”.

“El Dhamma ha sido visto por Yasa, el joven hombre hogareño, con el conocimiento liberador, con el conocimiento penetrante, al igual que [ha sido visto] por ti. Y mientras él revisaba su estado de conocimiento –siendo que esto ha sido visto, ha sido conocido- fue liberada su mente de las impurezas mentales sin residuos. De modo que ahora Yasa, el joven hombre hogareño, no puede convertirse más en tal y retornar a la vida más baja, al disfrute de los placeres sensuales, como lo hacía anteriormente, cuando llevaba la vida del hombre hogareño.”

“Venerable señor, esto fue alcanzado por Yasa, el joven hombre hogareño, esto fue bien ganado por Yasa, el joven hombre hogareño, fue liberado de las impurezas mentales sin residuos. ¿Podría el venerable señor consentir a comer mañana conmigo, con Yasa, el joven hombre hogareño y con sus ayudantes?” Y el Bienaventurado consintió en silencio. Acto seguido, el gran mercader, el hombre hogareño, habiendo conocido que el Bienaventurado ha consentido en silencio, se levantó de su asiento y, habiendo saludado al Bienaventurado respetuosamente, se retiró manteniéndole siempre a su mano derecha.

Entonces, Yasa, el joven hombre hogareño, tan pronto que el gran mercader, el dueño de casa, se hubo retirado, se dirigió al Bienaventurado con estas palabras: “Venerable señor, ¿puedo recibir mi renunciamiento en presencia del Bienaventurado y recibir mi ordenación?”

“Ven, monje –respondió el Bienaventurado- bien expuesto ha sido el Dhamma que lleva a la vida santa y pone fin al sufrimiento completamente”. Y así fue la ordenación de este Venerable Señor. En este momento, hubo siete Arahants en el mundo.

[8] {29} En otra ocasión, el Bienaventurado, habiéndose vestido de mañana temprano, tomando su cuenco y el hábito exterior, se acerco a la morada del gran mercader, el hombre hogareño, con el Venerable Yasa como su ayudante. Habiéndose acercado allí, se sentó en el asiento que estaba preparado para él. En este momento, la madre del Venerable Yasa y su ex-esposa se acercaron al Bienaventurado y, al haberse acercado, lo saludaron respetuosamente y se sentaron a un lado.

Entonces, el Bienaventurado les ofreció una enseñanza progresiva, es decir, la enseñanza sobre el dar, la enseñanza sobre la moral, la enseñanza sobre el cielo… habiendo visto el Dhamma, alcanzado el Dhamma, conocido el Dhamma, penetrado el Dhamma, habiendo trascendido las dudas y abandonando la incertidumbre, sin la ayuda de nadie más alcanzaron la plena confidencia en la enseñanza del Bienaventurado y exclamaron lo siguiente: “¡Magnífico, Bienaventurado señor! ¡Realmente maravilloso! […] Nosotras, Venerable Señor, vamos por refugio al Bienaventurado, al Dhamma y al Sangha. Que el Bienaventurado nos acepte de hoy en adelante como sus discípulas laicas”. De esta manera, ellas se convirtieron en las primeras discípulas laicas del mundo que usaron la triple fórmula”.

Después, la madre y el padre del Venerable Yasa, como también su ex-esposa, con sus propias manos, sirvieron la comida al Bienaventurado y al Venerable Yasa. Habiendo ofrecido una suntuosa comida, tanto sólida como líquida, se sentaron al lado, hasta que el Bienaventurado terminara de comer y retirara su mano del cuenco. Entonces, el Bienaventurado, habiendo alegrado, elevado espiritualmente, regocijado y deleitado a la madre, al padre y la ex-esposa del Venerable Yasa con la plática del Dhamma, se levantó de su asiento y se fue.

[9] {30} En esta ocasión, cuatro hombres hogareños de Benares, amigos del Venerable Yasa, jóvenes hombres hogareños de familias de grandes mercaderes y mercaderes menores, Vimala, Subahu, Punnaji, Gavampati [2], escucharon esto: “Se dice que Yasa, el joven hombre hogareño, habiendo cortado su cabello y afeitado la barba, y habiéndose puesto el hábito amarillo, renunció a la vida hogareña y asumió el estilo de vida sin hogar.” Cuando lo escucharon, se les ocurrió el siguiente pensamiento: “No ha de ser éste un Dhamma y Disciplina ordinario, ni tampoco ha de ser ordinario este renunciamiento a la vida hogareña y la asunción del estilo de vida sin hogar, por parte de Yasa, el joven hombre hogareño que habiendo cortado su cabello y afeitado la barba, y habiéndose puesto el hábito amarillo, renunció a la vida hogareña y asumió el estilo de vida sin hogar.”

Por eso, estas cuatro personas se acercaron al Venerable Yasa. Habiéndose acercado, lo saludaron respetuosamente y se pararon a un lado. Entonces, el Venerable Yasa, tomando consigo a estos cuatro amigos, hombres hogareños, se acercó al Bienaventurado. Habiéndose acercado, saludaron al Bienaventurado respetuosamente y se sentaron a un lado. Una vez sentados ahí, el venerable Yasa se dirigió al Bienaventurado con estas palabras: “Venerable Señor, estos son los cuatro hombres hogareños de Benares, amigos míos, jóvenes hombres hogareños de familias de grandes mercaderes y mercaderes menores, Vimala, Subahu, Punnaji, Gavampati; que el Venerable Señor exhorte a estos cuatro, que los instruya”.

Entonces, el Bienaventurado les ofreció una enseñanza progresiva, es decir, la enseñanza sobre el dar, la enseñanza sobre la moral, la enseñanza sobre el cielo… la visión del Dhamma, sin polvo y sin manchas, surgió en ellos de esta manera: “todo lo que surge, está destinado al cese”.

Y ellos, habiendo visto el Dhamma y habiendo alcanzado el Dhamma, se dirigieron al Bienaventurado con estas palabras: “Venerable Señor, ¿podemos recibir nuestro renunciamiento en presencia del Bienaventurado y recibir nuestra ordenación?”

“Venid, monjes –respondió el Bienaventurado- bien expuesto ha sido el Dhamma que lleva a la vida santa y pone fin al sufrimiento completamente”. Y así fue la ordenación de estos Venerables Señores. Entonces, el Bienaventurado exhortó e instruyó a estos cuatro monjes con la plática del Dhamma. Y mientras ellos estaban siendo exhortados e instruidos por el Bienaventurado con la plática del Dhamma, sus mentes fueron liberadas de las impurezas mentales sin residuos. En este momento, hubo once Arahants en el mundo.

[10] {31} En otra ocasión, cincuenta hombres hogareños de aquel distrito, amigos del Venerable Yasa, jóvenes hombres hogareños de las primeras familias y de las familias inferiores, escucharon esto: “Se dice que Yasa, el joven hombre hogareño, habiendo cortado su cabello y afeitado la barba, y habiéndose puesto el hábito amarillo, renunció a la vida hogareña y asumió el estilo de vida sin hogar.” [se repite toda la secuencia ocurrida anteriormente con los cuatro monjes ]… Y mientras ellos estaban siendo exhortados e instruidos por el Bienaventurado con la plática del Dhamma, sus mentes fueron liberadas de las impurezas mentales sin residuos. En este momento, hubo sesenta y uno Arahants en el mundo.


NOTAS:

[1] En Theragatha 1,117 aparece el verso pronunciado por Yasa.

[2] A Gavampati se le atribuye el verso 38 de Theragatha. El mismo, aparece también en otros lugares del Canon Pali (en DN y SN).


FUENTES:

“Pabbajjakatha” en The World Tipitaka Edition http://studies.worldtipitaka.org/tipitaka/3V/1/1.7 (13/05/2008)

HORNER, I.B. (2000) “Told is the Going Forth of Yasa” y “Told is the Doing Forth of the Householders” en The Book of the Discipline (Vinaya-Pitaka). Vol. IV: Mahavagga. Oxford, Pali text Society. Págs. 21-28.


 

Traducido y editato por Isidatta para el Bosque Theravada, 2009

Publicación del Bosque Theravada, 2009, 2010


Visto 2600 veces Modificado por última vez en Jueves, 03 Febrero 2011 18:17